De escritores y lectores

Escribir, o dedicarse a esto de las letras, como quien dijo en su día buscando esa modestia quizá innecesaria, no es fácil. No es fácil o al menos a este que suscribe no se lo parece. ¿Qué ocurre? Los genios no nacen, se hacen. Es cierto que unas predisposiciones genéticas aceptables ayudan. Desengañémonos pues alguien más inteligente tendrá una mayor capacidad a la hora de afrontar ese reto de la escritura o de otra de las artes.

Es difícil dedicarse a crear cualquier arte. Parece que no, parece que hay un publico, un gran publico a quien los artistas les parecen cuentistas que vaguean y apenas hacen algo. Siempre ha habido personas que pensaban de esta manera. Siempre las ha habido y siempre ha sido un sector de la población bastante más amplio que el que aprecia la cultura. ¿Por qué? Bueno… no todo el mundo es capaz de apreciar ciertas cosas… pero esto suena a elitista, a una especie de énfasis del sentirse superior y no lo es… al menos no por una parte, pero sí por otra. No, no me hago un lío, me explico: a muchos les puede sonar mal esto, parece algo lleno de prejuicios y de feos preceptos superiores. ¿Pero acaso no lo es? La mayoría de las personas se olvidan, porque estamos muy ocupados, de pensar. Parece tonto por lo obvio que es, pero en una sociedad donde el tiempo nos engrilleta las muñecas, donde todos los aparatos tecnológicos llevan un reloj que nos indique el tiempo para que no podamos llegar tarde o pronto a algún lugar o para ser más eficientes, donde siempre andamos con prisas y tenemos que estar muy ocupados estudiando o trabajando o cuidando de los niños o disfrutando de las vacaciones perfectamente planificadas, en este mundo no pensamos porque no tenemos un periodo de tiempo planificado para ello. No pensar está bien, si no nos preguntamos si somos felices, si no nos paramos a preguntar si estamos tratando bien a nuestra pareja o si actuamos de la mejor manera, si no meditamos si nuestros hijos están siendo educados correctamente, entonces no habrá problema. Es algo así como obviar lo evidente, pasamos junto a ello continuamente, a diario, pero no vemos los problemas porque estamos ciegos yendo a alguna parte. Ninguno de nosotros somos libres pues le pertenecemos al tiempo (o queremos pertenecerle).

Pero parece que me he salido del tema inicial, aunque no es cierto; el escritor, el artista es uno de esos personajes anómalos que piensan por el resto. Lo que pasa es que el arte se ha globalizado mucho y ahí tenemos a autores de masas que dan a su público un imaginario perfectamente masticado y muy sencillito. Bueno, esto no es nuevo, siempre lo ha habido y está bien. Luego tenemos a los otros, los que pretenden crear un “arte” (del tipo que sea) ya no diré novedoso, sino más “virtuoso” y perdónenme la palabra, que es muy subjetiva y equívoca. Estos otros son los “custodios morales” de la humanidad, por así decirlo también, son esa conciencia que habla desde lo más profundo esperando que haya alguien que la escuche, esperando que la razón y los hechos se dignen a prestarle atención. Pero la conciencia nunca ha destacado por ser divertida ni agradable, sino todo lo contrario, suele ser agresiva o al menos irritante.

La cuestión que el artista se debe de hacer es precisamente sobre esta disyuntiva de grupo. Hay que elegir un bando y los dos tienen ventajas y desventajas. Las ventajas del grupo de la gran masa es, precisamente, la fama, los aplausos, el dinero y la buena acogida de la obra; del otro bando encontramos una especie de quintaesencia de lo “sublime” si el autor es exageradamente bueno, (cosa rara y difícil de encontrar, huelga decirlo) o si logra tener algo de esa deseada genialidad, ya sea una riqueza de pensamientos aunque el artista no llega a esa genialidad, será igualmente muy aún así también. La aceptación, eso sí, suele ser mucho menor. El escritor suizo Ludwig Hohl llegó a decir que la fama y la calidad del escritor son inversamente proporcionales. Ahora que levante la mano quien le conozca… pues eso. Sin embargo, ese tipo de frases, y esta no es más que otras, son pura anécdota, pero pone de relieve la sociedad en la que vivimos donde no se aprecia una calidad, un fondo en la obra, al menos no es algo común que la mayoría lectora (o sensible del arte que sea) aprecie. Parece una cuestión a la que muy pocos llegan.

