Valor

N.D.A: “Valor” se publicó el día 25/12/2011 en el blog deEl rincon de Tatojimmy v.2.0de Tatojimmy. Pertenece a su especial sobre la navidad.

Gonzalo dejó el libro en la mesa. Las cuatro últimas páginas no las había entendido, de hecho no se había enterado de nada. Su concentración se había esfumado de repente. Cogió el teléfono y buscó el número endiablado. Dudó. ¿Estaría bien llamar? Al fin y al cabo sólo le conocía de un par de meses. ¿Qué sentido tenía molestarle un día como aquel? Estaba seguro de que tendría planes con sus amigos, personas de su edad.

Dejó el móvil sobre la mesa. Era estúpido pensando que un chaval como aquel se fijase en él. La diferencia era muy grande, abismal, había muchos años de diferencia. Por otra parte era un adonis y él… él se asemejaba más a Hefesto que a cualquier otra cosa.

¿Por otra parte, qué perdía? Era sólo una llamada y ya debería estar acostumbrado a las negativas. No perdía nada intentándolo. ¡Ah! El miedo a la vergüenza, a quedar en ridículo, de nada le servían sus cuarenta años contra eso. El miedo seguía azotándole como cuando era joven y mucho temía que nunca desapareciese. Pero sí, su lado positivo tenía razón, no perdía nada por intentarlo.

Buscó el nombre en el teléfono y pulsó la tecla:
-¿Sí? –contestó una voz al otro lado.
-Hola Jorge, soy Gonzalo… ¿Me recuerdas?
-¡Claro que sí! –contestó el otro- Pensaba que tú te habías olvidado de mí…

Gonzalo se removió en el asiento. Tuvo que levantase para aplacar su nerviosismo y empezó a caminar por la casa.
-¿Y eso? –preguntó tontamente.
-Porque no llamabas… oye espera un momento.

El momento de pausa en la conversación se convirtió en un momento de pausa en el paseo de Gonzalo, que se mantuvo expectante, tenso.
-Ya, perdona, la pesada de mi hermana… ¿cómo estás?
-Bien, bien… gracias Jorge… Yo en realidad te llamaba por si estabas libre esta noche y querías quedar –lo dijo todo seguido porque sabía que si paraba no terminaría de salirle las palabras.

Hubo un breve silencio al otro lado del teléfono, pero después una pequeña risilla devolvió el aliento a Gonzalo.
-Pues verás había quedado con unos amigos para ir a la fiesta del Ohm…
-Claro, lo entiendo perfectamente, sé que es nochevieja y… ya suponía que estarías ocupado… perdona si…
-No –le cortó él- mira paso… prefiero un plan más tranquilo. ¿Qué me ofreces?

Aquello le pilló por sorpresa a Gonzalo, dudó, en realidad tampoco había pensado nada.
-Pues… ¿cenar y ver una película? –sugirió.
-Genial –respondió Jorge desde el otro lado- Pero yo llevo la peli. ¿En tu casa a las 9?
-Claro… haré pasta…
-Eso es lo de menos.

Gonzalo rió débilmente:
-Hasta las nueve entonces.
-Adiós, guapo.

Gonzalo dejó a un lado el teléfono. Apenas se lo podía creer… se quedó quieto. Su perro, confuso por su comportamiento, se quedó mirándole desde el rincón en el que estaba echado.
-Tom –le dijo al perro apuntándole aún con el teléfono en la mano-, tengo que ir a comprar para la cena.

El animal ladró con conformidad.

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