Migraña

Algo me pasa… los colores me queman en la retina, la luz me aterra, las personas me molestan con su mera presencia y roto como un planeta perdido. Lo peor son los espejos porque los miro y tal faz me turba y es la mía. Mi cara envejecida, tosca, cincelada por algún demonio cruel con un sentido irónico y de humor raro, sádico quizás… pero es la mía y en este mundo de extrañas sombras y sinsabores hasta hay alguna que otra persona que se excita con mis facciones y me aprecia y me intenta querer. Craso error, pobres infelices…

Es muy difícil apreciarse uno mismo. Todos tenemos muchas pequeñas cosas que nadie más conoce o que sólo conoce en parte. Por mucho que uno se esfuerce en contarle a otro todos los puntos de su vida siempre habrá sensaciones, sentimientos, pensares, que serán inexplicables. Eso es algo bueno, pues nos convierte en lo que somos y nos hace individuos irrepetibles.

En mi caso, me he transformado en lo que soy por unas circunstancias y soy imperfecto en grado sumo, he creado un espíritu en consonancia con el físico: avejentado, oscuro, cerrado e insidioso. Es difícil entenderme y mantener una conversación conmigo debido precisamente a ese carácter de nigromante huraño o científico perturbado. Soy hierático en mi retorcida forma y parece difícil que alguien vaya a querer una persona así a su lado. Por culpa de este modo de ser me he perdido muchas cosas, muchos placeres sobre todo. Envidio esas relaciones entre jóvenes con celos y problemas mundanos porque yo no lo he tenido, nadie me ha querido de esa manera caprichosa, juvenil, apasionada… Creo que es difícil decir que alguien me haya querido en realidad al margen de mis pobres progenitores; hablo de un amor grande, de un “amar” más que de un “querer”. Quizá eso no ocurra nunca y yo he de seguir, he de apreciarme y de esperar –siempre lo hago- que cada nueva pareja que me sorprende acercándose a mi sombra, tomándome de la mano, pueda llegar a tal altura. Hasta ahora los desastres se han ido acumulando en un sórdido rincón donde ya ni me lamento ni lloro. ¿Cómo aceptar una criatura que ni se entiende a sí mismo?

Y ocurre, aparece una persona, alguien a quien amaríamos, y nos muestra una vida con ella… todo eso que no hemos tenido nos da igual porque es tan especial que lo colma todo. Hasta que se termina y nos dejan riendo, como aquel payaso, sobre su amor destrozado, sobre el dolor que envenenaba su corazón… así hasta que termina la comedia, hasta que el mundo deja de girar… Todo una y otra vez, como en un carrusel: llegan las bromas, los comienzos, las conversaciones, los ojos ávidos, las manos exploradoras, los besos tiernos e inocentes, la pasión desmedida de luego, el descontrol del deseo inaudito, las esperanzas, el declive irremediable, el engaño de uno mismo, el engaño al otro, las discusiones, los pérfidos retratos de la imaginación exaltada, el fin ya anunciado, el remordimiento, la pena profunda, el lloro, la ira, el odio hacia el otro o hacia uno mismo y la paz rencorosa del después que se afila a su nombre o presencia. Siempre así, siempre igual, siempre sin inmutarnos.

Tengo ganas de vomitar, nauseas. Noto la tarántula de la migraña cruzando mi cara, paseando con lentitud sobre mi cuenca izquierda, clavando ahí su veneno, posándose sobre mi cerebro como si construyese su tela del dolor de mi sangre. Lloro no por pena o por pasión alguna, lloro de dolor. Quiero oscuridad, la necesito y huyo y me refugio en la cama, colocando mis rodillas cerca del pecho. Vuelve ahí a aparecer ante mí el propio rostro, la máscara mortuoria y desfigurada. Él, que soy yo, se ríe de mí, se descojona carcajeándose de mi pobre y triste figura, de mis aspiraciones mundanas, mortales, humanas… Me llama, me llamo, miserable.

¿Soy un miserable? Quizá sea un desgraciado, una tormenta que no puede subsistir entre nubes blancas ni tampoco puede acercase a los de su calaña por la fuerza terrible de destrucción que se crearía. Miserable…

Y de repente estallan los fuegos de artificio con fabulosos colores y ruidos y brillante fuego dorado y único. Dios, he de gritar. Grito. Nadie me oye.

Noto el latir de mi corazón en la cabeza, desbocado, sangriento. Mi visión es roja, veo el mundo escarlata y es la oscuridad. Ya no puedo soportarlo.

Corro hacia el baño, tropezando en la oscuridad, golpeando mi cuerpo blando contra los muebles. Llego, está oscuro, no enciendo la luz, abro el grifo frío y jadeo mientras se llena el lavabo. Sin pensarlo metro mi cabeza y el alivio es instantáneo… Lo agradezco, salgo a respirar y repito el proceso hasta que me calmo, hasta que ya no noto mi corazón en las sienes, hasta que la tarántula parece amedrentarse en su intento letal.

Me seco la cara, dejo salir el agua y entonces allí, frente a mí, en la casi absoluta oscuridad de la casa, veo el espejo y me veo a mí frente a él. Mi cara… mis facciones… detrás de ellas mis pensamientos, mi carácter, soy yo.

No es posible… me dejo caer al suelo sin fuerzas e introduzco mi cabeza entre mis brazos…

Hay una voz que me repite con cierta satisfacción la misma palabra una y otra vez.

Miserable…

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5 comentarios en “Migraña

  1. Ana dijo:

    No se deben tener esos sentimientos sobre uno mismo, hay que intentar eliminarlos cuanto antes. Yoga, Relajación, meditación.
    Eres una persona estupenda y no un miserable, de aspecto agradable. Debes echar esos sentimientos fuera de ti.
    Según mucha gente eres alguien estupendo y digno de conocer; no te hagas daño y esfuérzate en que se vayan.
    Un beso.(no te preocupes tanto por la gente, dejate llevar con alegria)

  2. Dany dijo:

    Bueh, yo ya m he cansado de decirte que así sólo te ves tu, pero ya sé que mi opinión no importa porque soy un niñato.

    mah si fueras tan miserable no habrias conseguido que me riera esta mañana en mi ofuscacion 😉

  3. PABLO dijo:

    ¡Muy valioso lo que dices!
    Te recomiendo una página donde puedes encontrar información de nuevos tratamientos sobre la migraña. Me ha resultado interesante porque sufro dolores de cabeza intensos y cada día me siento mejor sin recurrir a medicamentos. Puedes ver la información en http://www.biofuncionalismo.com

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