Del pathos

El pathos se encuentra en lo más oscuro de la historia del hombre. Es, quizá, la más primigenia, la más visceral; son las raíces de la vida que se nutre del miedo. Semejante savia, cuando asciende desde los más profundo, se esparce en los peores momentos, inoculando las venas de esa sustancia extraña.

El Pathos es el hades del alma, aquel lugar triste, húmedo, maligno, sádico, que está lleno de crueldad. El pathos es una caverna donde se oculta todo el dolor que padecemos en nuestra vida, hace las veces de tanque para almacenar ese líquido amargo y también de cadenas que nos sujetan y exponen al Águila maltratadora encargada de devorar nuestros ojos si nos revelamos o sólo picotear el hígado si nos mantenemos sumisos.

Hoy mismo hace tan solo unas horas el pathos se ha liberado atándome las muñecas, convirtiéndose en Dios y mundo. Hoy, día de bochorno y tormenta inminente, hoy temo y gimoteo, desesperado, dolorido por la noticia de un abandono, de una marcha que no tiene paliativo… Con gusto buscaría un lugar tranquilo donde esconderme de mi mismo, pero ese lugar no existe y olvidar es un lujo reservado sólo para los dementes. No, hoy toca padecer el dolor donde sol, oscuridad o ambientes sombríos y apenas iluminados me molestan, me hieren en la retina y en los pensamientos. Yazgo tirado como una alimaña sobre el enlosado, sin confianza en mí mismo, con la savia envenenándome de pathos todo el cuerpo, paralizándome… aquí me encuentro con todas mis querencias rotas y la afirmación tremenda de que no hay salvación, de que todo se terminó pese al intenso sentimiento que nos unía. Pero no equivoqué, pues parece que aquello sólo existía por mi parte, aunque no de la suya. He sido un necio, un ciego que esperaba lo imposible, esperanzado en el día en que alguien llegase y pudiese hacer el esfuerzo de ver más allá de las primeras capas de mi ser y que aceptase todo lo que se oculta bajo la piel y los huesos. No ha sido así, en su descubrir ese “otro” que hoy ha huido se topó con el pathos como un paseante se encuentra un abismo en medio del campo.

El pathos es ese sentimiento cuajado de gusanos que nos infunde los más terribles deseos y las más terroríficas pesadillas. Nos impulsa en las violaciones, en los asesinatos y es, al mismo tiempo, el que luego nos hará padecer el remordimiento, el miedo, la angustia y el dolor. Él es la fuente de todas las lágrimas y, si se pudiera extirpar como un órgano maldito o un cancer horrible, se haría en el mismo momento en que nacemos. Quizá entonces fuese posible crear hombres buenos. Hombres que, aún en la creación de sus filosofías o en el feliz padecimiento de sus deseos, fuesen capaces de esa felicidad que no se entiende y de comprender, al mismo tiempo, un mundo que estaría creado para todo lo bueno, iluminado por brillante luz blanca, amparada por afilados bisturís. Todo eso es una utopía, la realidad es que hemos de vivir bajo el dominio del pathos como esclavos ante su amo. No habrá jamás modo alguno de escapar de su influjo pues se trata de nuestra misma naturaleza, de parte de nosotros mismos.

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