2º premio en el V certamen de relatos Wikihammer y La Voz de Horus

Hace unos días se falló el V Certamen de relatos inspirados en los universos de Warhammer fantasy y Warhammer 40.000, ambos propiedad intelectual de Games Workshop. Dicho certamen fue organizado por la comunidad española, representada gracias a ‘La biblioteca del viejo mundo’ (enciclopedia online del primer universo mencionado), ‘Wikihammer 40k (enciclopedia online del segundo universo mencionado) y ‘La voz de Horus’ (Web y programa de radio semanal sobre el hobby).

En esta ocasión 65 relatos concursaron por los cuatro puestos del podio y ‘Los designios de Cawl’, escrito por un servidor, se llevó el segundo premio, declarándose subcampeón de dicho certamen.

Cada juez debía conceder el oro, la plata o el bronce a uno de los textos entre todos los presentados. Estas son las valoraciones de los jueces respecto a ‘Los designios de Cawl’:

  • Hel Vaal, de Wikihammer 40k: Plata: Los Designios de Cawl, de Borja Rivero. Un poco en la línea de lo anterior (sobretodo por lo cuidada y agradable de la lectura ), la muestra de este tema tan poco hondado metiéndonos en la piel de un soldado skitarii me ha parecido fabulosa, acompañado de un ritmo y un juego impecable.
  • Xandre, de La Voz de Horus: Bronce: Los Designios de Cawl, de Borja Rivero. Su ritmo es excelente y te mete absolutamente en la narración.
  • Brottor, de La Voz de Horus y La Taberna de Brottor: Plata: Los Designios de Cawl, de Borja Rivero. Muy buen punto de vista de un miembro del Mechanicus, una visión en primera persona con un buen toque de locura, desde el comienzo hasta el final, que representa que al final todos los “mech” se rinden a la voluntad y personalidad de Cawl, y todo el proceso que le lleva a ese estado. Bien escrito, el relato de los momentos de acción no es gratuito y cuadra con la idea general. No lo pongo como ganador porque el relato anterior me dejó mejor sabor de boca en general.

Me siento satisfecho con el resultado y agradecido con la valoración de los jueces. Este certamen me ha permitido aunar mi pasión por la escritura con uno de mis hobbys. El relato ‘Los designios de Cawl’ nace de un puro deseo por disfrutar concibiendo una historia más entre las miles que conforman el universo de un juego con más de 30 años de historia. Para aquellos que no estén familiarizados con dicho imaginario, el texto puede encuadrarse en el género de la ciencia ficción, se trata de una mezcla entre la space ópera y la distopía retrofuturista.

Podéis descargar el texto gratuitamente en formato PDF aquí o en la imagen que acompaña estas líneas. Disfrutad la lectura.

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Verdad implementada

Nuevas leyes crean nuevos trabajos. El gobierno hizo de esa máxima su bandera para justificar los cambios en una sociedad al borde del colapso, apuntalada únicamente por eventos deportivos y distracciones políticas mal disimuladas. La tensión había aumentado en los últimos años por la escasez y los altos precios de algunos servicios básicos. La violencia juvenil empezaba a ser un problema grave y había quien temía que aquellos grupos de rebeldes sin causa se pusieran en contacto unos con otros gracias a las R.I.V. (Realidades Inmersivas Virtuales), temían precisamente que encontraran una causa.

Fue entonces cuando se creó el Sistema Nacional de Telecomunicaciones, o S.N.T. bajo la premisa de ofrecer una conexión segura a los usuarios de todo el país. La oposición del parlamento protestó y los medios denunciaron el peligro, nuestro presidente era como un mago provinciano entreteniendo a la audiencia con viejos juegos de cartas cuyo truco ponía en evidencia con su poca pericia. Nada de esto importó. Nos mantuvimos quietos, indolentes, levemente molestos pero dispuestos a tragar una vez más con lo que fuera.

El paquete de “leyes para la protección informativa” convocaba oposiciones inmediatamente para cubrir 3.640 plazas repartidas por todo el país. Nos presentamos más de 15.000 personas y yo fui uno de los afortunados, aprobé o me eligieron, ahora dudo si fueron los méritos de aquel día en aquella ficha digital o si había alguien verificando nuestros perfiles. Yo era joven, había terminado el ciclo educativo y esperaba uno de los sorteos de trabajo. No expresaba mis simpatías políticas porque no las tenía, vivía en la pasividad abotargada de las R.I.V. y los holojuegos. En otras palabras, era el candidato perfecto.

