Absoluto

Siempre se encuentra en la luz tornasolada del invierno y sus mañanas alguna pequeña voluta, irresoluta y perdida, que no es capaz de existir sin dejar de hacerlo. Es una paradoja ínfima que no merece la atención si no para observar durante un preciso instante la mente en blanco y ningún pensamiento baladí y todos los del mundo a un mismo tiempo. Es extraño, como los vagones que ayer estuvieron abarrotados y hoy apenas tienen vida, orugas de metal huecas que vagan de un lado a otro sin pensar ni preocuparse por ello.
Ese átomo infinito que observamos no es otra cosa que Dios, pues ante el instante en que pervive lo adoramos mudos de admiración, nada se mueve, nada hay mas lo hay todo y es nada hasta que desaparece.
Las puertas se abren, alguien entra al vagón, el tren perdió su magia, ya no se arrastra hacia cualquier parte, ahora tiene de nuevo conciencia y está atado por una línea tan definida que salimos al frío cortante de esta mañana y todo da vueltas por su peso real. Paso a paso caminamos dejando que los pies sigan su memoria, pero atrás queda, en las huellas, parte de ese polvo mágico que nos impregnó la partícula definida. Tanta crueldad es difícil de digerir y no lloramos por el anhelo de lo perdido debido únicamente a la sana costumbre, cicatriz perenne de nuestro cuerpo.
Pero a veces, en pocas ocasiones, se sucede un milagro, ese cruel punto de verdad se difumina y entonces ocurre. Lo ilumina el amarillo invernal y le pone textura resaltada, colores si bien no fuertes sí definidos, quizá le acompañe una voz profunda y una sonrisa clara, no habrá más pero tan sólo esos ojos brillantes y cercanos que arrancan el aliento, que te miran y vuelves a encontrar entre el iris más oscuro una mota dorada, alguna pequeña voluta que te muestra el infinito, lo absoluto. Y sonríes.

Podrás encontrar este texto en a vuelapluma.

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Año nuevo, post nuevo

Retomo este blog ahora que ha comenzado el 2010, pero lo hago sin que sea ninguna típica / tópica intención de año nuevo, esas cosas me levantan ciertos salpullidos mentales nada agradables, aunque, siempre respetare a quien goce de semejantes masturbaciones. Perdonen mi lenguaje, creo que he digerido demasiado Bukowski en el periodo navideño, claro que “masturbación” no tiene por qué ser una palabra tabú ¿o sí? Realmente se utiliza tanto en el arte con intención de producir en el publico una respuesta admirativa por el escarnio y el escándalo de semejante ocurrencia que ya hoy día masturbación no debería producir tal respuesta, pero lo sigue haciendo. Bueno, masturbaciones a parte, que ya comienzo a liarme con tonterías varias… estaba hablando de que he retomado este blog y espero escribir ya más en serio y ser más constante, no haber hecho esto antes se han debido a asuntos personales. Pero ahora he vuelto, como las series de televisión que se retoman después de Navidad, como la monotonía que nos ha saludo el día 7 de Enero enseñando sus dientes, maléfica.
Así pues ya estamos en Enero, el primer mes del año, estamos sentados en las rodillas de Jano, obnubilados con esos dos rostros, ¡valiente espectáculo! Este es el mes, como ya hablaba antes, en el que parece que todos intentamos llegar a un punto de inflexión en nuestras vidas, cambiar aquello que no nos gusta de nosotros mismos. Cambiar, cambiar… es una obsesión humana, siempre estamos en ello y Jano es realmente la imagen perfecta que ilustra esa necesidad de permutación. Le representamos con dos caras porque mira al pasado y al futuro y se me antoja como un cuadro perteneciente a esa gran corriente que es el futurismo, se trata de un movimiento tan veloz de un lado a otro que las etapas se confunden y dos imágenes se nos muestran a un tiempo de forma casi grotesca, casi monstruosa, terrible, dura pero bella, una dualidad de sentidos con un significado único: el cambio. Deshilarlo de tal manera puede hacer que pierda su encanto pues podría recorrernos un escalofrió por lo predecible o pautado que parece la conducta humana, pero en realidad todo esto es una bagatela de mi mente que de nada sirve y la respuesta a la posible semejanza entre el dios, el mes y ese acto de hacer intenciones y de propuestas de cambio, obedece más a una equiparación producto del ser humano.
En cuanto a mis navidades han sido bastante buenas, no tengo ningún impulso homicida en las venas y además he salido ganando por cinco grandes libros que han tenido a bien regalarme distintos seres queridos: El lobo estepario, de Hesse, Hojas de hierba, de Whitman, una recopilación de cuentos de Poe, aunque ya tenía algunos de ellos en otros libros, también me han deleitado con la enigmática Rayuela, de Cortazar y por último tengo La máquina de follar, de Bukowski (no entraré en la respuesta emocional que puede provocar semejante titulo) Pero para desgracia de mi paladar literario tendré que posponer la lectura de estos jugosos tomos hasta el fin del periodo de exámenes, es decir, hasta finales de Enero que también será cuando vuelva a publicar aquí. Por otro lado, tendré que posponer mis instintos de escritor que ansían ponerse al ordenador para teclear un rato, espero poder aplacarlos con este pequeño post. Ya veremos, ya veremos…
Nada más desde el asfalto de Madrid, que Jano os guarde.