España en París

Este sábado me acerqué por el museo de l’orangerie donde se exponen los famosos nenúfares de Monet de gran formato. Es un museo pequeño, no tan conocido como los grandes de París y que es muy agradable visitar.

Pero este artículo no versa sobre su colección permanente, sino sobre la exposición temporal que ahora mismo alberga en sus salas. Bajo el título de: “España entre dos siglos” el museo plantea una interesante revisión de la historia de España en torno al cambio del XIX al XX. Me gustaría dejaros una traducción de las primeras líneas del folleto, que creo que es interesante:

En el final del siglo XIX, en una Europa en plena mutación, en marcha a través de un mundo abierto a las nuevas tecnologías y a nuevos modos de pensar, España permanece fija en una sociedad cerrada, sombría, impregnada de leyendas ancestrales y marcada por las tragedias sociales que describen Théophile Gautier o Eugene Delacroix. Víctima de guerras y de inestabilidad de poder después de 1820, el país está enfangado en una crisis profunda.

La traducción es propia por lo que pido disculpas de haber alguna incorrección. Dejando a un lado las cuestiones técnicas, después de leer este fragmento podríamos hacer un guiño al momento en que estamos viviendo. Quizá esta exposición llegue en un buen momento para nuestro país, pues el arte es una demostración de nosotros mismos, una lectura, y leerse es buscar comprenderse. Sin duda a España le queda un largo camino que emprender en estos parajes, pues siempre ha manifestado una especial pereza a la hora de ejercitar eso que tiene sobre los hombros. Evidentemente hay muchos individuos que se salen de la norma general, pero ya se encargará el conjunto de hacerles callar. ¿Es el dogmatismo de la estupidez, simple ignorancia o quizá envidia hacia ese don maravilloso que es la razón? La lucidez sin duda es un término desgastado, pero en nuestro caso desgastado por el abandono y el manoseo superficial.

Que España necesita pensar es obvio, la crisis que afrontamos no es sólo una crisis económica y ahora también política, lo es de pensamiento, de concepción, casi podríamos decir que se trata de una crisis ontológica. La ontología, como sin duda se sabrá, trata la noción del ser, entre otras cosas, pero esta es su fundamental. ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos aquí? Estas preguntas ha de hacérselas este “crisol” o “útero” de civilización que se ha creído Europa durante los siglos pasados. El cambio es fundamental porque si no consigue juzgarse a sí misma, si no consigue comprender qué realidad puede o no desempeñar ahora, entonces caerá en la perdición. Europa está tocada y parece difícil que se vaya a hundir, pero puede. El pensamiento no es menos importante que la economía; sí, es cierto que antes parece que hay que conseguir buenos alimentos (economía) para cebar al cuerpo (el mundo político) ya que este se encuentra enfermo, pero no se nos olvide que el cerebro está congestionado y más en España.

El caso de nuestro país debe de ser único en el mundo, estamos obcecados. Arrastrábamos una maldición que en los ochenta parecía haberse terminado, que en los noventa nos dejó respirar, pero que en los dos mil nos devolvió su jugada. No, en estos veinti y pocos años de “bonanza económica” no ha cambiado nada. España sigue siendo la de siempre, atada a los mismos demonios. ¿Qué es España? ¿Qué hace aquí? El día que nuestro país se lo pregunte puede que por fin se rompa el hechizo y quedemos liberados, por lo pronto no parece que semejantes cuestiones vayan a estar entre las medidas de un gobierno que, no nos engañemos, nace y va a vivir sin romper el cordón umbilical que lo une a Alemania.

La esperanza podemos depositarla en la exposición de l’orangerie, donde se muestra a Joaquin Sorolla y Bastida, Ignacio Zuloaga y Zabaleta, Dario de Regoyos, Salvador Dali, Joaquín Mir, Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Joaquim Sunyer, Pablo Picasso y Joan Miró. Todos grandes de nuestro país y, excepto los obvios, también bastante ignorados. Asimismo el despliegue de lienzos se completa con conferencias, lecturas, encuentros y conciertos. Es decir, surge un pequeño satélite de personas que se interesan por nuestro país, que estudian y reflexionan sobre arte y también sobre España. La recomendación a las salas del museo es obligatoria, igual que a cualquiera de los eventos que se organizan. También hay que hacer notar que el comisariado de la exposición es compartido entre Marie-Paule Vial, directora del museo nacional de l’Orangerie y Pablo Jiménez Burillo, director del instituto de cultura fundación Mapfre.

