Entrada Nº6: La ciudad inabarcable

Hay un verso que vuelve a mí tras meses de su primera lectura. “Cuando me abrazas me cabe París en un bolsillo y el Sena en la garganta” prefiero no mencionar al autor, cualquiera en un ejercicio simple de copiar y pegar podrá averiguarlo. Tampoco quiero dar mi opinión sobre el poema, sólo me interesa ese verso. No tiene nada de especial, simplemente ha emergido nuevamente desde algún rincón de mi memoria.

Cuando me abrazas, es decir, contigo, París es abarcable. ¿Pero qué ocurre si tú has desaparecido? Por una lógica de contrarios, París ha de ser excesiva sin tus abrazos, sin los puntos sobre los que trazar el mapa que haga comprensible esta ciudad infinita. Es cierto, no es infinita, pero desde el interior lo parece. Desde aquí podríamos estar en una isla, rodeados de nada. Así de intensa es la influencia de este conjunto de calles y edificios. Se revela un deseo, París puede ser contenida, comprendida; y un temor, puede no serlo, puede que si faltas tú la realidad se revele, y me deje perdido en medio de millones de turistas y ciudadanos empezando su día a las siete de la mañana.

París es excesiva, sí. Al Sena le queda un metro para desbordarse, un metro apenas es significativo, pues las aguas ya se han apropiado de muchos paseos. Una carretera está a punto de ser engullida y después, inevitablemente, los trenes del metro habrán de transformarse en submarinos. París será una Venecia extraña, imposible. No, el Sena no cabe en la garganta, aunque quizá todo se deba a tu silencio y tu ausencia, a tu lejanía. Tampoco esto parece probable, el juego es demasiado romántico, no es creíble. Ni el amor ni ninguna obsesión puede hacer de dique contra el agua. Esta arteria que baña París y le da vida puede anegarla, ahogarla en su propia sangre. Sadismos del urbanismo, supongo.

Empieza Junio, pero el cielo es de octubre. La cuenta atrás sí corresponde al mes, después la ciudad se vaciará, y sólo quedaremos las estatuas y algunos perros -prefiero no contar a los turistas-. Desde esta posición uno adivina un verano triste, gris; quizá sea entonces cuando el Sena colme su capacidad, harto ya de las lluvias interminables y de su cauce bien definido. A las diez de la mañana uno podrá entrar en el Louvre prácticamente solo, podrá disponer de salas palaciegas para acampar con su soledad. Errabundos sin abrazos nos reuniremos allí para no darnos consuelo, buscando en las pinturas y las ánforas, en las espadas y los ataúdes, en las piedras y las escrituras, un momento, un rato de paz, un santuario sin excesos donde no sentir el vértigo de esta ciudad inabarcable.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s