Un hombre soltero


Titulo original: A single man
Autor: Christopher Isherwood
Editorial: Debolsillo

Isherwood (1904-1986) es, a juicio de este humilde servidor, uno de los novelistas más fascinantes del siglo XX. Fascinante por muchas razones, entre otras por el recorrido de su vida, sus amistades (W.H.Auden, A Huxley), su acercamiento al nuevo arte (el cine), su obra donde recoge tanto filosofía oriental como la atmósfera de la Alemania prenazi, y también su manifiesta homosexualidad que es fundamental para entender su obra, ya que mucho del fondo de esta (y ya no sólo en el fondo, también en la “superficie”) se encuentra precisamente en los problemas de los homosexuales en su época.

Desgraciadamente Isherwood es un autor bastante minoritario en nuestro país y del que no se había leído mucho, hasta que el año pasado Tom Ford se adentró en el mundo del cine adaptando, precisamente , la última (y más brillante) obra del autor: A single man.

Precisamente es acerca de esta novela de la que hablamos. Lo primero que entendemos en su lectura es que no se trata de una novela común, encontramos aquí una de esas obras que deberían permanecer, que son, de alguna manera, importantes, destinada a convertirse en un clásico que debería ser leído ya que su calidad es sobresaliente.
La novela nos revela una gran influencia de Virginia Woolf (que en el inicio de la producción de Isherwood era más acusada) y podríamos entender “un hombre soltero” como surgida tras la lectura de “La señora Dalloway”, si bien son textos muy distintos.

La novela trata sobre la vida de George en un solo día, un día trascendental donde (de algún modo) se decidirá su destino. Sin embargo no es algo épico, en absoluto, ni peca de grandilocuencia ni busca sorprendernos con la disertación de su filosofía. Si Ford eligió esta novela y no otra es por la fuerza con la que le afectó su lectura, no es de extrañar. “Un hombre soltero” es una novela sencilla, pero también es una novela de crisis, en el sentido de que el protagonista está inmerso en su crisis. El conflicto interno del personaje se debe a la reciente muerte de su pareja, a la edad, se va haciendo viejo y ello le pesa, a la monotonía de la vida y a los problemas comunes que él, individualmente, tiene. Isherwood escribe sobre las percepciones de George, igual que Woolf escribía sobre las de su Mrs. Dalloway. Una novela, en fin, sobre la vida, sus avatares y, sobre todo, sus riquezas contrastadas.

El estilo es sencillo, expresa mucho con muy poco, en un vocabulario depurado donde nada sobra, donde el narrador interactúa con el lector, contándole la historia de George en tercera persona, como una suerte de observador que comenta esa vida que es exageradamente real, plausible y simple, pero cargada de un fondo, con una trascendencia de sentimientos enorme. Porque nada importa realmente de todo eso complicado que llevamos en el día a día, sino que se trata de la aproximación a la vida de un hombre real. De hecho sería muy iluso pensar que se trata sólo de ficción. Conociendo la obra de Isherwood que haya mucho de personal y autobiográfico en esta obra no nos ha de sorprender y, es más, nos pareceré evidente. De ahí quizá la riqueza y lo cercano de la novela.

Publicado en La biblioteca de Babel el 23 de Noviembre de 2010.

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