Parece que la reflexión se está llevando a cabo, pero no nos olvidemos que la mayoría de estos artistas huyó de España para crear y para pensar, y tampoco olvidemos que esta exposición no la recogen nuestras fronteras sino que son las de Francia las que la dan cobijo. ¿Si en el corazón de París se piensa en España, por qué en España no se piensa sobre sí misma?

Actualizaciones y futuribles

Una vez terminado el cambio de aspecto, que espero que os guste mucho y que os anime a la lectura, no puedo evitar no mencionar los resultados de la encuesta que os hice en el blog.

Inicialmente quiero dar gracias a aquellos que piensen que todo está bien como está, sin embargo me he dado cuenta, también por comentarios tanto públicos como en privado, de varias cosas:

La primera es que me pedís más calidad en los textos; es algo que entiendo, si no creyese que pueden ser mejores no habría dado la opción en la encuesta. La verdad es que por dignidad la categoría que agrupa la mayoría de los textos que escribo aquí se llama “a vuelapluma”. Que quiere decir, como sin duda sabéis, que es un texto hecho en el momento, apenas revisado. Para mí esto es necesario ya que es difícil mantener un buen ritmo de publicaciones y a la vez trabajar mucho los textos. Si lo hiciera todo no viviría, ya que todo mi tiempo libre lo dedicaría a la escritura. De todas formas os haré caso: intentaré publicar cosas más terminadas a partir de ahora mismo.

Por otra parte habéis pedido más sobre el autor. La verdad es que dudé en añadir esa opción, pero visto que es así intentaré dejar comentarios sobre mí mismo y mi vida más a menudo. Los encontrareis dentro de una nueva categoría llamada “Cuaderno del autor” que comenzará con la primera publicación que haga y cuyos títulos empezarán todos por “Entrada NºX”. Espero que os guste, aunque evidentemente todo lo que escribo sigue teniendo algo de mí, aunque en ficción sea difícil encontrar esa parte. Y es que, como decía mi sobrecitado y querido Borges, “yo no puedo escribir sino de mí mismo, pues no conozco nada más”.

Por último, refiriéndome a esos mensajes, se me critica que no pongo emoción a mis textos. Bueno, agradezco mucho esta crítica, igual que cualquiera que se me haga desde una buena perspectiva. Las críticas y los comentarios ayudan a poner otros puntos de vista sobre la propia obra y también a darse cuenta de nuestros puntos débiles e intentar mejorarlos. Intentaré, en esa revisión especial que he dicho que voy a ponerle a los textos, ser algo más sentimental o sensible a la hora de redactarlos. Sin duda es algo que me cuesta y que debo trabajar, así que espero que poco a poco se note ese cambio. Además, os animo realmente a comentar más en el blog, ya que me ayuda mucho.

Ahora con respecto a las actualizaciones del blog en esta “nueva etapa” diré dos cosas sólo: La primera es que las imágenes (ahora únicamente hay una) que encontrareis en la columna de la derecha son un link que os llevará hasta mi página de Flikr donde podéis “descubrir” el resto de la imagen y leer un pequeño texto inspirado en ella. La segunda cosa se refiere a las páginas de arriba “Sobre el autor” “A vuelapluma” “Relatos” “Reseñas” y “contacto” que han sido o serán revisadas. Hace tiempo que modifiqué “sobre el autor” que antes se llama en latín “ego sum” (yo soy) Ahora he puesto al día el resto de páginas (os invito a echarlas un visitado) menos “A vuelapluma”, esto es así porque hay más de cien vuelaplumas y he tenido que considerar cómo voy a hacer la recapitulación, finalmente me he decidido por un tipo alfabético con “Köhner” con una mención a parte por su carácter de serie. Las tres páginas que sirven como archivo, pretenden que podáis tener acceso rápidamente a las publicaciones antiguas, quiero que todas tengan una breve descripción de su contenido para que podáis elegir si os gusta un texto y leerlo. En el caso de “Relatos” y “Reseñas” ha sido sencillo porque no hay demasiado contenido, pero “A vuelapluma” irá poco a poco. Espero que tengáis paciencia y que os ayude todo lo que intento hacer.

