Caer

La pupila es una mota de vacío. Parece extraordinario que en el rostro, en esa parte de la anatomía a través de la cual se dice que asoma el alma, haya un punto oscuro, un hueco, un abismo rodeado de una irisación asombrosa. ¿Es en esa oquedad? ¿Está ahí el alma a la espera de que alguien se acerque? ¿Es su lugar? Quién sabe… Mi pupila es ordinaria, no puedo adivinarme en ella. Quizá me equivoco y el espejo sea erróneo para buscar una distinción. Es posible que sólo otro ser humano tenga el poder de atisbar más allá de lo que es un simple órgano. Sí, puede que tal circunstancia pertenezca a una ley que ordene la metafísica de lo corporal.

Pero hay peligro, abismarse siempre conlleva peligro, incluso aunque el hueco sea tan ínfimo como el de una pupila. Se corre el riesgo de caer, de perderse en la caída. Yo he caído, hubo unos ojos que contenían un encantamiento y me asomé a ellos absorto por el color de su iris. Caí. Caigo. No pude evitarlo, la atracción era excesiva para mí.

Ya no sé salir, el tiempo me ha acostumbrado al vértigo, a la oscuridad, a la ingravidez. Estoy atrapado. Los ojos ya no me miran, no me sienten en ellos; ahora buscan a otros, se posan en distintos cuerpos, descubren nuevas anatomías, se cierran ante un placer del que yo no participo, me ignoran. ¿Cómo salir? He sucumbido en una nada que no me acoge, en la que soy intrascendente, en la que nadie me verá al asomarse a esas pupilas. Hubiera preferido ser devorado, destrozado entre dentelladas de rabia o de intimidad engañosa. No tuve suerte y mi recuerdo no es siquiera alimento para el vacío. No he sido asimilado, no he pasado a formar parte de nada. Soy un mero objeto que se hunde.

Me pregunto si esta oscuridad tendrá la característica de la tinta, si ya seré de la misma tonalidad que ella. Me pregunto si me desharé algún día, si terminaré estallando en llamas incoloras, consumiéndome. Me pregunto por el fin, por el fondo de este abismo, de estas pupilas, por el golpe contra una superficie que quizá me refleje una última vez en forma de recuerdo. Dejo de preguntarme. Sigo cayendo.

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2 comentarios en “Caer

  1. ... dijo:

    Las pupilas nunca son ordinarias
    y abismarse es un proyecto infinito; cierto,

    pero es sólo un sentimiento.

    Y estos cesan o pasan,
    casi inadvertidamente,
    en cualquier momento indeterminado…

    • borjarivero dijo:

      Sí, tienes razón. Los sentimientos son apenas un parpadeo. Y, como el parpadeo, la única importancia que pueden tener es para el sujeto tras ello, que se ve cegado un instante. Es rápido sí, pero es.
      Su… peso, sin embargo, no creo que sea fácil medirlo. Es algo interior, igual que esta caída.
      Gracias por la visita y el comentario.

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