Nos instalaron en cubículos con ordenadores de sistema inmersivo, los más cómodos del mercado. Disponíamos de una clave única similar a los abonos de las compañías privadas. La interfaz también resultaba parecida y muy intuitiva. Nuestro trabajo era simple, disponíamos de todo tipo de contenido: libros, artículos de prensa, juegos, música, películas, páginas web, blogs y mensajes de redes sociales del viejo internet, documentos gubernamentales, empresariales, publicidad… Todo estaba ordenado en más de 2.000 categorías y nosotros teníamos acceso a ello con libertad total. Al principio no pude creer mi suerte, disfrutaba enormemente de aquel trabajo, pues consistía en recibir un sueldo por horas y horas de ocio. Una vez el contenido finalizaba aparecía un mensaje con tres opciones, debíamos seleccionar una de ellas y pasar al siguiente: verdad, falso, o peligroso.

Me ascendieron gracias a mi productividad y pasé a revisar las clasificaciones de mis compañeros, si estaba de acuerdo debía seleccionar la misma opción que ellos, sino el contenido volvía al banco de datos. Aquellos que seguían patrones en su deliberación eran avisados una primera vez y despedidos a la segunda. Estuve orgulloso de implementar un procedimiento para detectar esos patrones de manera más sencilla. Eso me valió otro ascenso, esta vez dos escalafones, hasta pasar a revisor del departamento de contemporáneo. El trabajo era el mismo, pero en aquella planta el contenido que clasificábamos era actual, aparecido en los últimos días en cualquier plataforma, room de las R.I.V. o rincón de internet.

Me sentí incómodo por primera vez el día en que los medios anunciaron el encarcelamiento de un conocido periodista por terrorismo informativo. Mi breve indignación hacia alguien que había cometido semejante delito desapareció cuando explicaron que las pruebas para su condena habían sido los reiterados avisos de contenido falso o peligroso en sus artículos. Hubo más detenciones, más juicios, más condenas. Periodistas, escritores, pintores, programadores, empresarios, todo aquel que acumulaba una cierta cantidad de avisos era considerado sospechoso.

Entretanto nuestro presidente fue reelegido, en su campaña se definió como el protector de la moral pública. Hubo reacciones internacionales negativas y la oposición parlamentaria condenó el trabajo del S.N.T., pero el gobierno se limitó a no responder. Toda la mercadotecnia del Estado mostraba que la sociedad estaba conforme con nuestro trabajo, se sentía más segura con alguien vigilando si el contenido disponible en el país era o no peligroso, era o no verdad.

Comencé a cuestionarme qué hacía, en cómo afectaba a personas concretas y en cómo el S.N.T. se construía con nuestras pequeñas decisiones. Me asustó nuestra eficiencia a la hora de borrar del sistema cualquier rastro considerado dañino para la sociedad, una eficiencia espantosa en manos de un personal sin apenas formación. Comprendí que la edición de las noticias se hacía pensando en nuestra lupa, en las consecuencias. Todo creador nacional, fuera del ámbito que fuera, pasó a proponer contenidos cada vez más blancos, si procuraba alguna crítica lo hacía camuflado bajo un lenguaje tan difícil que apenas llegaba a nadie. Me horroricé. El estrés que me provocaba acudir a mi despacho fue en aumento hasta hacerse insoportable. Mis superiores pensaron que se debía a los muchos años de un rendimiento tan sobresaliente, para ellos resultaba impensable que yo hubiera cambiado, era el agente perfecto, convencido de la poca utilidad de pensar dos veces.

He intentado vivir acorde a estas reglas, pero me corroe la culpabilidad de un expediente impecable. He decidido ponerle fin. Mis capacidades son limitadas, no dispongo de un virus definitivo o de la habilidad informática para hackear el sistema, pero sí de acceso, acceso a los sótanos del S.N.T. Central donde están los servidores. No es difícil conseguir explosivo líquido cuando encuentras cómo prepararlo, los controles de seguridad no han detectado ninguna anomalía en mi botella diaria de agua mineral.

