La hierba roja

-¿Ya es medianoche?

Luis se da la vuelta, le ha pillado por sorpresa, ve a Ernesto desnudo, tapándose con la sábana el cuerpo. Aún tiene los ojos ligeramente hinchados y se los frota con la mano libre.
-Sí, vuelve a la cama.

Ernesto le ignora, se acerca a él, observa la ventana igual que estaba haciendo Luis antes de que le interrumpiera y se apoya en su hombro. Bosteza.
-No hay estrellas –dice.

Luis observa el cielo, la luz apenas ilumina el jardín, vive en un lugar algo alejado de la ciudad, lo suficiente para poder ver las estrellas, pero Ernesto tiene razón.
-La noche está nublada. –dice Luis, menciona lo obvio, Ernesto cabecea.
-¿Hay algo de comer? –Dice separándose, caminando hacia la cocina.
Luis sonríe al verle andar con la sábana:
-Pareces Calígula.

Ernesto frunce el ceño divertido, se sienta en un taburete y coge una manzana, la da un buen mordisco y mastica.
-¿Qué haces levantado?

Luis le mira, se acerca a él. Apenas hay luz en esa parte de la casa, les ilumina el exterior y las dos lámparas encendidas en el salón, nada más. Apenas pueden distinguirse, solo se aprecian el uno al otro como siluetas. El perfil de Ernesto lo dibuja la luz amarillenta, parece sacado de una fotografía; Luis no es visible para el otro, lo distingue contra el ventanal como si fuera una sombra sólida.
-Pensaba en la hierba roja… –musita Luis, pero el gesto del chico rubio frente a él le revela que no entiende qué quiere decir. Quiere preguntarle, pero tiene la boca llena de fruta, él se adelanta y le explica- La hierba roja es un libro de Boris Vian.

-No lo conozco -consigue decir por fin Ernesto. En realidad el chico apenas sí lee, lo suyo es el dibujo, tiene una maestría única que fue lo que a Ernesto le atrajo de él en la galería. ¿Cuánto hacía de aquello? Por un momento Luis se lo pregunta, cree que hace un año. Tiene la imagen perfectamente grabada en su memoria. Salió a fumar por las puertas de emergencia. Aunque hacía frío había muchas personas allí haciendo lo mismo. Encendió el cigarrillo y observó a quienes tenía más cerca: la mayoría eran jóvenes con grandes abrigos, con gafas de pasta, perillas muy pensadas, patillas enormes y cortes de pelo estrafalarios o sencillos pero adornados con gorras o sombreros. La mayoría vestía “formal” y casi todos se creían dueños de un estilo propio. “Modernas” le susurró un amigo con el que había ido a ver la exposición y Luis sonrió. Allí fuera, en la oscuridad estaban todos perfilados por la luz amarillenta del interior, igual que lo estaba ahora Ernesto en su cocina. En aquella semioscuridad, llena de extraños haciendo el mismo gesto de llevarse los dedos a los labios, le vio por primera vez. Ernesto se acercó a él pidiéndole un cigarrillo y se quedaron hablando casi media hora. Así empezó todo, con un poco de humo.

-¿Luis? –le pregunta Ernesto- Te has quedado tonto.
-Perdona…
-¿De qué va el libro? ¿Por qué piensas en él?
-¿Vivir sin pasado implica no tener futuro?

Ernesto está confundido, mueve la cabeza ligeramente para despejarse y mira a Luis.
-¿Qué quieres decir?
-El libro de Vian trata sobre eso…
-¿Y qué significa?
-Se pregunta si podemos existir sin errores, sin remordimientos, sin recuerdos, si ponemos vivir únicamente en el presente y si eso implica que no tengamos futuro.
-Un presente eterno.
-Exacto.

Ernesto asiente, se levanta y tira los restos de la manzana a la basura, se limpia las manos y bebe un vaso de agua. Luego se acerca a Luis y se pone de puntillas para besarle en los labios. Sabe que él tiene miedo a sus años de adolescencia, de juventud, tiene miedo a sus padres y a sus hermanos; es un miedo enrarecido, absurdo, que lleva encerrando mucho tiempo y que desearía arrojar a algún pozo sin fondo. Al mismo tiempo son parte de él, todos esos malos recuerdos le han hecho ser como es ahora. Ya no miente, pero le ha costado ausencias en su presente que no sabe por qué, pero le duelen.

Ernesto le coge de la mano y le lleva paseando por la casa.
-Vamos, la cama nos espera.

Luis se deja llevar, se deja desnudar y se acuesta al lado de Ernesto, que le besa los párpados y le desea buenas noches. Luis se duerme abrazado y no sueña.

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