Nada más por ahora, muchas gracias por vuestras visitas y vuestra participación, ya que esto lo hago para vosotros.

España vota

Había dicho que tardaría una semana en publicar y aunque sigo con “problemas” técnicos he querido hacer un alto o más bien me he visto obligado a ello.

Para el lector espabilado, el título de este texto no le pasará desapercibido. “España vota” es el lema que el PP ha adoptado de cara al domingo. Tienen toda la razón, el país vota y quizá en su elección más dura después de aquella primera vez, ya muerto Franco.

Hoy es jornada de reflexión y este que suscribe, que habla aquí de cuando en cuando de cultura y de política, que habla de lo que pasa en España, no puede dejar de reflexionar hoy, sería una suerte de traición porque yo, igual que cualquiera que lea este blog, es un animal político. No nos queda otra, lo somos, incluso en la ignorancia, (elegida siempre, porque eso se elige y no vale ninguna excusa) somos políticos porque vivimos en sociedad; porque aunque queramos sentirnos ajenos a todo este entramado, no podemos. Es ese monstruo del que hablaba hace unos día en “el cinco de noviembre”. En ese artículo mencionaba la aberración del estado y pedía pensar en ello, en los poderes que nos atan mientras nosotros somos mansos corderitos que se dejan encadenar.

La jornada de reflexión parece pura hipocresía, a estas alturas todos sabemos a quién vamos a votar ¿sí? Para los familiarizados con los medios de comunicación les aconsejo ver los videos de Iñaki Gabilondo en su sección de El país digital. Sobre todo este y este, que me parecen interesantes para no olvidarnos de que el juego ha cambiado: ya no es el que parece y todavía se juega con las apariencias. Como buenos prestidigitadores, nuestros malos políticos nos siguen queriendo hacer ver que son ellos los reyes de esta época, los señores de la democracia. Es cierto que la democracia ya no es lo que era, poco a poco se está convirtiendo en una plutocracia, pero en una velada. ¿Acaso alguien pensaba que unos señores con sombrero de copa y billetes en el fajín iban a aparecer en la televisión y presentarse a las elecciones? ¿Por qué? ¿Por qué arriesgarse? A no ser que se tenga mucho dinero y muy poca vergüenza, a no ser que medio país sea tuyo, o seas Silvio Berlusconi, la posibilidad de perder no merece la pena. Por otra parte Turquía pretendía adoptar una ley hace meses que regulase la corrupción de los políticos; no que la detuviese, sino que estas personas no pudieran ser juzgadas por esos delitos. España va por el camino de Italia y de Turquía, a il cavalieri le han echado para lavar la cara, pero muy ingenuo se ha de ser para pensar que este hombre no va a manipular todo lo que quiera y siempre en su beneficio.

Pero vamos a nuestro tema, a España, y sigamos reflexionando. Si la democracia ya no es democracia, si nuestros políticos se arrodillan ante fuerzas mayores de esa comunidad de la que formamos (orgullosamente, claro) parte, y que a su vez se doblega ante amos más poderosos, ante los hombrecillos de las chisteras (hombrecillos que tienen un poder muy ambiguo, porque ellos pueden desaparecer pero demonio al que representan no) ¿No os recuerdo a algo? Porque a mí sí, quizá por una sentimiento propio siempre tengo en mente a Jaime Gil de Biedma y a sus versos sobre España. Versos que más de una vez yo ya he mencionado y que sobre todo me gustaría recordaros en “La maldición de España”. Eso fue en Abril y hoy me parece una fecha muy, muy lejana, ya entonces trataba este tema y es que en España algo va muy mal. Algo huele a podrido en Dinamarca, decían en la famosa obra de Shakespeare, pero en España Hamlet se ahogaría por la peste. España, ese país de todos los demonios. El poeta, Biedma, lo vio hace cincuenta años en el Franquismo. Es cierto que tenía en mente demonios menores pero cómo es posible que no haya cambiado esto. Sí, hoy admitimos que el malgobierno es culpa de personas, pero personas endemoniadas, poseídas por serpientes que representan intereses de una minoría y que ahora incluso ellos se estremecen ante la mirada siempre vigilante del gran hermano monetario, el gran dios oscuro, el demonio, Satanás. Hemos vendido todo al diablo, este es su siglo y somos sus amantes esclavos. ¿Queréis saber por qué? No me interesa ya Europa, porque ella tiene otras culpas, hablo del por qué de España. Esto ha ocurrido por nuestra culpa, porque somos democráticamente culpables, porque no hemos sabido hacer nada al respecto, porque no sabemos nada. ¿Cuántas personas conocéis a las que les importen las ideas? ¿Alguna que disfrute pensando? Son tan pocas que da miedo, España es un país ignorante y el dolor de decir esto es enorme cuando se escribe en español, pero lo que es peor es que esté orgullosa de ser ignorante. No sabemos nuestra propia historia, nos rodeamos de personas que empuñan frases banales en las redes sociales y se afilian a partidos políticos que no entienden.

