Transcripción cognitiva

Observar cómo nacen los desiertos desde el vientre mismo de todo lo necesitado.

Aborrezco la monotonía del acorde malsano, la respiración del titán.

¿Dónde hemos nacido? Recuerdo mis pies enterrarse en la arena fría y húmeda de la playa en invierno, cuando las partículas tostadas conforman un desierto real y las olas son despreciadas como si su espuma fuera la de todos nuestros residuos. La paradoja del verano transformará esa misma espuma en deseable como la cerveza lo es para cualquiera. Esos paseos con los pantalones subidos graciosamente hasta las rodillas y las risas surgiendo de nuestras bocas es lo más cerca que tengo de mi nacimiento. ¿Nacimos allí? Se me ocurre pensar que esa mar excesivamente salada y yerma en la apariencia fue el líquido amniótico. ¿Podría ser posible? Quizá aparecimos en la playa expulsados como un Adán y una Eva desorientados. Pero es cierto que más allá los viejos nos juzgaban y tú les sacabas la lengua mientras yo te señalaba los grandes edificios tras nuestros enemígos. ¿Por qué nos juzgaban? Quizá pisábamos un terreno sagrado, pero no tiene sentido ya que estaría lleno de hombres santos de manos superiores; entonces posiblemente fuese lo contrario y nos expusiéramos tú y yo en un terreno pagano, fuera de su religión y por tanto ajeno a ellos.

Irrealidad, recuerdos inventados, mecánica mental. Desprecio. Ardor. Términos mudos… Juicio.

Estoy empapado de tinta y sólo hay una marca limpia, que es la tuya.

La muerte siempre al lado.
Escucho su decir.
Solo me oigo.

Alejandra Pizarnik

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s