Nota de un hipotético suicida

Así somos los seres humanos, suponemos mil veces lo mismo y en todas las ocasiones llegamos a un mismo punto. Es terrible.
A veces el silencio es la única compañía que nos queda a los marchitos, los miserables, aquellos de los que Víctor Hugo habló una vez. El silencio es un sinónimo mal buscado de soledad, quizá signifiquen cosas distintas pero el uno, de una manera u otra, está implícito en el otro. La soledad y el silencio, el silencio y la soledad, como dos partes de un todo triste y ceniciento.
Me gustaría poder abrir la boca y decir que estaré aquí cuando quieras regresar, cuando regreses… pero no tendría sentido despegar los pegajosos labios, mover la muerta lengua, hacer vibrar esa rota garganta, no merece la pena porque no hay a quien dirigir esas palabras.
Mis memorias están minuciosamente escritas en estas líneas, no hay mucho más que decir: nací, tuve una infancia más o menos feliz, una juventud horrorosa, casi inexistente si alguien la compara con la suya. La madurez fue un viaje por los nueve círculos de infierno, sin Virgilio de acompañante, nadie estuvo conmigo, nadie, ni siquiera la muerte. En vez de vivir he sobrevivido viendo marchitarse mis sueños, caminando sintiendo el chascar de los deseos rotos, llorando demasiado sin dejar caer mis lágrimas…
Dije que quería ser feliz, pedí serlo y acudí a ti que me prometiste que lograría mi meta pero ha pasado… ¿cuánto? Demasiado… y no, todo sigue igual, soy un miserable. A mi alrededor el mundo gira, se transforma, las personas viven, ríen, lloran, aman y odian mientras yo me quedo quieto. Detesto esta quietud, la aborrezco, me convertiría en asesino su pudiera cortar su carne con un cuchillo.
No, me he pasado mi vida intentando alcanzar esa felicidad que no he podido encontrar. Todos, por poner un número completo, me han dicho alguna vez que debía ser positivo, debía respirar, aceptar según que cosas, esperar. Esperar, siempre me han pedido que espere: ya llegará lo bueno… como si fuese un plato que el chef se ha retrasado en preparar. Pero la realidad es que nunca ha llegado ese plato, me quedé esperando, recibiendo las sonrisas amables de los otros comensales mientras saboreaban su propia comida y me alentaban a esperar un poco más: casi está ya, seguro, aún es muy pronto…
Al final se hizo tarde.

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2 comentarios en “Nota de un hipotético suicida

  1. Todo es mucho más complicado (para llegar a lo simple o la unidad) que platos, que premios. Y el tiempo no cuenta. No hay un esperar, ni hay un mientras tanto. Las cosas no vendrán, las cosas son. O mejor dicho, todo está dispuesto. Todo, sin matices de bueno o malo, está. Es la verdad y es el único arma definitivo contra tus conclusiones, contra tu mente condicionada que es la que ha creado tus propios demonios, me temo.

  2. En cierto modo, tiene sus pros que no podamos alcanzar la felicidad. Si ese fuera el caso, siendo como somos, nos cansaríamos, y la vida nos parecería más vacía. Coincido con el anterior comentarista en que no hay un esperar. Las cosas simplemente suceden, en base a pequeñas decisiones que tomamos día a día, por muy intrascendentes que sean, pero que nos hacen estar en un sitio y no en otro particularmente.

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