Zigzag

-¿Sabes? Tú tienes razón, la vida es muy extraña y dura, si pensamos en ello mucho… eso nos partirá el corazón. No pienses, haz como yo, cruza la vida en zigzag, así es mucho más divertido.
Jaime estalló en carcajadas al oír aquellas palabras. Margot, por su parte, estiró sus labios, brillantes de carmín rojo, y dio una calada más al cigarrillo antes de aplastarlo contra el cenicero.
-¿Tanta gracia te hace? –Continuó ella, cruzando las piernas -. No hay que tomarse todo tan en serio.
-Tu forma de ver la vida es maravillosa –Concedió James pidiendo por señas otra copa para cada uno.
-Por supuesto, soy francesa. Je vois la vie en rose.
-También es muy fantasiosa, Margot. Al final siempre hay más problemas. Seamos serios… el trabajo, la familia, el amor.
Ella negó con aquel gesto que tanto le caracterizaba, moviendo la cabeza con lentitud y los ojos cerrados. Se mantuvo en silencio cuando el camarero recogió los vasos vacíos de sus anteriores consumiciones y los sustituyó por nuevas y apetitosas copas, que Margot recibió con una sonrisa encantadora dejando enseñar los dientes. Mientras, siempre tan practica y seductora en todos sus movimientos, abrió el pequeño bolso, sacó de allí su pitillera y de ella un cigarro que cogió con sus labios. No buscó el mechero, siempre había algún hombre cerca que se ofrecía para darle fuego. En esta ocasión ni siquiera fue necesario la habitual caída de pestañas, el camarero, presuroso, buscó un encendedor con el que Margot pudo encender ese pequeño placer que consumía con vicio. En el proceso en que la llama prendió el tabaco, los ojos verdes de ella se mantuvieron fijos en los del pobre camarero, que se marchó bastante más nervioso de lo que había llegado. Jaime se reía discretamente.
-Eres una femme fatale.
Margot sonrió lacónica, elevando una ceja.
-¿He dicho ya que soy francesa? Deja de afirmar lo obvio, cariño.
-Hablábamos…
-Dela vida, sí –Le interrumpió ella-. Cariño, de verdad me esfuerzo por entender tu obstinación en esos dramas en los que te eternizas, pero soy tu amiga y he de decirte que exageras.
-¿Nunca te puede el peso del mundo?
Ella tomó su amaretto sour, bebiendo un suave trago, relamiéndose con esa discreción y sexualidad que tantos hombres (y también mujeres) atraían hacia ella. Dio una calada al cigarro y exhaló el aire con tranquilidad, recostándose tranquilamente en el asiento y con las piernas aún cruzadas. Cualquiera que no estuviera acostumbrado a su compañía pensaría que era una actriz sobreactuada. Jaime lo soportaba, sabía que ella vivía para esos gestos llenos afectación. Era una mujer que llamaba la atención en todos sus aspectos, por su pelo, ondulado, semioculto bajo un pañuelo ligero, negro; con sus labios siempre pintados de aquel rojo sensual y encendido; sus cigarros siempre a mano; sus vestidos provocativos; y su voz, sensual y cargada de un timbre singular. Todo en ella era destacable, sus gestos no iban a ser menos.
-No –Respondió al fin -.Cariño, yo me esfuerzo por recrearme en el mundo como si estuviera en el sueño de otro, paseando entre aquellas cosas que nadie ama. Haciendo que los problemas dancen como el humo y duren tanto como este antes de desaparecer. Prefiero tomármelo todo como un juego de niños donde a veces hay que saltar más o hacer un bucle en el aire para evitar perder.
Jaime terminó con la mitad de su gin-tonic de una vez, negando repetidamente y suspirando varias veces bajo la atenta mirada verde de Margot, quien dejaba escapar el humo hacia un lado.
-La vie en rose. –pronunció él, amargamente, con su mal acento francés.
-Mais oui. Tu problema, amor mío, es que piensas demasiado. Relájate, disfruta de la vida en vez de analizarla. Ser tan cerebral acabará por quemar esa bonita cabeza tuya.
-Oh Margot, no todos podemos ser como tú.
Ella frunció el ceño, rara vez cometía aquel gesto que le afeaba demasiado, al menos según ella. Negó y le dijo:
-Todos podemos ver la vie en rose… sólo hay que querer hacerlo. Tú parece que lo ves todo negro.
-No soy tan pesimista… Siempre guardo la esperanza de que las cosas mejoren…
-¡Oh! Increíble, la esperanza es un sentimiento triste, Jaime. Significa que el ahora va mal y que esperas que mejore en el futuro, sigue siendo resignación –Ella hizo una pausa, buscando en su imaginación, por fin sonrió, apagando el cigarrillo que apenas se había consumido-. Mira, hagamos una cosa, no pienses. Cierra los ojos –Hizo otra pausa para cerciorarse de que él tenía los ojos cerrados-. Todo está bien, todo va bien, estas aquí y está bien, estás a salvo. Deja de pensar en problemas que ahora no vienen al caso. Abre los ojos. ¿Fácil verdad?
Él abrió los ojos y no pudo reprimir unas carcajadas, acompañado por la propia Margot.
-La vida en zigzag ¿eh? –Dijo finalmente él.
-Oui, la vie en zigzagant. –Tradujo sonriendo ella.

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2 comentarios en “Zigzag

  1. tatojimmy dijo:

    Yo me pido el papel de Margot. Eso sí, con libertad para hacer unos pequeños cambios en su indumentaria… sip.
    Porque… ¿qué mejor postura ante la vida que conseguir que los problemas resbalen por tu piel, sin calar en el espíritu?
    aunque ante gente así, siempre tengo una duda: ¿es real, o es absolutamente impostada? Porque creo que, no hay cosa más triste a quien ves gritando al mundo que todo es maravilloso, mientras ves en su mirada la angustia, la tristeza, la desesperación.
    Mi pobre tocayo… ains. Qué majo él… ains.

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