Los textos de Drein

Texto extraído del ciclo de conferencias “Ter-Ekniman IV: Age of glory” Impartido el 4 de Diciembre de 2010 en la Mercury light University por el catedrático en historia fantástica, el doctor B. R.

Sobre la exégesis que los estudiosos han ido creando acerca de la literatura del reinado de Ter Ekniman IV solo podemos decir una única cosa: es magnífica. Este juicio de valor se sustenta en la exagerada variedad y cantidad de documentación de la que disponemos. Jamás una cultura de la antigüedad, ni siquiera la que tratamos, ha tenido una producción tan ingente de textos salvo en este periodo concreto y en esta sociedad.

El periodo de reinado de Ter Ekniman IV fue esplendoroso para las artes, y en todos los sentidos. La economía, basada en un comercio prospero con los reinos sureños, junto con la indiscutible generosidad minera de sus entrañas, favorecieron el florecimiento de una nobleza que, colmada de excedentes, pudo terminar por gastar grandes sumas en bellos tratados genealógicos en papiro, en exquisitas copias del Liber mortis, en grandes palacios etcétera.

La exégesis que se ha llevado a cabo sobre un periodo tan fértil en las artes es, por tanto, digna de admiración. De admiración sí, pero por lo mal que ha sido realizada, casi podríamos decir que su apreciación se debe a lo odiosa que es. Por poner un ejemplo, ¿Qué diría el sumo sacerdote de Ân’un-Ei si escuchase lo que el catedrático experto en la dinastía Ter, Alfred Dougman, dice de él? En las páginas de su manual “Religions of Drein” tacha a todo el clero de rituales pederásticos llenos de brutalidad. Sin embargo, dichos actos sexuales eran únicamente con vistas a la aceptación dentro del sacerdocio en una religión que, en términos vagos, podríamos fundamentar en el culto a la fertilidad. Era un requisito indispensable que después de la formación cultural del novicio, este tuviera contacto carnal con un clérigo consagrado (de distinto sexo) para así contribuir a honrar la deidad de la mejor manera posible. Es cierto que semejantes encuentros solían ocurrir siendo el novicio menor, pero no obstante tenían la edad suficiente para ser fértiles. Aquellas mujeres que se quedaban embarazadas de esta forma, eran elevadas al rango de sacerdotisas mayores y, si sobrevivían al parto, gozaban de un estatus social predominante sobre el resto del estamento eclesiástico. Estas prácticas, que a nosotros nos pueden parecer extrañas, eran muy normales en la época. Por eso toda la idea que se ha creado alrededor y todos los gruesos opúsculos que se han escrito bajo el imaginario de que Ter Ekniman IV fue un rey perverso que animaba a sus clérigos a cometer actos sexuales brutales con niños es radicalmente falso. Es evidente que a la monarquía le interesaba que la religión prosiguiera con tales prácticas, ya que eran esos hijos los mismos que se educaban, bajo supervisión del estado, para luego conformar el ejército que utilizaría el rey en sus conocidas campañas bélicas en la expansión por oriente, campañas que tuvieron el desastroso final bien conocido.

El fin de este reinado también está lleno de errores por parte de la lectura e interpretación que muchos estudiosos han hecho hasta la fecha. Se tiende a asociar la decadencia de la sociedad a las prácticas aberrantes de los clérigos, a la actitud perversa de su rey y al desarrollo, casi como método de salvación, de la religión egipcia dentro de la sociedad. La realidad es bien distinta. A mediados del segundo milenio A.C. se produjo una fuerte crisis económica producida por una sequía que asoló con la agricultura y con más de la mitad de la producción ganadera. Ello, junto con el coste de las guerras en oriente, tanto de vidas como a nivel crematístico, fue demasiado para el estado. Ter-Ekniman, que es apodado “El terco”, se negó a abandonar los frentes, de tal modo que el reino se arruinó y el pueblo hambriento se sublevó. Primero lo hizo contra el clero, que acumulaban muchas de las tierras de cultivo y almacenaban alimento para sustentar a su exageradamente numerosa casta sacerdotal; después el pueblo se sublevó contra la monarquía y la guerra civil que se produjo fue muy cruenta. Con ochenta años, el rey se vio en la tesitura de tener a su pueblo contras las puertas de palacio. En aquel momento, viéndose rendido, arruinado, demasiado viejo como para aguantar el golpe y con una herencia compuesta por un puñado de tierra seca y cenizas, cometió su dramático suicidio arrojándose sobre la muchedumbre que destrozó su cuerpo de tanta ira como habían acumulado contra él. Aunque aquel gesto estuvo motivado, como sabemos por una carta que dictó a su escriba para la primera esposa, por la esperanza de que al cebarse con él perdonasen a su familia, esto no fue así. Sus seis hijos y sus diez hijas fueron pasados a cuchillo y sus cinco mujeres terminaron en el harén público.

Concluimos esta breve exposición sobre el reinado de Ter-Ekniman IV invitando al lector a realizar una relectura de los textos propios de este periodo tan rico en documentación original, abandonando a un lado los prejuicios que la exégesis histórica de esta fascinante cultura ha arrastrado inmerecidamente durante tantos años.

Lo único que es digno de lamento en esta cuestión es que todo lo escrito pertenezca a una quimera y el reino de Drein y la existencia de Ter-Ekniman IV sólo pueda considerarse real dentro de los reinos imaginados. Aún así invito, como experto en esta cultura, a que el lector investigue por su cuenta. Entiendan la broma, pues todo el mundo puede reproducir y comentar los textos perdidos de Drein.

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