Definiciones: el silencio

El pelo castaño se le resbalaba entre los dedos y se esparcía sobre la almohada blanca; juntos, echados en la cama, veían el agua golpetear sobre el cristal, empezaba a anochecer, la luz dejó un ambiente azulado dentro de la habitación; se escuchaba el viento entre las ramas y las pisadas de alguien abajo, en la calle. Ellos estaban allí, él jugueteando con el cabello de ella y ella acurrucada junto a él, ambos tumbados en la cama. No había nadie en la casa y la música estaba apagada, tampoco hablaban, ¿para qué? El silencio era suficiente para expresarse, cualquier palabra sobraba. Sólo tenían el calor que emanaba de sus cuerpos desnudos; estaban muy juntos, inmediatos uno de otro, como dos animales amantes que se procuran calor en una tarde fría. ¿Se querían? Sí, claro que sí pero no se lo habían dicho, era suficiente con el silencio.
Es como un dios, es una sabana de seda ligera que arropa los jóvenes cuerpos, es donde la física desaparece y la piel de uno continua en el otro. Por su influjo en una tarde fría se vive y se muere a la vez y son uno y no se rompen jamás esos lazos, el momento es eterno como el mismo panteón glorificado y quienes lo disfrutan son felices aún sin palabras, sin elucubrar, sin nada…
Amar con el alma en silencio es el amor más puro.

Podrás encontrar este texto en a vuelapluma.

El precio de la eternidad

La eternidad tiene un precio, y es ella en si misma. Pocos vampiros antiguos hay y esto es porque la inmortalidad significa una belleza perenne, una sed insaciable, la imposibilidad de disfrutar de la luz solar y por último, el peor mal que se puede acarrear, todo el tiempo del mundo.
Henry Burton sabía aquello, aún cuando no tenía más de quinientos años; pero lo cierto era que aunque al principio todo era diversión y su cuerpo se entregaba al vicio y a los excesos con gran deleite, poco a poco todo eso le terminó por aburrir; lo que otrora fue emocionante ahora no era más que un insufrible trago de normalidad, la monotonía le invadió como una enfermedad, los deseos se apagaron… Cuando uno se encuentra en tal estado busca nuevas tareas en las que matar el tiempo pero todo es inútil, con el paso de los siglos la mayoría de los vampiros o se sumen en el sueño perpetuo del letargo para nunca más despertar o eligen la opción más común, el suicidio. A Henry le parecía que aceptar la inmortalidad para terminar recurriendo a la inmolación era un hecho cuanto menos irónico.
Sin embargo, en su caso particular, aún en sus quinientos años no se cansó nunca del mundo, para él siempre había algo que descubrir: nuevas sensaciones, nuevos lugares, rostros nunca antes vistos, aromas y sabores inimaginables, tantos libros por leer… tantas historias que conocer…
Pero a él le asesinaron, quizá sería mejor decir que lo ajusticiaron o realmente puede que no sea más correcto uno que otro termino, todo depende de quien cuente la historia y cuánto sepa sobre ella. La cuestión, no obstante, es otra, pues en aquel momento, después de muerto, se encontraba en el peor infierno de todos, la eternidad.
Henry Burton vagaba por un desierto de arena negra, sin sol ni luna ni estrellas, sin nubes, solamente tenía aquel perpetuo cielo anaranjado por horizonte. Aquel infierno era el lugar mas vil e infame que podía haber imaginado, desesperante hasta el grado de dejarle a las puertas de la locura. Según le había comunicado anteriormente su propio asesino, también aquel infierno venía implícito en el contrato de la inmortalidad; él la aceptó y por ese hecho estaría padeciéndola durante tanto como existiese el averno, decir para toda la eternidad le parecía quedarse muy corto, era aún más, imposible o casi de concebir, era la infinitud.

Podrás encontrar este texto en a vuelapluma.

Declaración de intenciones

Burton se sentó.

-¿Quien sois? –Pregunto Lord Arbych al extraño.

El aludido elevó la vista y sonrió.

-Mi nombre es Henry Burton… –Dijo.

Con algo similar a esto me inicie en el camino tortuoso de la escritura. Recuerdo haber comenzado una historia a raíz de una serie de interpretaciones que presencié y en las que participé durante mucho tiempo; uno de esos personajes fue el germen, la semilla de la historia que ha ido creciendo y creciendo hasta hoy día, y que seguirá haciéndolo, espero, por mucho tiempo. Esa especie de vegetal de tinta tiene dos lecturas inmediatas pues fue a la vez el inicio de mi afición por esto de las letras y también el nacimiento de un mundo y una novela que sin duda ha tenido siempre vida propia, tanto por su mutabilidad como por la sensación que siempre causó en mi de independencia.

A aquella tierna edad no era consciente de estar iniciando nada, evidentemente, y de entonces, pese a que ese “Burton” fue mi primera escritura, lo que realmente creé con verdadera noción de estar haciéndolo fueron algunos poemas de los que apenas queda el efímero rastro de un recuerdo brumoso y difícil.

Hoy día tengo algo muy claro, y es que he evolucionado en cuanto a mi faceta de escritor, a mi juicio dicha evolución aún proseguirá por bastante tiempo, pero si ahora he decidido comenzar este blog es quizá porque por primera vez considero que lo escrito puede llegar a ser digno de ser leído por otros, claro que esto será una interpretación privada de cada cual.

Así pues doy por inaugurado este pequeño rincón en la red, se admiten criticas, sugerencias y casi cualquier tipo de comentario. Por lo demás sólo dejar una nota al margen, una petición al lector, no se malinterprete lo aquí dicho y escrito pues ha sido y será siempre redactado y publicado con la mayor humildad de un servidor.