Algo más.

Hundió la mano en los bolsillos y exhaló un suspiro que se quedó congelado en el aire. Hacía frío, mucho frío. Aquella ciudad, llena de brillantes guirnaldas de luces que colgaban por doquier con ocasión de la navidad, estaba helada. Por más que brillaran con muchos colores a él no le quitaban de las manos el frío, ni tampoco de la nariz. Compadecía a los vagabundos que tuvieran que pasar la noche a la intemperie, claro que desconocía la política de aquel país con respecto a ellos.
Parpadeó muchas veces y estuvo a punto de verse en el suelo cuan largo era en un momento que resbaló.
-Por poco -suspiró.
El río corría tranquilo, con su gran caudal, con sus barcazas que servían de restaurante bien cerradas ya a aquellas horas. El día anterior habían rescatado de las aguas a una prostituta, azul de frío, o de muerte vete tu a saber. Tenía tres puñaladas, eso dijeron. Sin embargo aquella ciudad no era conflictiva especialmente. “Bueno, como todas” pensaba Marcos cuidando dónde pisaba. Llegó al barrio que le interesaba y se alejó del río, internandose en otras calles más interiores de la ciudad. En su paseo dio a la universidad. Una pareja se besaba apasionadamente en un portal. Realmente no se besaban, hacían otro tipo de actos amorosos. Eso sí, en un silencio impecable.
Marcos les dejó intimidad, desviándose por la calle paralela. Suspiró de nuevo. La noche había estado bien, la fiesta fue muy divertida, el alcohol no había escaseado y Adele le besó por última vez. Fue un beso húmedo, lloraba.
El hombre torció el gesto al mismo tiempo que doblaba una esquina. Era una lástima abandonar aquella ciudad que había sido un sueño para él desde el primer día. Los meses habían pasado tan rápido que bien podía decir que había sido un golpe de su imaginación. Fue feliz en aquella ciudad, sí, sin duda. Se había acabado, su pais le esperaba, su ciudad le esperaba, su familia, sus amigos de siempre.
Marcos suspiró de nuevo. La idea de volver a la aburrida monotonía no era el panorama que más le agradaba, pero no podía hacer nada. Mejor volver ahora que no haber ido. ¿Verdad? Verdad. Se contestaba a sí mismo en el dicurso de sus pensamientos. Sin embargo se sentía triste. Abandonar la felicidad debe producir esa sensación de orfandad tan mal llevada. Olvidar los amigos, los buenos momentos y retornar a lo de siempre, a lo ya conocido. Más que avanzar parecía que volvía su mirada unas páginas atras.
Por fin llegó al portal, sacó sus llaves y se adentró en la garganta de la casa, subió las escaleras, procurando no hacer ruido. Llegó a su apartamento y entró en la habitaicón ya practicamente vacía de todo. Las maletas estaban preparadas para salir al día siguiente en el vuelo de las 11:00. Tenía tres horas para descansar. Se quitó la ropa y se acostó en la cama observando el techo. No tenía sueño.
La vida continuaba, aquello se terminaba, había sido un periodo feliz sí, pero ahora realmente no volvía a lo mismo, volvía a algo distinto. Todo cambiaría, él había cambiado y por ello su pais, su ciudad, su familia y sus amigos de siempre habrían cambiado. Al menos para él.
Bien, era una sensación extraña el estar ante el fin de algo, pero aquello también significaba que otra cosa iba a comenzar.

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