El perdón

-Pues es así. -Terminó, dejando caer los brazos, inertes, sin fuerza.
Lloraba aunque de una forma suave y sin hacer ruido.
-No -Respondió-, no lo acepto.
Amanda avanzó paso a paso hacia Miguel, alejandose de Clara. Él la recibió con un abrazo, mientras permanecía mudo, consolando a Amanda, observando a Clara con seriedad.
-Lo siento mucho -dijo de nuevo Clara-. Sucedió, pero vine aquí para decirte que se ha terminado, que se ha acabado. Tu amistad es más importante para mí que él.
-¡Eso no te detuvo para follartelo! -Gritó por primera vez, sin separarse de Miguel.
-A veces los sentimientos, como las hormigas, trepan -dijo ella, con los ojos humedecidos-. No sabemos qué hacer, no queremos matarlas, su cosquilleo incluso es agradable… Intenta comprender que me refrené, no hice nada hasta que me sentí ahogada. Yo también le amaba, Amanda. Le amaba más de lo que he querido a nadie nunca. Mis depresiones, mis tristezas, todo lo aceptaba porque yo era tu amiga, pero no pude frenar siempre este torbellino que se había creado en mí.
Se hizo un breve silencio donde Amanda lloraba sorbiendo ruidosamente su nariz, donde Clara aprovechó para limpiar su propio rostro de aquellas gotas saladas que manaban de sus ojos. Se colocó bien su jersey, porque tenía frío, y caminó hasta la ventana, viendo a los niños jugar en la calle.
-Le ame durante años, viendolo cuando estaba contigo, feliz. Hasta el día en que ya no lo era, hasta el día en que dejó de quererte. Es un cobarde, no se atrevió jamás a decirtelo… Es cierto, he caído, te he engañado. Pero no pude volver a hacerlo, me he sentido sucia y me costaba contestar tus llamadas, me dolía verte sufrir sabiendo que era yo la causa de tu angustia. Pero no lo sabías… Ha sido mi secreto todo este tiempo. Un secreto que me ha dolido tanto, tanto…
Clara enmudeció, arrastrandose por la pared hasta quedar sentada en el suelo, perdiendo el control sobre sí misma durante un momento. Lloró y gimió, ocultando la cara en sus temblorosas manos.
Miguel tuvo el impulso de acudir hacia ella, pero no pudo, Amanda le necesitaba más ahora. Ella, que estaba prendida de su ropa a punto de desfallecer si le faltaba su apoyo.
Amanda llevaba grandes pendientes y un vestido de sirena verde, estaba incómoda, con la tela arrugada y demasiado ceñida. Tuvo el impulso de quitarselo, de arrancarlo de su cuerpo rasgando las costuras con sus propias uñas, pero se detuvo. Hundió la cara en el pecho de Miguel y sollozó de pura impotencia
-Ha sido mi secreto -repitió Clara calmandose un poco-, pero se ha terminado, se ha acabado, se ha consumido… Jorge se ha marchado y nos ha dejado a las dos solas, no volverá, nos hemos liberado de él. Tú y yo que le amábamos, pero él no a nosotras. Nos utilizó… yo me he dado cuenta, me lo he tenido que arrancar… me ha dolido… como matar las hormigas trepando por mi cuerpo, enrojeciendo mi carne…
Fuera comenzó a llover. Los niños gritaron al verse sorprendidos, corriendo cada uno en una dirección, buscando a sus madres. Las gotas se estrellaban contra la ventana.
Amanda se acordó de todas las noches que pasaron juntas, cuando Jorge y ella habían discutido y corría buscando un taxi en aquella ciudad insensible a sus lágrimas. Corría a refugiarse en los brazos de Clara. Ella siempre le abría la puerta, fuera la hora que fuera, y le calmaba entre sus brazos, acariciando su pelo hasta que, vencido el susto, agotada, se dormía ya más tranquila. ¿Perdonarle? No, a Jorge no, Jorge no tenía perdón, pero ella sí. Clara se mostraba arrepentida, no huía de su casa, permitiendo que se desahogase con ella, que la maltratase. Estaba allí, débil, triste, expuesta, llorando al igual que ella, destrozada, sola. ¿Cuánto debía de haber sufrido? ¿Cuánto? Quizá más que ella misma. Ella que ahora había corrido a los brazos de Miguel, su eterno enamorado, su siempre amigo fiel. Ella estaba en sus brazos, pero Clara no, Clara estaba sentada en el suelo, sin nadie que le limpiara las lágrimas.
Poco a poco se separó de Miguel, quien se mostró algo reticente a permitirle aquel esfuerzo. Amanda le calmó con una leve sonrisa y se limpió la cara. Se volteó y avanzó hacia Clara, quitándose los zapatos de tacón, sentandose junto a ella. Se miraron un instante con los ojos rojos e irritados, luego se abrazaron.

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5 comentarios en “El perdón

  1. tatojimmy dijo:

    Qué prevalece… ¿amor o amistad?
    En el relato has elegido amistad… frente a celos de amor… la amistad vence a la traición…
    Pero puestos fuera de la literatura…¿sería así?

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