El cinco de noviembre

“Remember, remember, the fifth of November, Gunpowder Treason and Plot. I see no reason why Gunpowder Treason should ever be forgot.” (“Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre, la Traición y el Complot de la Pólvora, que nunca se olviden.”)

Esta copla se escuchaba por Londres en los últimos siglos desde el célebre complot para destruir el parlamento británico. La revisión de este hecho que se hizo en la novela gráfica V de vendetta y en la posterior adaptación cinematográfica, ha servido como método de pensar en la crítica al estado. 1984, Mercaderes del espacio, Un mundo feliz, La naranja mecánica y Fahrenheit 451 han sido otras obras de la ficción que intentaban revisar este peligro.

El estado es un monstruo, eso no es nada nuevo, tenemos a Hobbes gritándolo desde su tumba. El Leviatán nos devorará a todos si puede, es su naturaleza, algo así como la tendencia animal que no puede ser controlada. El problema que se suscita es que los componentes del Leviatán, es decir, la sociedad, no se dan cuenta de su pertenencia celular al monstruo. El movimiento de “indignados” es una muestra de la rebeldía a nivel atómico de ciertas partes de la bestia; ellos están despertando, sus propias pancartas lo anuncian y tienen razón: “despertar” es la palabra adecuada ya que hemos estado dormidos.

Las obras citadas son distopías en las cuales los individuos están aplastados por la fuerza del estado. Uno puede leer las novelas y tomarlas como eso, como ficción, como novela, pero si hace esto se quedará en lo más simple del argumento. La causa de la escritura de tales obras es el miedo, el puro miedo a la represión, a la libertad enmudecida, al consentimiento de lo terrible, al imperio del leviatán en fin.

Es cierto que no podemos luchar contra el reinado del monstruo, está ahí y la última mitad del siglo XX y el comienzo del XXI ha estado sentado en su trono pero relativamente tranquilo al menos. La reciente crisis, que se venía desarrollando paulatinamente como una enfermedad, ha reactivado el organismo, lo ha puesto en marcha y se ha encontrado con una atmósfera ideal para echar las raíces de su corrupción. El mundo está cambiando y nadie puede negarlo, esta es una etapa de transición y todas las transiciones son violentas. La violencia se está llevando a un nivel económico que a su vez afecta a lo político y que hará que lo social y lo cultural se contaminen con ese crimen que dejará muchos muertos y muchos santos en sus hornacinas. No quedará un pedazo sano del mundo y el punto al que lleguen sólo lo podemos imaginar en 1984, en Un mundo feliz o en V de Vendetta.

¿Parece un extremo, verdad? No cabe la angustia cuando seguramente todo se arregle de una manera sencilla y sin que nos molestemos en movernos del sillón. No es así, pese a que esperamos eso esta vez no lo será. Todo va a cambiar. España tiene elecciones el veinte de noviembre y se elevará entre nosotros un hombre elegido con un sistema que no se puede considerar democracia sino en ese sentido retorcido que nos han hecho tragar. Ese hombre, sea el que sea, incluso en el hipotético caso de que fuese el que no creemos que será, se ungirá con la corona y ordenará lo que tenga que ordenar; es decir, dará de comer al Leviatán. Los indignados no pueden hacer nada porque confían en el atomismo del leviatán, si lograran algo sería por un impulso incontrolado que no es posible predecir. ¿Puede darse tal impulso? Pienso que no, que los ideales que el movimiento empuña son digresiones de todo y no concretan nada. Se grita por mil razones y en todas tienen razón, pero debería ser una sola la que se pronunciase a voz en grito, martilleando repetidamente el mismo punto hasta que cediese el muro. Golpearlo todo no sirve de nada, sólo da muestra de debilidad. Sí, el movimiento significa que las células empiezan a ser conscientes, pero aún es un bebe que no tiene fuerza para grandes acciones. Puede ser acallado, pero confío en la torpeza del estado para ello, confío en que no sepan callarlo, en que lo hagan tan mal como vienen haciéndolo y aseguren así el crecimiento del movimiento. Quizá llegue el momento en que tengan, en que tengamos la fuerza suficiente para derribar algo.

La copla que se enunciaba en 1605 y en los años posteriores es significativa, no es un mero adorno. Sirve para recordar que el monstruo está ahí, que somos parte de él y que debemos revelarnos y pensar, debemos ser conscientes y no complacientes para poder ser más íntegros, más personas, más libres. La inacción nos encadena, el conocimiento, la lucidez, pensar, es lo único que puede salvarnos.

Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre…

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