Ignoro si mis acciones tendrán alguna repercusión en la sociedad, si alguien decidirá hacer algo tras despertar mañana con unos pocos días de libertad informativa. Sé que al menos ocho años de trabajo se perderán y el S.N.T. tendrá que empezar desde cero.

Este mensaje se reproducirá en todas las plataformas y R.I.V.s que conozco, si tú crees en lo que yo creo, si ves el peligro que yo veo, y si sientes la necesidad que yo siento, entonces comparte, difunde, y reúnete con quienes crean, vean y sientan como tú.

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Reseña: Uprooted / Un cuento oscuro

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  • Autor: Naomi Novik
  • Editorial: Pan books
  • Título en España: Un cuento oscuro
  • Traducción: Julio Hermoso
  • Editorial: Planeta

Me fijé en este libro en una de las múltiples webs que ofrecen reseñas (lo siento he olvidado cual) justo tras su salida en España. Busqué el habitual adelanto disponible en la página web de Planeta, y quedé prendado desde la primera página en que la autora nos rebela que el Dragón de esta novela no es una bestia alada sino un humano, un hechicero. El porqué de su nombre no lo sabremos hasta mucho más adelante. Me divirtió ese guiño fácil y también me divirtió instantáneamente los elementos con los que jugaba Naomi Novik: el bosque, la torre del hechicero, y la protagonista y a priori inocente narradora de la historia. Elementos todos ellos muy clásicos, pero frescos, bien construidos. Si a todo esto le añadimos que para entonces ya había ganado el premio Locus, el galardón más importante para el género de literatura fantástica, mi entusiasmo me empujó rápidamente a la librería.

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La historia se centra en Agnieszka, una joven aldeana que ha vivido toda su vida cerca de un oscuro bosque de donde sólo surgen horrores, únicamente El Dragón, hechicero y gobernante del valle, les defiende contra ese poder oscuro. La historia de Agnieszka se verá irremediablemente ligada a la del hechicero y juntos, acompañados por Kasia, Marek o El Halcón, aprenderán, y probarán sus capacidades para hacer frente a lo que se oculta en los árboles y luchar contra una corrupción antigua que desea expandirse por todo el reino.

Esa sería una breve sinopsis sin entrar en spoilers(sé que muchos sois alérgicos a ellos). Uprooted (desarraigado en la traducción literal) es una historia de magia y fantasía que no cae un el exceso, algo cada vez más habitual en las novelas de género fantástico. Novik escribe un cuento de hadas, y es exactamente eso lo que uno tiene la impresión de haber leído tras cerrar el libro.

Con un estilo sencillo, su lectura resulta fluida incluso en su original en inglés. Novik presenta unos personajes principales y secundarios muy bien construidos, y es capaz de algo aún más difícil: apartar los “extras”, los personajes llamémoslos “terciarios”, de arduas descripciones. Pero si por algo destaca especialmente es por la utilización de los personajes femeninos, podríamos hablar perfectamente de un cuento feminista en el que ellas están al mismo nivel que ellos o directamente los eclipsan. Por otro lado, la autora evita largas descripciones sobre la mecánica de este particular mundo o de su magia, haciéndolo más creíble y evitando que la atención se desvíe hacia lo superfluo, lo que provoca una lectura especialmente placentera. Por último, habría que destacar las raíces evidentes y explicitas de las que Novik se nutre, el imaginario de los cuentos de hada polacos y las historias de Baba Yaga, una figura de la mitología eslava, mezcla de bruja, hombre del saco, espíritu guardián del bosque y mujer sabia.

Como contrapunto negativo, Uprooted pierde cierta frescura hacia la mitad y a partir de ahí peca de ser en ocasiones algo predecible y de agotar algunas imágenes o escenas.

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El arte de las portadas en cada una de sus versiones en inglés se ha llevado de manera distinta, pero siempre con una sencillez que conversa directamente con los motivos tradicionales del cuento de hadas. La portada española tampoco se queda atrás.

Aunque yo me animé con la versión inglesa, también he tenido ocasión de ojear su traducción al español, llevada a cabo por Julio Hermoso, profesional especializado en el género fantástico. El texto en español es fiel al original en todo lo posible y su lectura resulta tan fluida como en inglés. Destaca el cambio de título, pues en lugar de ‘Desarraigado’ se ha optado por ‘Un cuento oscuro’, pero este tipo de cambios son decisiones editoriales normales y, personalmente, me parece tan válido como el original.

