El discurso de Prometeo

¡Ay! ¡Qué mísero! Uno no puede alzar las alas a vuelo seguro habiendo rapaces vigilando el nido. ¿Qué se os ocurre, inmortales? ¿Abandonar al humano ante inolvidables garras y colmillos? Mala idea parece esa si aún queremos y apreciamos el afecto que nos prodigan todos esos que quisimos y nos amaron. Posiblemente ya nadie nos vele, posiblemente nos olvidarán los amigos y la sangre se extinguirá en las venas, tanto como el agua se evapora en las tardes duras de un agosto somnoliento.

Me parece curioso que no haya quien se deje amedrentar por ese impulso terrible que es el saber amar, sin embargo a mí me pesa, me pesa mucho sin saber cómo. Soy feliz porque me comprendo, y así, tristemente, el autor anuncia lo que el lector no comprenda, posiblemente.

¿Como hemos llegado a esto? A este punto en el que ya no nos importan las cosas. A este punto en el que confundimos la guerra con la paz, la vida con la muerte, el día con la noche, en el que el tiempo se nos escapa a nuestras malas pretensiones por atraparlo, por encadenarlo, por contarlo. ¿Cómo hemos llegado al punto de mirar sin ver, oír sin escuchar, vivir sin sentir. Nos hemos vuelto máquinas.

Yo, cuando veo en el mundo los muertos diarios no me acongojo como debería, no me entristezco y no me da asco ver las tripas enrojecidas calentándose al sol. Debo de ser inhumano porque también cuando me acuesto termino por despertar únicamente por el pitido agudo que surge de la máquina con números a la que llamo despertador. Si no lo conectase podría dormir y dormir, inconsciente a esos deberes que debería de cumplir pero que no cumplo. Nuestra vida está llena de nudos que la atan, nudos artificiales que no deberían de estar ahí y que nos restringen la libertad y nos llevan por ese camino difícil que tenemos ante nosotros. ¿Cómo levantarnos? Veros así, gordos, acomodados en los divanes atlantes con ninfas y barbudos titanes que os acercan el vino y la fruta púrpura que se desparrama por vuestras barbas y vuestros senos. ¿Qué sois? Sois, somos ideas. Mirad nuestro estado: yo era Prometeo, el espíritu humano, la propia encarnación de la humanidad. Miradme ahora, como un sucio despojo de lo que fui, como un reflejo de la perversión que hemos dejado que el mundo tome. Y aún así yo seré el último de vosotros en perecer, pero también seré el que más sufra. Yo me consumiré, retorciéndome en la sombra y en la duda, mutando según muta ese mundo a espaldas de Atlas. Yo os veré morir a todos vosotros como ahora nos veo pudrirnos en vida. El hombre nos devorará como herederos de Cronos.

Hemos de forzar el cambio, hermanos míos, hemos de influir en nuestros hijos la fuerza propia de nosotros mismos para que así quede regenerada la sangre, sabia portadora de la herencia de nuestras filosofías. Ha de renacer un Platón que sea Padre del nuevo mundo, hemos de tener a un Aristóteles que contradiga al padre y así han de venir todos esos grandes nombres de nuevo, distintos, con distinto dogma, pero fuertes y venerados. Esos semidioses son tan necesarios como la esperanza de Pandora. El mundo ha perdido la desdichada caja y hasta que no la encuentre vagará en las sombras como ya lo hace, hasta que el tártaro se abra definitivamente y se trague todo rastro de razón y vida.

Hermanos míos, padres de mi inspiración, protectores de mi intelecto, guardianes de mi sufrimiento: yo acepté la tortura para salvar al hombre y de nuevo la aceptaré si es necesario. Todos debemos de sacrificarnos para que el brote renazca y ciña como hiedra el tronco de la humanidad, succionando su mal y permitiendo que su propio sentido se reestablezca para que nuevas hojas puedan cubrir sus ramas desnudas, para que nuevos frutos sean recogidos, para que haya un futuro y no sólo la seca muerte amparada por Hades.

Hermanos míos, abrid los ojos; alcemos las alas valientes por nuestro linaje y remontemos el vuelo para dar sombra al mundo que ya no nos espera pero que sí nos necesita.

Anuncios

Un comentario en “El discurso de Prometeo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s