Pero volviendo a las elecciones y echando una mirada rápida al ambiente político nos daremos cuenta de que el 15M y las propuestas de no votar a los partidos mayoritarios perjudican más, mucho más, a la izquierda. Las personas normales, la calle, el pueblo que se suele decir, culpan de la crisis al PSOE por ser el partido en el gobierno. Y es cierto que sus políticas para enfrentarse a la crisis han sido muy malas y no se merecen nuestro voto. También es cierto que el PP se ha pasado dos legislaturas sin decir nada, atacando una y otra vez esperando que la presa estuviera bien debilitada; han hecho una oposición extremadamente hostil, pero son la alternativa, el gran cambio. Se ha vaticinado que el PP nos sacará de la crisis porque esta trata de lo que mejor saben hacer ellos: de economía. Bien, aceptemos esto, sí que es posible que tengan una mejor habilidad con la economía. ¿Pero es que no nos importa el precio? ¿Alguien se ha leído el programa del Partido popular? A este que firma abajo le da miedo ese documento. No dicen nada, hablan con vaguedad, de nuevo con prestidigitaciones y se desdicen de lo poco de los derechos sociales que decían que iban a mantener. Todo es posible con ese programa electoral y encima dicen que quizá nos molesten las medidas a adoptar, medidas que ni se mencionan ahora explícitamente por miedo a perjudicar el voto.

Sobre los partidos minoritarios no hay aquí espacio para hablar. Sabemos que es imposible que suban al poder porque el sistema electoral favorece el bipartidismo, esto ha de cambiar si queremos una verdadera democracia, pero no ahora, ahora tenemos una cuestión mucho más urgente. Estas elecciones tratan de cuánto estamos dispuestos a pagar por “salvarnos” de la crisis. Mucho me temo que la respuesta sea “todo” y que consecuentemente gane el PP, algo de lo que nos hemos de lamentar porque será devolver las riendas de España a esos demonios que maldicen nuestro país.

Hemos sido un gran país que ha terminado siendo sombra de su pasado. Nos hemos consumido en la ignorancia y vamos a dar nuestra libertad a un partido que sí, que nos sacará de la crisis, pero mientras nos pone los collares al cuello y da sus correas a la gran entidad que ha provocado todo esto: al sistema económico, el mayor Leviatán de todos. Ese demonio que ha de ser cambiado pero que se resiste como jamás ningún otro se ha resistido.

España vota, España tiene una cita con las urnas : esas son las máximas de ambos partidos y por una vez hemos de hacerles caso de verdad. Votar es necesario, si bien cada uno a aquel partido que prefiera, pero lo importante en votar, aunque sea nulo. Nunca en blanco y nunca abstenerse.

Hoy es la jornada de reflexión, un servidor no habla con un mayor fin que el fomentar el ejercicio de pensar. Quiero decir con esto que yo no pertenezco ni a un partido ni a otro, mis ideas políticas van más allá de eso y no pido el voto para ninguna facción. Pero mi opinión particular es que con el PP seremos esclavos y con el PSOE no sabemos qué vamos a ser. Personalmente yo aprecio demasiado la “libertad” entrecomillada de la que gozo como para venderla; prefiero arriesgarme a la duda aún con lo temerario que esto es, porque la duda, como Borges decía, es otro nombre para la inteligencia.

