Sentido y sensibilidad

Artículo publicado originalmente en La Tronera, suplemento cultural del semanario Bierzo 7. Tribuna Cultura Crítica. Octubre de 2014.

Siempre me ha resultado interesante comprobar que mientras la sensibilidad era considera una virtud asociada a las mujeres, la gran mayoría de artistas reconocidos siempre han sido hombres. Durante mucho tiempo el debate se ha zanjado con un montón de perogrulladas, y hoy parece que el papel de la mujer va siendo reconocido, y deja atrás esas respuestas fáciles. ¿Pero es así realmente? Si echamos un ojo a los premios Nacionales, al premio Cervantes, al premio Nóbel, o si nos vamos al Pritzker de arquitectura o a no importa qué premio o certamen de teatro o pintura los hombres seguimos siendo los más galardonados. La diferencia no es pequeña, al contrario. Sólo un ejemplo: hace poco tiempo se ha entregado el premio Nacional de narrativa a Rafael Chirbes, nada que declarar contra él, es un gran escritor, pero si echamos un ojo a la lista de ganadores, la última mujer en recibir el Nacional fue Carme Riera en 1995 y antes de ella Carmen Martín Gaite en 1978. Es decir, en los últimos cuarenta años dos mujeres, el resto dignos varones que merecieron sobradamente el premio. En los últimos años dicho galardón cuenta con un representante de igualdad en su jurado para garantizar que las mujeres no sufren discriminación. No voy a ser polémico, porque entrar en por qué ellos sí y ellas no es un cenagal donde no quiero meterme. Habría que mirar también cuál es el porcentaje de mujeres que publican con respecto al de los hombres, y aunque no tengo ahora mismo el dato, basta con acercarse por cualquier librería para observar que la diferencia todavía es muy grande.

No obstante, no faltan grandes escritoras, igual que no faltan grandes artistas mujeres en los más diversos artes. Un buen ejemplo en nuestro país sería Angelica Liddell que participará este año con una nueva obra en el festival de Otoño de París. La dramaturga recibió el Nacional de literatura dramática en 2012, y es una de las artistas españolas con más trayectoria en Europa, una mujer brillante que escapa de los tópicos y se reinventa continuamente sobre un escenario, sin olvidar nunca su condición de mujer. Si nos salimos a una esfera más amplia, el premio Nóbel de 2013 fue para Alice Munro, una escritora canadiense cuyos relatos están casi siempre protagonizados por mujeres, su calidad literaria radica en lo más difícil, en hacer que ellas pasen a ser nosotras. Me explico, el público aún tiene dificultad para sentirse cercano a las mujeres, da igual el sexo del espectador, ellas habitualmente continúa siendo ellas, y para probarlo sólo tendríamos que echar un vistazo a la televisión. En Mad men, The Soprano o Breaking bad las protagonistas femeninas fueron atacadas por los espectadores, (y no sólo sus personajes, sino también las actrices) sencillamente a ellas no se les perdona sus pecados, mientras que a ellos sí, da igual que las acciones de los hombres sean reprobables y las de ellas humanas o perfectamente dentro de la moral compartida, el espectador prefiere al hombre.

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Ilustración de Jorge Fernández Ruiz

La sociedad cambia poco a poco y no podemos ser inocentes y pensar que todo será rápido, limpio y bonito, pero para avanzar hacia una sociedad más justa   la labor de Alice Munro o Angelica Liddell es fundamental. En el otro lado de la balanza tenemos a algunas mujeres que pervierten la idea feminista, pienso en algún ejemplo y me los callo sólo por lo humilde de esta tribuna, pero hay mujeres que abanderan su género para ser aplaudidas por la dificultad que entraña llegar hasta donde lo han hecho, omitiendo siempre que si han llegado allí ha sido por camino como poco desacertados y como mucho corruptos. Por supuesto siempre ha habido hombres que han sabido aprovecharse de la coyuntura cultural, pero ellos no han tenido la necesidad de apropiarse de la lucha contra un prejuicio congénito, por eso en el caso de las mujeres es sangrante. No para la cultura ni por una moralina barata, sino para la igualdad. Si a las mujeres todavía les es difícil triunfar, más lo será si quien llega a recibir los encargos y aplausos son quienes utilizan medios inadecuados. ¿Por qué? Porque envían un mensaje equivocado, dicen que para tener éxito una mujer debe seguir esos caminos. Así sólo se pervierte la respuesta y se enquistan los prejuicios.

El título de este artículo es el mismo que el de la novela de Jane Austen. La historia versa sobre dos hermanas entre los siglos XVIII y XIX y los problemas asociados a su sexo. Según la crítica tradicional ellas representan las características del enunciado: una es sentido y otra sensibilidad. Jane Austen juega a alejarlas y encontrarlas, buscando un punto medio, un equilibrio donde puedan evolucionar. Si al inicio hablaba de la sensibilidad ahora termino con el sentido, porque quienes se encuentran en puestos visibles tienen automáticamente un deber con el resto que aspira a llegar a ser como ellos, quizá no sea justo pero es así. Las mujeres artistas tienen un deber hacia la sensibilidad en tanto que creadoras, pero también hacia el sentido, el buen juicio. Se les permite fallar en cualquier aspecto de su personalidad, pero hacerlo en la órbita de la igualdad no debería ser tolerado, al contrario, deberíamos lanzar voces de alarma y crítica.

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