Azul

Los peces, las aves y muchos tipos de insecto se desplazan en bandadas, juntos. Uno puede quedarse embobado mirando ese movimiento que varía en ritmos y del rápido se inclina al lento. Todo tiene la coherencia de una coreografía ensayada, pero cada uno de los seres son individuales por lo que todo es un misterio. Por supuesto hay explicaciones de estos comportamientos, pero eso no importa. Lo que sí importa es esa belleza casi indescriptible de creación. Sí, de creación, pues podemos imaginarnos sin dificultad que esos enjambres, esos seres que tan a menudo podemos ver en documentales a través de nuestras pantallas o en los parques mirando hacia arriba en un día de verano, todos ellos tienen en común lo maravilloso del milagro de la naturaleza. Todos esos animales se desplazan en el océano azul o en el cielo cerúleo y a los poetas siempre se les han ocurrido miles de metáforas que hicieran de eso tan natural y común algo infinitamente bello, raro y asombroso. Quizá porque lo es o puede que en realidad todo sea más prosaico y nos hemos salido demasiado del tiesto, nos hemos perdido y ahora todo lo que esté fuera de nuestros bosques de cemento y ladrillo nos parece extraño y nos fascina.

Este un viaje por un mapa, un mapa azul, un esquema azul, imagínense al redactor de estas líneas sentado en una habitación casi a oscuras, sólo con un foco celeste sobre su cabeza, delante de la moderna pantalla de ordenador que le devuelve e ilumina su rostro con otro mortecino y cibernético azul. Imaginen el claro de luna de Beethoven sonando. ¿Por qué no? Está muy gastado, muy viejo, tanto que lo llamamos clásico, y sin embargo su belleza, su tenebrismo y fragilidad, su oscuridad en fin, nos sobrecoge. Con el primer movimiento podemos adueñarnos de cualquier titulo de artista, de creador: podemos hacerlo y pensarnos pintor o poeta o quizá, precisamente, músico; nos vemos en pleno proceso creativo contra toda marea; contra el viento que se levanta a lo lejos; contra el resto de seres que viven en la casa, sean amigos o enemigos; contra nosotros mismos; contra el hambre o el sueño; incluso contra la muerte. Escuchemos a Beethoven y podremos imaginarnos envueltos en llamas sin cesar de escribir, pintar o tocar un piano de larga cola con el pelo lacio sobre el teclado. ¿Demasiados lugares comunes?

Desterremos entonces esa imagen, simplifiquémosla hasta sus líneas más simples, hasta las aristas del dibujo, ahí está el esquema en blanco sobre azul y ahora borremos, eliminemos, destruyamos dejando de nuevo la pantalla monocroma. Trasladémoslo a otra tonalidad, quizá la Klein, siempre dispuesta a lo moderno, al grito, a lo cercano a lo púrpura. Ahora que lo hemos conseguido neguémonos a admitir mayores referencias a ese artista y tengamos en cuenta que es un hombre, un ser humano incapaz de ser mayor que cualquier otro hombre o humano.

En realidad, en un mundo de creación son bastante raros los testigos fieles que hayan podido ver a un autentico creador realizar su trabajo. La mayoría de estos demiurgos de media planta son consabidos intelectuales de los de la academia, de la nueva academia: esa que plantea una tipología ordenada por ellos mismos. No tienen sentido ni tampoco lo necesitan, no lo buscan, no les es necesario porque son La academia. Aunque su institución se organice en teatros secretos, en café señalados en un mapa imaginario de susurros y de humo, o al menos de alcohol cuando el humo falte. Iguales a estos son esos otros, organizaciones, grupúsculos que se desarrollan autonombrándose transgresores, antiacademicistas, que se esconden en otros bares y tugurios, más ruinosos o, simplemente, más discretos. ¿No?

Somos custodios de algo inútil. Lo sabemos, en el fondo lo sabemos, y aún en la superficie, pero lo queremos disimular maquilando ese tumor húmedo para disimular el repugnante latido que no cesa. Pero la mascara creada se cuartea invariablemente y la verdad desagradable brota poco a poco como un manantial entre las lascas de tierra. La verdad surge cristalina mientras nos ahogamos en un mundo pálido que huele a ozono, estamos solos en medio de las bandadas y los clanes.

 

 

 

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