El cuento es autoconclusivo, algo también cada vez más raro en el género, y está pendiente de su adaptación cinematográfica, a cargo de cuya producción se encuentra Ellen Degeneres.

En definitiva, ‘Uprooted’ o ‘Un cuento oscuro’, como se prefiera, es un espléndido cuento de hadas, ideal para leer y relajarse de un largo día con una taza de té, o apto también para los intermitentes viajes en metro o bus. Puro entretenimiento sin pretensiones.

« The Summoning didn’t bring forth any beast or object, or conjure up some surge of power; there was no fire or lightning. The only thing it did at all was fill the room with a clear cool light, not even bright enough to be blinding. But in that light everything began to look, to be different. The stone of the walls grew translucent, white veins moving like rivers, and when I gazed at them, they told me a story: a strange deep endless story unlike anything human, so much slower and farther away that it felt almost like being stone again myself. The blue fire that danced in its stone cup was in an endless dream, a song circling on itself; I looked into its flickering and saw the temple where that fire had come from, a long way from here and long since fallen into ruin. But nevertheless I knew suddenly where that temple stood, and how I could cast that very spell and make a flame that would live on after me. The carved walls of the tomb were coming alive, the inscriptions shining. If I looked at them long enough, I would be able to read them, I was sure. »

“El encantamiento no hizo aparecer ninguna bestia u objeto, no conjuró ni trajo consigo una explosión de poder, no hubo fuego ni relámpagos. La única cosa que hizo fue llenar la habitación con una luz fría y clara, ni siquiera lo suficientemente brillante como para ser cegadora. Pero en esa luz todo comenzaba a parecer, a ser, distinto. La piedra de los muros creció translúcida, blancas venas se movían por ella como ríos, y cuando miré hacia allí me contaron una historia: una extraña y oscura historia sin final, diferente de la humana, tan lenta y remota que yo misma me sentí como si fuera piedra otra vez. El fuego azul que bailaba en su nicho lo hacía en un sueño sin fin, una canción cíclica sobre si mismo; yo miré en su interior parpadeando y vi el templo de donde el fuego provenía, muy lejos de aquí y convertido en ruina desde hace mucho tiempo. Sin embargo, supe inmediatamente dónde estuvo ese templo, y cómo podía yo lanzar ese hechizo y hacer que la llama siguiera viviendo después de mí. Los muros tallados de la tumba estaban cobrando vida, sus inscripciones brillaban. Si los mirase el tiempo suficiente sería capaz de leerlos, estaba segura.[1]

[1] Traducción propia.

Manzanilla

Hoy he soñado con el sabor de la manzanilla. No de cualquier infusión, no del aroma general, sino de una taza concreta que tomé hace muchos años en un lugar que no ha resistido al olvido. No tengo detalles sobre la cafetería o si la tomé en casa, si quizá me la sirvió mi padre después de comer. Sé que llovía abundantemente, casi de manera tropical. Hacía calor, aún era verano. Yo observaba el agua caer por una ventana o en una terraza. Tampoco recuerdo la taza, pero sí la tetera en que me la sirvieron, de cafetería, metálica, capaz de darle un tinte único al sabor. Todavía me acompaña esa sensación: la tranquilidad de un mundo bajo la lluvia, y el contraste del líquido muy caliente bajando a través de mi garganta. Entonces sentí una de esas brisas rápidas, capaces de cortar el bochorno, casi frías. Entre mis manos había un libro, nada más. Después, la tarde continuó sin dejar más huella en mi memoria.

Enero2018

Ilustración de Victor Hugo Ramirez García

Entrada Nº 17: La brecha

«Once more unto the breach, dear friends, once more» – W. Shakespeare

Ha pasado otro ciclo y hemos sobrevivido. La batalla continúa. Miro por la ventana y un montón de cuadrados anaranjados revelan vidas en medio de la oscuridad. ¿Esperanza? Sí, pero creemos en conceptos puros cuando en realidad, en esa vana y mundana realidad, todo concepto está contagiado, mezclado, pervertido. Por las rendijas de aquella cajita infame se ha filtrado demasiado de lo humano. La esperanza anaranjada que yo espío es una mentira. No importa, necesitamos de la mentira, la mentira nos construye como sociedad, nos da un propósito, un sentido.

