El color amarillo

¿Cuál es tu color favorito? ¿De qué tono está pintada tu habitación? ¿Qué gama utilizas al vestir? Parece que todas esas preguntas, ese mundo en technicolor, dice mucho de nosotros mismos. Si vistes de gris o de negro quieres pasar desapercibido, si tu habitación es de algún color cálido significa que eres una persona nerviosa y enérgica, si tu color favorito es el blanco has de ser alguien frío o alguien espiritual.

¿Paparruchas? Sí, evidentemente no es una ciencia exacta pero todos sabemos que a diversos colores y tonos les damos un significado distinto. Algunas son lugares comunes: el negro siempre se asocia a lo malo, lo oscuro y también lo reflexivo. ¿Podríamos distinguir a las personas por el conjunto de colores con los que se rodean en su vida? Sí, claro. Otros rasgos son los hobbys, las miradas, los silencios, el modo de hablar, las preferencias…

Pablo suele clavar la mirada en el otro, se cree observador y busca datos. Pablo es inteligente, viste con ropas oscuras, aunque ha desarrollado un gusto extraño por el marrón, que al fin y al cabo es el otro color neutro. Lleva gafas, sencillas y con la montura negra. Pablo lee mucho, sobre todo tragedias o literatura “difícil” ensayos y grandes novelas de esas que al común de los mortales no nos acercamos. Pablo no se destaca por sus silencios pero siempre habla con cinismo o ironía, llegando un punto en que sus allegados intuyen que él juega con las palabras y dice sin decir, pero lo dice. Pablo sólo tiene hobbys solitarios. Su habitación, por cierto, es de color gris azulado y se vuelve loco por lo azul. Quizá porque se enamoró de unos ojos azules cuando sólo tenía ocho años. Es mentira, claro, a los ocho años simplemente se dio cuenta de que los ojos azules le atraían y eso, entrelazado por algún que otro suceso que yo ignoro, le marcó.

Pablo trabaja desde casa casi siempre, es parte de “una empresa de entretenimiento” una editorial grande que le encarga leer una cantidad ingente de novelas para corregirlas antes de su publicación. Es un corrector, en resumidas cuentas y es muy bueno, en parte porque domina el inglés y el alemán, por lo que además de corregir obras españolas corrige traducciones que otras personas han hecho a otros autores extranjeros. A Pablo le gustaría ser él mismo el traductor, pero no ha podido ser, no le dejan. Extrañamente Pablo no peca del vicio que parece que toda persona cerca de libros termina por cometer: no escribe. Nunca se le ha pasado por la cabeza el hacerlo y cuando su madre se lo comenta delante de la familia en las cenas de navidad, él sonríe y dice que simplemente “no vale” No tiene una frustración por ello, sus aspiraciones artísticas se limitan a los crucigramas del domingo que siempre, no sabe de donde le viene esa manía, adorna con dibujos de diversa índole.

Pablo nunca se ha casado, de hecho no se le conoce parejas. Su madre está preocupada, su padre no porque murió años atrás. No tiene hermanos ni hermanas pero sí algún amigo. Exactamente tiene cuatro amigos: Laura, Juan, Roberto y Diego. Bueno, en realidad Diego cada vez pinta menos “en el grupo” ya que se ha casado y ha resultado ser de los que desaparecen cuando tal cosa ocurre. Con todo sí sigue quedando con los otros tres a menudo y los tres están preocupados por él. Laura y Juan comparten preocupación, les angustia que su amigo pueda pasar semanas sin salir de casa, que se recluya, su máxima aspiración es sacarle de casa siempre que pueden y le animan a realizar actividades fuera. Pablo sonríe, acepta las invitaciones y declina amablemente el asunto de las actividades al aire libre. Él sabe que lo intentan por su bien, pero también se da cuenta de que ellos no están en su cabeza y no pueden ver el mundo como él lo ve.

Roberto es el único que sí intuye ese punto de vista. Roberto es uno de esos cuyo color favorito es el azul, que mantiene largos silencios prefiriendo escuchar a los demás y cuya habitación es blanca y bastante vacía. No obstante, a Roberto le encanta viajar y es muy resulto con los desconocidos, siempre que se mantengan en la calificación, cuando comienza a haber confianza en las relaciones, su timidez le envuelve en un capullo casi impenetrable. Pablo cree que Roberto siempre estuvo enamorado de Juan, aunque en realidad Roberto siempre estuvo enamorado del padre de Juan, el cual, dicho sea de paso, ignoró hasta el día de su muerte los sentimientos del amigo de su hijo.

Roberto cree que Pablo ve la vida en blanco y negro, e incluso intuye que para él los personajes son mudos y que sólo suena una musiquita de fondo que a veces es agradable y otras algo estridente. Roberto es muy intuitito y es cierto que Pablo, en su vida entre libros, en su casa de la que no quiere salir, se siente triste, apagado y muy gris. Toda su vida fue enfocada desde el optimismo que le imprimó su madre al elegir el amarillo claro para pintar el cuarto de su infancia, pero ese optimismo, como el propio color, fue desapareciendo con el paso del tiempo. La pared fue repintada y la habitación se destinó a otro uso, pero Pablo cuando llegaba allí de visita aún creía notar el color tras el nuevo y desagradable rosa apagado. Como la habitación, su vida cambió, pero persistió el color, sudado, desvaído, ajado debido a las inclemencias de la vida que fue ensuciando los sueños, apagando las esperanzas y que le fue empujando, pese a que él se agarrase a todo cuanto pudo, hacia una vida banal que le había condenado a leer y leer hasta que perdiese el gusto por las palabras.

Roberto, que como decía es muy intuitivo, se dio cuenta pasados los treinta de que Pablo vivía por inercia, que la apatía le gobernaba y que él la aceptaba con una sonriente resignación. Al contrario que Laura y Juan, que ofrecían soluciones al problema que ellos veían, Roberto nunca dijo nada. Sí que intentó conversar con él muchas veces, pero se dio cuenta de que de nada servía ya. En realidad él mismo está de acuerdo con aquella visión sobre la vida. Al final las decisiones no conforman nuestra vida, sino que son las premisas, la ética, lo comprendido, los otros. Quizá vivir el deterioro del color amarillo influyó a Pablo tanto que ahora sólo puede sentir una punzada de excitación cuando unos ojos azules se posan en él detenidamente.

Roberto se preguntó muchas veces qué solución podía dar u ofrecer a su amigo. Él, que sentía como Pablo, lo solucionaba con sus viajes, con la excitación del descubrimiento de lo nuevo. Pablo no podía compartir esa afición y Roberto creyó que quizá fuera el amor lo que faltaba en él. No, Pablo debía de recorrer su propio camino y él estaría allí para ser su apoyo pasara lo que pasara.

Sin embargo, en su casa, Pablo, que ya hace unos años que no se cuestiona por la felicidad y que suspira tanto al día que hubiera preocupado a quien viviese con él si alguien lo hiciera, está sentado con un libro en las manos y siguiendo con su existencia hasta que esta cambie por sí misma. Hace mucho tiempo que ha perdido la fe en que sus acciones sean las que construyeran el futuro. Para Pablo el futuro es algo caprichoso que nunca va a darle un premio aunque lo agite frente a él.

Anuncios

Un comentario en “El color amarillo

  1. Me gustaría saber más de Pablo, y de Roberto. ¿qué están esperando a parte de a un pintor para que les re-decore su casa?
    Voy a pensar un rato en ellos. Sip.

    besos.
    muchos.
    envueltos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s