Parada técnica

Me he fijado, el noviembre pasado fue cuando cambié el aspecto del blog. Ahora estamos en noviembre otra vez y vuelvo a cambiarlo, no era algo premeditado, sino simple hartazgo de ver lo mismo. El problema es que no me queda claro qué tema dejar.

De todas formas este post más que para notificar un cambio obvio, es para comentar que durante unos días el blog permanecerá inactivo, al menos en cuanto a publicaciones se refiere. Posiblemente haya uno o varios cambios de aspecto o quizá se quede el actual, no lo sé, todo dependerá de la oferta que encuentre en la red.

Para que la espera no sea tan terrible os invito a dos cosas: la primera es participar en la cuesta de la derecha, donde podéis opinar sobre el contenido del blog. La segunda invitación se refiere al pasado; posiblemente los “vuelaplumas” antiguos o no se recuerden o directamente no se hayan leído así que os dejo aquí algunos enlaces.

Nos vemos más o menos en una semana.

Lupus, la carrera del lobo solitario

J.C.Adam, El bueno de Adam siempre las traía locas a todas

La razón de la máscara, Oscar Wilde se esconde en las esquinas y también está en las máscaras

Calibán, para los más románticos el fragmento de una carta de amor.

Indubitable, la guerra entre el ángel vencido y el demonio vencedor, y es que no siempre gana el bien.

La hierba roja

-¿Ya es medianoche?

Luis se da la vuelta, le ha pillado por sorpresa, ve a Ernesto desnudo, tapándose con la sábana el cuerpo. Aún tiene los ojos ligeramente hinchados y se los frota con la mano libre.
-Sí, vuelve a la cama.

Ernesto le ignora, se acerca a él, observa la ventana igual que estaba haciendo Luis antes de que le interrumpiera y se apoya en su hombro. Bosteza.
-No hay estrellas –dice.

Luis observa el cielo, la luz apenas ilumina el jardín, vive en un lugar algo alejado de la ciudad, lo suficiente para poder ver las estrellas, pero Ernesto tiene razón.
-La noche está nublada. –dice Luis, menciona lo obvio, Ernesto cabecea.
-¿Hay algo de comer? –Dice separándose, caminando hacia la cocina.
Luis sonríe al verle andar con la sábana:
-Pareces Calígula.

Ernesto frunce el ceño divertido, se sienta en un taburete y coge una manzana, la da un buen mordisco y mastica.
-¿Qué haces levantado?

Luis le mira, se acerca a él. Apenas hay luz en esa parte de la casa, les ilumina el exterior y las dos lámparas encendidas en el salón, nada más. Apenas pueden distinguirse, solo se aprecian el uno al otro como siluetas. El perfil de Ernesto lo dibuja la luz amarillenta, parece sacado de una fotografía; Luis no es visible para el otro, lo distingue contra el ventanal como si fuera una sombra sólida.
-Pensaba en la hierba roja… –musita Luis, pero el gesto del chico rubio frente a él le revela que no entiende qué quiere decir. Quiere preguntarle, pero tiene la boca llena de fruta, él se adelanta y le explica- La hierba roja es un libro de Boris Vian.

-No lo conozco -consigue decir por fin Ernesto. En realidad el chico apenas sí lee, lo suyo es el dibujo, tiene una maestría única que fue lo que a Ernesto le atrajo de él en la galería. ¿Cuánto hacía de aquello? Por un momento Luis se lo pregunta, cree que hace un año. Tiene la imagen perfectamente grabada en su memoria. Salió a fumar por las puertas de emergencia. Aunque hacía frío había muchas personas allí haciendo lo mismo. Encendió el cigarrillo y observó a quienes tenía más cerca: la mayoría eran jóvenes con grandes abrigos, con gafas de pasta, perillas muy pensadas, patillas enormes y cortes de pelo estrafalarios o sencillos pero adornados con gorras o sombreros. La mayoría vestía “formal” y casi todos se creían dueños de un estilo propio. “Modernas” le susurró un amigo con el que había ido a ver la exposición y Luis sonrió. Allí fuera, en la oscuridad estaban todos perfilados por la luz amarillenta del interior, igual que lo estaba ahora Ernesto en su cocina. En aquella semioscuridad, llena de extraños haciendo el mismo gesto de llevarse los dedos a los labios, le vio por primera vez. Ernesto se acercó a él pidiéndole un cigarrillo y se quedaron hablando casi media hora. Así empezó todo, con un poco de humo.

