1984

Titulo original: 1984
Autor: George Orwell
Traductor: Rafael Vázquez Zamora
Editorial: Austral

1984 siempre será un clásico y George Orwell un autor aplaudido. El mundo terrible que dibuja este genio en la novela es citado hoy en día por tantas bocas que a uno ya le empieza a parecer que no todos se han leído 1984 aunque hablen de él. Cosa que es muy habitual realmente por lo que a nadie le sorprenderá. Sin embargo es muy recomendable su lectura pues, entre otras cosas, es una magnifica muestra de ese género denostado de la ciencia ficción. No es un libro optimista, desde luego, pero es una muestra magnifica creada en los años cercanos de la guerra fría que muestra una distopía en la que el estado se ha convertido en ese “socialismo extremo” que aliena al individuo y que es una especie de broma pesada para Marx, donde su propia teoría se vuelve contra él. Ya no es que algo fallase sino que el propio sistema se convierte en el opresor. Este libro también tiene mucho que ver con lo que Stalin pretendió e intentó en la URSS, pero llevado al extremo y con éxito. Incluso podríamos introducir también las pretensiones de social-nacionalismo.

En este contexto, en mundo sumido permanentemente en una guerra que se nos revela absurda y dudosa, donde todo escasea, encontramos a Winston. Al que podríamos denominar, por comodidad y por lo rimbombante del término: El último individuo. Un hombre que no entiende el mundo en el que vive, donde la realidad se golpea violentamente contra su propia lógica, que encuentra placeres como la belleza o el amor o el sexo como liberadores. En realidad esos mismos actos son auténticos golpes de estado, traiciones a un gobierno que prohíbe pensar y sentir.

Las simbologías son también muy claras, el nazismo perfeccionó la adoración al líder-rey-emperador-dios como icono del movimiento y del país. Así se hace en 1984 donde el hiperfamoso “gran hermano” bien podría ser la perfecta portada al libro, pues refleja claramente todo el contenido de este: el miedo que provoca, el respeto, el amor y la estética que al fin y al cabo enmarca todo y convierte al mundo en una ciudad donde las diferencias son evidentes y asumidas, donde se ha encontrado el perfecto equilibrio con el desequilibrio, donde el aparato del gobierno es tan poderoso que no cabe la esperanza. Es una fase de la historia, además, donde Orwell nos hace adivinar la creación de unos “superciudadanos” completamente del lado del estado, que no tienen escrúpulos en denunciar a sus padres si ven la más mínima muestra de antipatriotismo. Winston, al fin y al cabo, vivió en un mundo previo a este reino del “gran hermano”, y tiene una intuición de que todo antes fue, si no mejor, al menos de otra manera. Es inútil buscar la memoria en los libros, en la belleza, en el arte o en los ancianos, porque todo eso ha sido exterminado, todo ha terminado por ser aniquilado para que el estado pueda gobernar sin dificultades añadidas. El siguiente movimiento hacia esa perfección de gobierno equilibrado y opresor son esos niños abanderados por la educación que les han inculcado.

Este libro es puramente político, la trama, en la que se desarrolla el individuo Winston, junto con el resto de personajes -que son pocos- es casi lo de menos. Lo interesante, en lo que el autor pone el especial énfasis, es en el desarrollo de la sociedad y su forma de gobernarse y ser, puramente. Es algo así como el monstruo perfecto, que se revela al final del libro en todo su esplendor ante ese individuo solitario, como un héroe, un semidios que batalla como tantos otros antes que él. Ese es Winston, él podría considerarse como un salvador un protagonista de película, quizá un tanto gris, pero ya cuando empezamos a leer el libro y vemos lo que hay de distinto en él, cuando notamos su deseo de intimidad, de no ser observado permanentemente, entonces nos llena la esperanza de que quizá triunfe, y conforme avanza el libro esa esperanza nos llena más y más. ¿Lo conseguirá? Realmente parece que si, pero dejemos al lector que llegue a las últimas páginas ante la atenta mirada del gran hermano.

1984 lo dice todo y se convierte en un aviso que clama precaución sobre los sistemas, de un tipo o de otro, la vigilancia de los propios ciudadanos para con su gobierno es crucial. Si hoy se menta tanto a Orwell y a este mundo aberrante es por algo, los cambios que venimos sufriendo a nivel político en lo poco que llevamos de siglo, realmente han sido muchos. No sólo por la “revolución africana” que estamos viviendo en la más inmediata actualidad, sino también por las circunstancias de los últimos años, donde en la misma Europa o en los EEUU se dictan nuevas leyes o se derogan otras, dejando un rastro más bien enrarecido a su paso. Podría ser muy beneficioso que precisamente estuviéramos más atentos ahora, quizá que leyésemos 1984 también y pensemos un poco en este mundo cambiante y hacia donde se dirige.

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