Musealizando por encima de nuestras posibilidades

Artículo publicado originalmente en La Tronera, suplemento cultural del semanario Bierzo 7. Tribuna Cultura Crítica. Mayo de 2014

El tema de la construcción de museos no está de moda, la peor parte ya ha pasado. Sin embargo, lejos de haber aprendido la lección, nos obstinamos en los errores. Para muestra, un botón: en Ponferrada la modernización del castillo, pese a ser muy discutible, tenía dos propósitos claros: hacerlo más atractivo al público con un recorrido musealizado, y dotarlo de nuevos espacios para incorporar otro tipo de actividades. Hasta el momento el objetivo se ha cumplido a medias, pero su consecución parece factible. No ocurre lo mismo con ENE, el Museo nacional de la energía, que si bien ha sabido aprovechar antiguos espacios en estado de ruina, el proyecto llegó con los presupuestos en modo crisis, por lo que finalizar las obras llevará todavía bastante tiempo. El recinto dedicado al carbón está abierto, y si bien ha acertado con un amplio abanico de actividades para atraer al público, éste no parece haberse sentido demasiado aludido. Cuando los trabajos finalicen aún quedará por comprobar si el proyecto despierta el suficiente interés, dependerá en gran medida de la gestión. Del Museo del Bierzo y del Museo del ferrocarril no hablaremos, son conceptos correctos, simples, funcionan según las expectativas que uno podría tener de ellos.

Y entonces llegamos a un ejemplo de todas estas actividades mal llevadas en años anteriores, aunque a escala Ponferrada. El museo de la radio – Luis del Olmo es uno de esos museos temáticos que, sin entrar en su interés, al menos resulta correcto. Al fin y al cabo el hijísimo de Ponferrada puso el material y el ayuntamiento el edificio. Lo que se me escapa es el porqué de la ampliación. ¿Añadirá algo nuevo a nivel expositivo? ¿Más radios? Con las dimensiones actuales ya podría presentar otras actividades alternativas, y sin embargo no lo hace. ¿A qué obedece entonces dicha ampliación? ¿Se pretendía transformarlo en un pseudomuseo nacional de la radio? Que el lector se responda. El concurso para dicha ampliación ya olía mal desde el principio, hubo indicios, hubo quejas, y finalmente fue declarado desierto y el proyecto se encargó a dedo. La denuncia del colegio de arquitectos no se hizo esperar. Dos años después un juez ha dado razón a los arquitectos y ahora el proyecto queda en el aire. ¿Habrá ampliación? Nadie sabe nada.

En León, sin embargo, la cosa no fue muy escandalosa, su museo más importante, el MUSAC nació con el propósito de convertirse en el faro del arte contemporáneo del noroeste (pobrecillo). El edificio de Mansilla + Tuñón cumplía y cumple muy bien las necesidades, fue adecuado, y su precio (33 millones) fue moderado comparándolo con otros complejos similares. Sobre sus prácticas, proyectos y dimisiones no hablaré en esta ocasión, pero daría para otro artículo.

El problema de la mayoría de estas infraestructuras es su realización, que se llevó a cabo al margen de las necesidades de la población, de sus gustos y curiosidad. Se le pidieron peras al olmo, por así decirlo, pensando que todos los nuevos museos serían un imán de turistas, igual que el Guggenheim de Bilbao (que en los últimos años también ha tenido que bajarse del pedestal del arte moderno/contemporáneo para cuadrar cifras), y que el interés se injertaría en los corazones de los habitantes de forma espontánea, simplemente al encontrarse cada día el edificio de turno en su camino al trabajo. De esta manera, nuestra geografía quedó cuajada de continentes culturales sin contenido, cáscaras más o menos lujosas, arquitecturas muchas veces magníficas sin más sentido que el estético. Estos proyectos han endeudado a los ayuntamientos, copando los presupuestos dedicados a cultura durante años (y los que vendrán).

Y es que, cuando la fiebre de la construcción llegó al mundo cultural, la temperatura ya estaba por las nubes, y muchos concejales de urbanismo deliraban. Así España se engalanó con los palacios de congresos, las ciudades de “inserte-aquí-su-actividad-favorita”, los museos de todo y de nada… Cada capital o ciudad de provincias debía tener al menos un museo para sacar pecho, y la locura llegó a tal punto que los megalómanos vieron su oportunidad de pasar a la posteridad con casos tan disparatados como el de la Cidade da cultura, para siempre inacabada (no nos engañemos, no habrá un ladrillo más) el Centro Niemeyer, La ciudad del circo o una larga lista de despropósitos del mismo calibre. Pasión por la apariencia, de nuevo.

De poco ha servido todo esto, los nuevos centros no sólo carecen de los medios para programar algo interesante, sino que su gestión a menudo es elegida por intereses políticos, haciendo que un proyecto disparatado pase a ser casi inviable. Más valdría esperar un poco a los ciudadanos, utilizar el presupuesto para crear actividades culturales que les atraigan e interesen, porque sin ellos la construcción de museos no tiene lógica, sin ellos los continentes culturales, por bellos y firmados que estén, sólo son eso, continentes vacíos, espacios cerrados, odas arquitectónicas a la oquedad.

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