Calibán

Carta XVIII de la correspondencia de S. Grau León a J. R. Strauss. Invierno de algún año desconocido. (fragmento)

[…]
Eres el sol, eres tú la luz que me ilumina cada día, rey sobre el cielo, inalcanzable. Cada día, cada mañana cuando naces es la vida la que se inspira en mi pecho. Soy una tormenta, un Calibán sometido a tus cuidados, yo padezco, retorciéndome en la ignominia de tu ausencia, la única verdad que me quedará… Una vez ido, todo se apagará. Tu voz, tu música, tu color y el calor que me dabas. Y ahora sin ti apenas soy sombra o reflejo en el agua, me arrastro por las calles como un fantasma que nadie ve, y aúllo en el hueco de los recuerdos para aliviar las lágrimas que no llegan. Las noches que pasan, la eternidad y el tiempo que regula el alma, nada es sino un engranaje más que me recuerda que tú no estás. El dulzor se vuelve amargura y mi voz no sirve ya. Pero yo, por volver a ver aunque sólo fuera tu sombra, por traerte ante mí y sentir tu abrazo, por escuchar tu corazón y morir en su compañía, arrullado por esa respiración continua que me susurraba a veces cuando la noche era ya oscura y no había nada más que decir… por cualquiera de esas ambiciones desmedidas o quizá por una única pero íntima mirada, daría la noche y el día, me privaría del sol y de las estrellas.
Si todo empezara de nuevo… lucharía contra el destino como un Heracles desesperado y saldría victorioso.
Pero al fin y al cabo esto son sólo palabras…
[…]

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