España en París

Este sábado me acerqué por el museo de l’orangerie donde se exponen los famosos nenúfares de Monet de gran formato. Es un museo pequeño, no tan conocido como los grandes de París y que es muy agradable visitar.

Pero este artículo no versa sobre su colección permanente, sino sobre la exposición temporal que ahora mismo alberga en sus salas. Bajo el título de: “España entre dos siglos” el museo plantea una interesante revisión de la historia de España en torno al cambio del XIX al XX. Me gustaría dejaros una traducción de las primeras líneas del folleto, que creo que es interesante:

En el final del siglo XIX, en una Europa en plena mutación, en marcha a través de un mundo abierto a las nuevas tecnologías y a nuevos modos de pensar, España permanece fija en una sociedad cerrada, sombría, impregnada de leyendas ancestrales y marcada por las tragedias sociales que describen Théophile Gautier o Eugene Delacroix. Víctima de guerras y de inestabilidad de poder después de 1820, el país está enfangado en una crisis profunda.

La traducción es propia por lo que pido disculpas de haber alguna incorrección. Dejando a un lado las cuestiones técnicas, después de leer este fragmento podríamos hacer un guiño al momento en que estamos viviendo. Quizá esta exposición llegue en un buen momento para nuestro país, pues el arte es una demostración de nosotros mismos, una lectura, y leerse es buscar comprenderse. Sin duda a España le queda un largo camino que emprender en estos parajes, pues siempre ha manifestado una especial pereza a la hora de ejercitar eso que tiene sobre los hombros. Evidentemente hay muchos individuos que se salen de la norma general, pero ya se encargará el conjunto de hacerles callar. ¿Es el dogmatismo de la estupidez, simple ignorancia o quizá envidia hacia ese don maravilloso que es la razón? La lucidez sin duda es un término desgastado, pero en nuestro caso desgastado por el abandono y el manoseo superficial.

Que España necesita pensar es obvio, la crisis que afrontamos no es sólo una crisis económica y ahora también política, lo es de pensamiento, de concepción, casi podríamos decir que se trata de una crisis ontológica. La ontología, como sin duda se sabrá, trata la noción del ser, entre otras cosas, pero esta es su fundamental. ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos aquí? Estas preguntas ha de hacérselas este “crisol” o “útero” de civilización que se ha creído Europa durante los siglos pasados. El cambio es fundamental porque si no consigue juzgarse a sí misma, si no consigue comprender qué realidad puede o no desempeñar ahora, entonces caerá en la perdición. Europa está tocada y parece difícil que se vaya a hundir, pero puede. El pensamiento no es menos importante que la economía; sí, es cierto que antes parece que hay que conseguir buenos alimentos (economía) para cebar al cuerpo (el mundo político) ya que este se encuentra enfermo, pero no se nos olvide que el cerebro está congestionado y más en España.

El caso de nuestro país debe de ser único en el mundo, estamos obcecados. Arrastrábamos una maldición que en los ochenta parecía haberse terminado, que en los noventa nos dejó respirar, pero que en los dos mil nos devolvió su jugada. No, en estos veinti y pocos años de “bonanza económica” no ha cambiado nada. España sigue siendo la de siempre, atada a los mismos demonios. ¿Qué es España? ¿Qué hace aquí? El día que nuestro país se lo pregunte puede que por fin se rompa el hechizo y quedemos liberados, por lo pronto no parece que semejantes cuestiones vayan a estar entre las medidas de un gobierno que, no nos engañemos, nace y va a vivir sin romper el cordón umbilical que lo une a Alemania.

La esperanza podemos depositarla en la exposición de l’orangerie, donde se muestra a Joaquin Sorolla y Bastida, Ignacio Zuloaga y Zabaleta, Dario de Regoyos, Salvador Dali, Joaquín Mir, Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Joaquim Sunyer, Pablo Picasso y Joan Miró. Todos grandes de nuestro país y, excepto los obvios, también bastante ignorados. Asimismo el despliegue de lienzos se completa con conferencias, lecturas, encuentros y conciertos. Es decir, surge un pequeño satélite de personas que se interesan por nuestro país, que estudian y reflexionan sobre arte y también sobre España. La recomendación a las salas del museo es obligatoria, igual que a cualquiera de los eventos que se organizan. También hay que hacer notar que el comisariado de la exposición es compartido entre Marie-Paule Vial, directora del museo nacional de l’Orangerie y Pablo Jiménez Burillo, director del instituto de cultura fundación Mapfre.

Parece que la reflexión se está llevando a cabo, pero no nos olvidemos que la mayoría de estos artistas huyó de España para crear y para pensar, y tampoco olvidemos que esta exposición no la recogen nuestras fronteras sino que son las de Francia las que la dan cobijo. ¿Si en el corazón de París se piensa en España, por qué en España no se piensa sobre sí misma?

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