El precio de la eternidad

La eternidad tiene un precio, y es ella en si misma. Pocos vampiros antiguos hay y esto es porque la inmortalidad significa una belleza perenne, una sed insaciable, la imposibilidad de disfrutar de la luz solar y por último, el peor mal que se puede acarrear, todo el tiempo del mundo.
Henry Burton sabía aquello, aún cuando no tenía más de quinientos años; pero lo cierto era que aunque al principio todo era diversión y su cuerpo se entregaba al vicio y a los excesos con gran deleite, poco a poco todo eso le terminó por aburrir; lo que otrora fue emocionante ahora no era más que un insufrible trago de normalidad, la monotonía le invadió como una enfermedad, los deseos se apagaron… Cuando uno se encuentra en tal estado busca nuevas tareas en las que matar el tiempo pero todo es inútil, con el paso de los siglos la mayoría de los vampiros o se sumen en el sueño perpetuo del letargo para nunca más despertar o eligen la opción más común, el suicidio. A Henry le parecía que aceptar la inmortalidad para terminar recurriendo a la inmolación era un hecho cuanto menos irónico.
Sin embargo, en su caso particular, aún en sus quinientos años no se cansó nunca del mundo, para él siempre había algo que descubrir: nuevas sensaciones, nuevos lugares, rostros nunca antes vistos, aromas y sabores inimaginables, tantos libros por leer… tantas historias que conocer…
Pero a él le asesinaron, quizá sería mejor decir que lo ajusticiaron o realmente puede que no sea más correcto uno que otro termino, todo depende de quien cuente la historia y cuánto sepa sobre ella. La cuestión, no obstante, es otra, pues en aquel momento, después de muerto, se encontraba en el peor infierno de todos, la eternidad.
Henry Burton vagaba por un desierto de arena negra, sin sol ni luna ni estrellas, sin nubes, solamente tenía aquel perpetuo cielo anaranjado por horizonte. Aquel infierno era el lugar mas vil e infame que podía haber imaginado, desesperante hasta el grado de dejarle a las puertas de la locura. Según le había comunicado anteriormente su propio asesino, también aquel infierno venía implícito en el contrato de la inmortalidad; él la aceptó y por ese hecho estaría padeciéndola durante tanto como existiese el averno, decir para toda la eternidad le parecía quedarse muy corto, era aún más, imposible o casi de concebir, era la infinitud.

Podrás encontrar este texto en a vuelapluma.

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