¡Una vez más en la brecha, amigos míos! Lean esta frase a voz en grito, hasta desgarrarse las cuerdas vocales. Lo merece, merece el esfuerzo, merece la sangre. Algunos libros necesitan leerse en voz alta, muy alta, hasta desquiciar a los vecinos.

La poesía debe ser leída en voz alta.

El teatro ha sido construido para dejarnos afónicos.

¡Una vez más en La Brecha! Un año más ha transcurrido, la batalla continúa, cada vez más cruenta. Todos lo percibimos, ese olor a pólvora y cobre en el aire, el mundo gira hacia el lugar equivocado, pero somos pequeñitos y sentimos vértigo ante la gravedad. Es más fácil ceder un poco más, un poco más, un poco más. No. Gritad. ¡¡Una vez más en La Brecha!!

La espada en la mano. Un minuto de silencio para recordar a Shakespeare, él tenía razón en todo, nos lo dijo en sus obras, una tras otra. Y aun así debemos resistir porque es lo correcto, porque lo más digno en nuestro predestinado fallo es fallar bien.

[Inserten ecos de Beckett aquí]

Parece mentira, este blog cumplirá nueve años en 2018. Llegará a los diez por la tozudez malsana de quien lo perpetra. La evolución existe y sin embargo… sin embargo… Todo tiene un principio y un final. Los puntos suspensivos anuncian cierta idea, cierta (de)cadencia.

Cuidaos de los textos demasiado conceptuales.

Feliz 2018. La batalla continúa, hemos vuelto a la brecha. Gritad.

 

brecha

 

Día de muertos

Los sonidos metálicos corrían por la calle, la banda se esforzaba con las canciones de cada año en una estridencia feliz que se contagiaba con rapidez. Unos niños le golpearon al pasar, vestidos con capa y máscaras de hueso, se disculparon entre risas y salieron corriendo hacia la música. Él siguió en dirección contraria. Abrió la puerta de su casa y la cerró echando los pestillos. Observó el pasillo, largo, fresco y oscuro. Respiró hondo un par de veces, cansado, le dolían las rodillas. Dejó el abrigo, se quitó las botas y pasó al salón, donde se sentó en el sillón con un quejido idéntico al aprendido de su padre.

La pantalla de la televisión estaba apagada y podía ver el reflejo sombrío de la habitación, de sí mismo, un viejito minúsculo con el pelo de plata. El tiempo se lo había llevado todo, a todos. ¿Quién se ocuparía de las tumbas cuando él muriera? Sus hijos no, ninguno de ellos, había perdido la cuenta de las excusas que ponían cada año: el trabajo, los niños, la distancia, el dinero. Él no se quejaba, pero eran demasiadas tumbas para un viejo.

Había pasado todo el día limpiando lápidas, quitando malas hierbas, y deshojando flores de cempasúchil, cuyos pétalos caían como gotas de oro entre sus dedos. Hizo una cruz sobre la tumba que compartían su padre y su madre; otra en la de su hermano, muerto cuando era un niño y de quien no le quedaba ningún recuerdo; se acordó de sus abuelos, a quienes les dejó unas cuantas flores como muestra de cariño; también ayudó a los sobrinos con la de su hermana; por último, visitó a María, cubrió aquel discreto montículo de tierra con tantas flores que el manto resultante se desbordaban por los lados. Encendió velas en todas las tumbas y rezó. Rezó sentado en el trocito despejado donde un día le enterrarían a él. ¿Quién haría ese trabajo a su muerte? ¿Quién cubriría la tumba de María, o la suya propia, de flores? Quizá sus hijos lo hicieran el primer año, quizá incluso se acordasen de sus abuelos como él lo había hecho, pero el resto tendría sus tumbas vacías, uno o dos años después abandonarían incluso el recuerdo de sus padres.

Se levantó y se acercó a la ventana, el muro era grueso y en el hueco abierto había espacio para colocar plantas, pero ahora lo ocupaban los retratos de los muertos, el más antiguo, casi borrado, era de sus abuelos maternos, españoles emigrados a México al inicio de la dictadura de Primo de Rivera, fotografiados con las ropas de domingo frente al muro blanco de su casa; de los paternos no había conservado ninguna imagen; sus padres lucían serios en su retrato de boda; en otra imagen él y sus hermanos posaban muy niños, abrazándose los unos a los otros; por último, María, con sesenta años y el pelo recogido, sentada en un banco el día del bautizo de su primer nieto.