-¿Luis? –le pregunta Ernesto- Te has quedado tonto.
-Perdona…
-¿De qué va el libro? ¿Por qué piensas en él?
-¿Vivir sin pasado implica no tener futuro?

Ernesto está confundido, mueve la cabeza ligeramente para despejarse y mira a Luis.
-¿Qué quieres decir?
-El libro de Vian trata sobre eso…
-¿Y qué significa?
-Se pregunta si podemos existir sin errores, sin remordimientos, sin recuerdos, si ponemos vivir únicamente en el presente y si eso implica que no tengamos futuro.
-Un presente eterno.
-Exacto.

Ernesto asiente, se levanta y tira los restos de la manzana a la basura, se limpia las manos y bebe un vaso de agua. Luego se acerca a Luis y se pone de puntillas para besarle en los labios. Sabe que él tiene miedo a sus años de adolescencia, de juventud, tiene miedo a sus padres y a sus hermanos; es un miedo enrarecido, absurdo, que lleva encerrando mucho tiempo y que desearía arrojar a algún pozo sin fondo. Al mismo tiempo son parte de él, todos esos malos recuerdos le han hecho ser como es ahora. Ya no miente, pero le ha costado ausencias en su presente que no sabe por qué, pero le duelen.

Ernesto le coge de la mano y le lleva paseando por la casa.
-Vamos, la cama nos espera.

Luis se deja llevar, se deja desnudar y se acuesta al lado de Ernesto, que le besa los párpados y le desea buenas noches. Luis se duerme abrazado y no sueña.

El genio

Su vida fue una exaltación de lo oscuro, una metafísica de lo incognoscible. Aquello que oculta las sombras y la nada es lo más difícil de observar, y si uno no puede ver mucho menos logrará entender.

De ese útero umbrío nació él. Hecho que siendo niño ya atrajo la atención de los adultos capacitados con ese extraño don de ver más allá de la vulgar juventud.

Sí, sus mejillas fueron sonrosadas una vez y también jugó, igual que gateó, se arrastró por los suelos porque hasta el más puro de los hombres, hasta la mejor creación del hacedor no se libra del vestigio animal de la infancia.

Ese niño fue como todos, pero cuando le llegó “la edad de la razón” ya advirtieron en él la mirada fija, fría y absorbente, una mirada llena del fanatismo de quien mira una biblioteca pensando en el momento en que haya consumido todos los volúmenes.

Rápidamente destacó en los estudios, parecía difícil que fuese a suceder lo contrario. Eso no resultó extraño, lo impresionante fue el acto a continuación: escribió. Su escritura no fue genial pero sí muy aguda, no se enredaba en literaturas sino que plasmaba sus pensamientos, sus interpretaciones. Un compañero lo apodó el “exégeta” y él se molestaba sin mucho conocimiento, orgulloso de su propia destreza.

El padre anciano murió y se convirtió en un mito más dentro de su vida, pero un mito propio, que le acosaría sólo a él en los días que pensase sobre la muerte. La madre se agostó durante muchos años pero se mantuvo entera, sólida, demasiado inoportuna en sus juicios y sin permitirse nunca la duda. Ella fue un pájaro desconsiderado, una escultura tosca que nunca comprendió la sombra que había hecho crecer en su vientre.

Él perdió la lentitud de la vida en aquel momento, se inmiscuyó en el prólogo de lo que vendría a continuación. Le elevaron sin que él lo pudiera esperar, le cedieron el sillón en el medio mismo de Europa, en una universidad boquiabierta con su joven mirada. Se sentó e impartió las clases a jóvenes de su misma edad que se preguntaban por qué ese extraño profesor no estaba sentado entre ellos. Le admiraban, alimentaron su ego y el dejó que lo hicieran mientras escalaba en logros sin demasiada dificultad.

