Oración

Siempre habrá cantares y siempre habrá puestas de luna y salidas tímidas de un sol rosáceo y recién nacido. La lluvia golpeará cristales justo en el momento que tú quieras pensarlo, habrá alguna parte en este mundo que así ocurra, o quizá caigan las gotas y la tierra beba de esas lágrimas benditas.
Respirad y orad. ¿Sentís la religiosidad de este lugar? Nada tiene que ver con hombres lo que aquí encontramos, no hay cruces ni efigies de tipo alguno, no se asocia con símbolos. ¿Lo ves? Ahí mismo, donde nada se revela, eso es Dios, el tuyo y el mío y no es nada porque nada hay pero, sin embargo, lo es todo porque queremos. Siente ese murmullo de voces articuladas por el viento, y sus delicadas flautas y sus violines. En esa nube hay un querubín que toca largos acordes de algún instrumento que no reconozco y musita eternamente dos o tres notas. Ese reflejo allá abajo, junto a la nieve, devuelve a quien se pone ante él una cara con ojos y una boca que canta lánguida y dulce.
¿Maravillado verdad? Siéntate un momento ahora aquí, en este lado donde despierta la primavera y donde las flores renacen y la hierba está fresca y verde. ¿Ves aquel animalillo allí? Es un potro albino que corre a toda prisa y nunca se detiene, nació de una madre de pelo oscuro y de un padre bruto y salvaje. Es una mancha que deja su rastro, una pincelada diluida en ese cuadro todo verde y difuminado.
Detente ahora y observa el cielo que se abre y nos deja amarlo o se encapota para sonreírnos. En la tarde fresca abrimos la ventana para oler ese rastro de humedad o escuchar a las gotas más perezosas, que tardan en llegar a tocar el suelo por pura somnolencia. En la tarde cálida cerramos los ojos ante un sol que ya declina y que nos acaricia y nos besa mientras tranquilamente respiramos.
¿Qué más puedes pedir? Sí, esto es una oración, reza conmigo pero no lo hagas con palabras ni creyendo en quimeras, deja el mundo, apártate de todo lo que conoces, cierra los ojos y siente. Ahora no tienes nombre ni hijos ni padres, no hay nada. Estos rostros que ves no importan nada, son personas, nada más. Pero tú, amigo, amante, delicado y caro desconocido, tú que ahora eres nada, ahora lo eres todo y tú y yo… nosotros somos dioses y titanes y mortales y cuentos y poetas, también somos padre y madre uno del otro, e hijos.
Lástima que no nos encontramos antes pues te habría llevado a ver la luna en aquel promontorio que más allá de las montañas azules puedes imaginar, allí donde el cuadro no indica. Lástima que no existas, amor mío. Me quedaré con tu idea y mi música, con el arte y ese viento de jazmín que me llega. Las horas, sí, ese tiempo equívoco te mostrará lo que nunca hayas visto. Adiós ahora desconocido vagabundo, pájaro de plumas multicolores, adiós. Recuerda el amanecer de la risa y el ocaso del llanto.
Amen.

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