Había dejado un puñadito de pétalos amarillos alrededor de los portarretratos, también pan de muerto, y calaveritas de azúcar con los ojos pintados de rosa y azul celeste. Le dedicó un pensamiento a cada una de aquellas personas, un recuerdo, un recuerdo de un recuerdo, o historias que le habían contado otros y que ya no sabía si las había vivido o imaginado.

Abrió una botella de mezcal y sirvió dos vasos pequeños. Dejó uno frente al retrato de María y se llevó el otro al sillón, se sentó y lo bebió de un trago. El líquido pasó quemándole agradablemente la garganta, pero le supo a cempasúchil y eso le confundió un instante. Se cubrió con ambas manos la boca y la nariz, aspiro, y quedó inundado por aquel olor inconfundible.

En la calle, frente a su ventana, cruzaron a la carrera unos niños gritando y riendo, quizá los mismos con quienes se había encontrado antes. El anciano se quedó mirando en aquella dirección, las llamas de las velas bailaban frente al cristal de los retratos.

Debió quedarse adormecido, porque al mirar la imagen de la tele vio una Catrina a su espalda, un bello esqueleto con los huesos pintados formando una maraña de rosas, vestía ropas de fiesta y lucía esa sonrisa eterna de todas las calaveras. Al mirar con más atención la pantalla le devolvió el mismo reflejo imperfecto de antes, sin añadidos, sin fantasía. El viejo se sirvió otro mezcal, bebió el contenido, y suspiró con una mezcla de melancolía suave y felicidad por los recuerdos atesorados.

Se reclinó en el sillón y cerró los ojos dispuesto a dejarse llevar a las agradables orillas de su memoria. Suspiró otra vez, relajado, exhalando todo el aire de sus pulmones, y al respirar de nuevo le llegó un olor penetrante de cempasúchil, como si de repente hubiera caído en un campo de flores, o alguien hubiese cubierto de pétalos frescos su tumba.

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El matasellos de esta postal es del 18 de octubre de 2017, me la envían desde México. Del texto escrito con bolígrafo rojo extraigo esta frase «En México la muerte se toma con humor, como si la existencia no valiera nada». Ahí encuentro yo la belleza, la importancia de la fiesta del Día de muertos, porque la existencia no vale nada, se acaba, se consume dejando un rastro de huesos, pero ahí encuentra su valor, un carpe diem gritado, saboreado, comprendido.

Insomnio

Cada noche, al reposar la cabeza sobre la almohada, llega la corte, en tropel, una verbena agitando sus blasones y banderolas de colores. Aparecen antes de darme una oportunidad para cerrar los párpados, arrasan con mi somnolencia y me dejan la fatiga, el dolor en el brazo izquierdo tras una jornada de hacer siempre los mismos movimientos, las piernas cansadas. No sé por qué me canso. Cada vez ando menos, corro menos, hago menos ejercicio. Me cristalizo.

Mañana el reloj no tendrá piedad, el espejo no tendrá piedad, yo no tendré piedad.

¿Quién me vendió este cuento? ¿Quién me hizo creer en “esto”? Tonterías, deseamos la mentira, deseo la mentira, la verdad es aburrida, insulsa, la verdad duele y es agria, difícil de tragar. Sacrificio, es necesario más sacrificio, un mayor sacrificio para conseguir aquello que se desea. ¡Más madera! Arden poco estas compuertas al infierno, la maquinaria apenas vibra todavía. ¡Más madera! ¡Más madera! Hasta que no quede nada, hasta que el armazón de esta casa y este cuerpo acaben limpios de cualquier adorno, de cualquier cosa que no sea esencial para el avance.

La pastilla para dormir me provoca una nausea y vuelve acuosos mis pensamientos, difíciles de transitar. Los sueños y pesadillas se han replegado, me esperan al otro lado. Respiro. Imito la respiración de alguien dormido y procuro no moverme, procuro mantener los ojos cerrados. Quiero dormir, quiero la falsa paz de unas horas de inconsciencia. ¿A quién quiero engañar? El espacio que ocupo en esta habitación es ridículo. Termino enredado en el sonido de las manecillas del reloj y me pierdo.

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Dreamers, Albert Moore