No amó demasiado, buscó en la prostitución los alivios naturales, pero no tendió lazos con ningún hombre o mujer. Sus amistades le tenían en un lugar apartado de ellos, le miraban siempre desde la lejanía de la tercera persona y decidieron, por una de esas casualidades inspiradas en el orgullo de ser el nexo entre dos grandes personajes, presentar al joven genio un viejo maestro, igual de inteligente, igual de elevado por otros.

La chispa se prendió en seguida y durante años la enfermedad del joven alimentó la complacencia del viejo hasta que la amistad encontró un fin extraño, envilecido. Él, joven prometedor no pudo soportar más años de sillón y bocas abiertas, de monotonía bajo los pórticos de la universidad, de lluvia casi germana. Estaba harto de las cenas en casa del maestro, de las eternas charlas sobre filosofía, sobre modernidad, sobre lo antiguo y lo futuro. Se desesperó y huyó lejos de todo, abandonando la seguridad, buscando cualquier cosa que le insuflara vida, que le devolviera algún dolor, porque no recordaba haber sangrado ni haber bebido sus lágrimas. La humanidad le golpeó con su duro mazo y se dio cuenta de que quizá no era lo suficiente humano o bien lo era demasiado.

El fantasma del padre apareció en Italia cuando creía haber encontrado la paz y tuvo que seguir huyendo, una carrera hacia atrás, hacia Alemania, hacia su hogar. Regresó con la madre absurda que le hizo nacer y con la hermana sin pasión que le leía cuando estaba enfermo. Allí él permaneció, tomó posesión del escritorio de su padre, como si la herencia fuese importante y llenó todo el papel abandonado durante décadas, ya algo amarillento. Después compró más y siguió escribiendo.

Por las mañanas desayunaba en el jardín sobre una mesa de madera desconchada, se quedaba horas pasando frío mientras su mirada vagaba entre la hierba y daba sorbos al té caliente. Luego volvía a la mesa de madera negra que se había convertido en condena y libertad y permanecía allí hasta el almuerzo, tras el cual paseaba por las calles del pueblo sin saludar a nadie, hablando sólo con aquellos que parecían inquietos, que padecían algún mal o eran violentos. Se perdía por el camino del río, entre abedules y sauces, hasta que oscurecía y volvía a la luz del quinqué donde el papel le esperaba junto a la tinta negra y fría.

El viejo maestro murió y él ya no pudo más, las columnas de su genio se derrumbaron y arruinaron el templo de su inteligencia. Permanecía horas mudas en el jardín, arropado por la hermana preocupada, observado por una madre que lo sentía como a un extraño. Comenzó a balbucear, a escribir incoherencias que lanzaba al fuego y luego intentaba rescatar, espantado por sus acciones. Abandonó la lectura, los paseos y se recluyó en lo más profundo que pudo: en sí mismo.

Llegó el día en que se dejó llevar como un niño de la mano de la hermana hasta otro edificio más grande y con más personas, un lugar donde las habitaciones eran blancas y el mobiliario escaso; donde sus habitantes sólo vestían el blanco esperanzador de la cura y el gris de los trajes enfermos. Permaneció allí años, consumido, observando eternamente el día y la noche, sentado en su silla viendo pasar el tiempo. Nunca más miró un espejo.

La madre murió y él no se dio cuenta. La hermana regresó y le llevó a casa sintiendose quizá culpable de su abandono o quizá inocente y sola. Él se sentó en el sillón de la madre, desayunó, mejoró e incluso escribió alguna linea legible en la mesa oscura que nunca abandonó aquel salón. Un día que no era especial no quiso levantarse y el médico le sentenció. La inmensa casa cobijó a los dos hermanos durante una última semana en la que ella leía las obras de él a la cabecera de su cama, este parecía escuchar aunque no emitía sonido alguno. Juntos vieron cómo perdía su humanidad: fue una muerte lenta, agotadora, donde no hubo demasiado dolor, pero sí soledad, sudor, temblores y un gran y apagado silencio.

Un domingo murió el genio y, aunque hubo quien se entristeció, sólo nacieron lágrimas de la pobre hermana sin pasión.