Ponferrada no invita a la divergencia

Artículo publicado originalmente en La Tronera, suplemento cultural del semanario Bierzo 7. Abril de 2014

Quizá sea evidente para muchos, el título hace referencia a lo último de Vila-Matas, en su caso Kassel no invita a la lógica.

Ya no vivo en Ponferrada, pero sigue siendo mi ciudad natal, el lugar donde nací, crecí, y al que tiende mi cuerpo; aunque únicamente sea para tomar una referencia. Hace poco pasé unos días con el libro de Vila-Matas bajo el brazo. Al catalán le propusieron un absurdo sobre la reflexión del arte, que desencadenó su viaje a la localidad alemana y la creación del libro; a mí y a mi humilde artículo nos excusó algo mucho más terreno, mi madre.

Es decir, a mí me llamaba algo común, habitual, cómodo. Para el escritor catalán era todo lo contrario: desconocido, extraño, e incómodo. La disposición de ambos prometía una visita en cierto sentido, y, sin embargo, mientras que el desarrollo de su viaje fue dentro de lo que cabía esperar, el mío no.

Kassel cuenta con una gran exposición de arte contemporáneo cada cinco años, nada que ver con Ponferrada. Pero no nos engañemos, pretenderlo es ridículo; no, no van por ahí los tiros, van sobre la experiencia. Al fin y al cabo Vila-Matas relata eso mismo, su experiencia en la documenta 2012 en Kassel. El protagonista y narrador se introduce en un ambiente plástico, voluble, extraño, en ocasiones onírico. Los personajes superan la misma ficción en la que se inscriben. Yo, en mi última visita, he encontrado una ciudad pétrea, agotada después de la gran cirugía estética pre-crisis. Ahora nada cambia en la capital del Bierzo, nada se mueve. A la gente no le interesa nada más que el hoy, viven para el presente, y si acaso rememoran cualquier tiempo pasado por creerlo mejor.

Quizá por la influencia del libro que estaba leyendo me dio por preguntar aquí y allá sobre la vida cultural en la ciudad: nada, muerta, cero. El año pasado, la feria del libro (que se celebrará de nuevo entre mediados y finales de este mes) no recibió ningún apoyo público, sólo financiación privada. En 2014 no verá ayudas ni por un lado ni por otro. Lo que se les ofrece a las librerías que tratan de poner su puesto y organizar eventos son trabas. En 2015 quizá ya no haya feria. Es sólo un reflejo del interés que tiene la sociedad de Ponferrada hacia la cultura.

Eso sí, los bares llenos. Y a mí me alegra que la hostelería capee el temporal, pero me desconciertan las conversaciones de los tertulianos por la mañana, por la tarde y por la noche. Todas son casi idénticas, no salen de lo más cercano. Ni siquiera hay una reflexión interna o interés sobre por qué les afecta lo que les afecta, todo gira en torno a lo inmediato y evidente. Sólo se tienen en cuenta las preocupaciones pequeñas, para todo lo demás la respuesta es de simple expectación. Los problemas abocetados en el horizonte son únicamente contestados con pasividad, con la búsqueda de entretenimiento. Y así mientras los días pasan y acercan el problema anunciado. Demasiados estereotipos. Las personas que uno puede encontrarse son tan absolutamente reales que parecen exageraciones del carácter inmovilista español. ¿Por qué? Por el interés cultural de sus ciudadanos, por su casi inexistencia. Porque aunque no sea la panacea, la curiosidad fomenta el aprendizaje, ayuda a resolver problemas, sirve para abrir mentalidades, para evitar los quistes de la razón del terruño, para evolucionar, simplemente para examinar los porqués.

Años atrás se apostó por una apariencia de prosperidad, pero no se apuntaló nada, y ahora se viene abajo: quedan tres tristes carreras en su universidad (terminará también por desaparecer pronto), apenas hay trabajo, y casi todos los comercios resisten mal. Porque Ponferrada, a diferencia de Kassel, no tiene futuro, no es capaz ni de pensar en él. Éste ejemplo puede trasladarse a otras muchas ciudades pequeñas de España, con grandes aires cuando hubo dinero, sin interés por su futuro ni entonces ni en estos momentos. Toda la tendencia ha estado y está en la apariencia.

Creo que también es curioso el final de mi viaje, (no lo contrapondré al de Vila-Matas por evitar disgustos a quienes no lo hayan leído) pues de la decepción y de cierta tristeza me salvó un encuentro fortuito. Tuve la buena suerte de toparme con alguien de miras más abiertas y conversación interesante. No estaba simplemente de paso, pero sí venía de otro lugar y, desde luego, no se quedará en Ponferrada.

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