La difícil elección del artista (de aquel que pueda permitirse elegir, claro) será optar o bien por una obra pobre, pero aplaudida o por una más trabajada y poco conocida. El trabajo de la segunda es más ímprobo, pero tendrá la satisfacción de crear algo realmente bueno. La primera requiere menos trabajo, pero por el contrario puede resultar ofensiva para su propio creador, quizá una vergüenza. Ambos géneros son aceptables, sin embargo, sencillamente son distintos. Cada quién ha de decidir en qué lado quiere estar. Alcanzar la síntesis entre las dos sería lo mejor, lo deseable para el artista. Si fuese capaz de engendrar una obra buena, intelectualmente muy meditada y a la vez que el público sepa apreciar (en sus muchas facetas y calidades) sería uno de esos escritores grandes, muy grandes, que la historia ya ha dado. Al fin y al cabo si Shakespeare, Tolstoi, Hesse, por ejemplo entre muchísimos otros, han llegado a ser considerados autores de tal categoría, es porque alcanzaron esa preciada síntesis.

Lo difícil de este mundo contemporáneo, y estamos a principios de la segunda década del siglo XXI, en un periodo que nadie sabe calificar (aunque eso será tema de otro artículo) es que alcanzar ese punto medio partícipe de las dos partes se hace más difícil. Esta sociedad global empuja a los grupos intelectuales a un campo marginado de pedantes eruditos; y al resto de grupos a ese otro campo neutro donde se ignora y no se posee curiosidad. ¿Seremos capaces nosotros, los que queremos escribir hoy, de acercarnos algo a ese punto medio, “virtuoso” aunque no seamos genios? No lo sé, y esa respuesta desalentadora hace peligrar incluso la motivación a la hora de escribir. ¿Alguien nos lee? ¿Alguien nos aprecia? A este que suscribe cada vez le dan más ganas de enfundar la pluma, será que soy pesimista.

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2 comentarios en “De escritores y lectores

  1. Creo que no voy a ser capaz de decir todo lo que quiero, sin hacer un artículo al menos tan grande al que has escrito, y tampoco es la cuestión.
    Empezando por el final, a la hora de dedicarse a un arte determinado, un punto importante es estar a gusto con lo que uno hace. Hacer arte para uno mismo. Si queremos tener audiencia, en un blog, por ejemplo, no sirve solo hacer buenos textos, tratar temas interesantes, sino que hay que darse a conocer, con constancia y dedicación. Si no, es muy difícil que vengan a leerle a uno. Los blogs tienen un código no escrito de conducta, que hay que aceptar, si uno quiere ser leído. Con todo lo que hay para elegir, si no es así, es casi imposible, o cuestión de suerte que alguien llegue a uno, y se quede. sobre todo en cantidad suficiente para que uno sienta que es leído.

    Sobre los distintos tipos de arte, el “al alcance de cualquiera” y el “fino”, pues tampoco estoy muy de acuerdo en esa distinción. Sobre todo en el esfuerzo que lleva cada uno. Porque ¿quién determina el arte con mayúsculas? ¿Hay una medida estándar que pueda calificar a uno como Arte, y a otro como divertimento para la plebe? ¿Puede ser la utilización de un número determinado de palabras distintas? ¿La utilización de la subordinación? ¿Los temas que trata el autor? ¿el adjetivar cada sustantivo con al menos 5 atributos?

    Cautivar a la gente creo que, en sí mismo, tiene mucho de arte. No es fácil.

    Y sobre se hace o se nace, creo que la inteligencia en sí misma, creo que no es la cualidad que más influencia tiene. Pero creo que sin tener unas aptitudes determinadas, por mucho que se intente hacer, no se llegará. Eso sí, si alguien tiene muchas aptitudes para escribir, y no se aprende a idem, será muy difícil desarrollar esas cualidades, y tampoco se llegará a ningún sitio, me parece.

    Ves, queda todo en mantillas… es un tema largo y complejo. Está claro que no llegaré a genio de la expresión escrita… ains.

    besos.
    muchos.
    envueltos.

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