Los ‘idus’ de febrero

Artículo publicado originalmente en La Tronera, suplemento cultural del semanario Bierzo 7. Tribuna Cultura Crítica. Febrero de 2015. También publicado en su versión digital aquí.

Durante el Imperio romano febrero era el último mes del calendario y algo todavía arrastramos de aquello, quizá porque enero ya ha pasado y es un buen momento para mirar atrás. Al fin y al cabo, en este mes se concentra buena parte de los galardones culturales concedidos durante el año. El oso de oro, Los Goya, los BAFTA, Los Cesar, Los oscar… son sólo el ejemplo de una de las artes que concede sus premios durante este mes. Pero también se otorgan los Grammys en música y muchas editoriales aprovechan para resolver sus concursos. Es toda una explosión, una celebración que además está adornada por los carnavales y San Valentín, el día de los enamorados.

Además este 2015 contamos con una larga ristra de temas culturales sobre los que hablar, desde la libertad expresión y todos los quebraderos de cabeza que ha llevado su revisión tras los atentados de París en enero pasado, a la nueva reforma del sistema educativo universitario que el gobierno se ha propuesto lanzar con los últimos coletazos de su poder.

La acumulación es excesiva y precisamente por eso el tema de este mes es quizá más fácil de digerir, porque de vez en cuando hay que escapar de la realidad más agobiante. Esto mismo ha pensado el jurado del World Press Photo 2015, el galardón de fotoperiodismo más importante del mundo. Habitualmente los ganadores del premio suelen ser fotografías impactantes, además de formalmente perfectas. Por ejemplo, el World Press Photo de 2014 concedió su primer premio a una imagen de ruina tras el paso del tifón Haiyan por Filipinas, donde una comitiva portaba distintas figuras religiosas salvadas de la catástrofe. Algo impactante, eso es lo que busca nuestra sociedad, cada vez más desapegada de las catástrofes y lo grandioso, sea esto terrible o no. La “sobreinformación” nos hace menos sensibles a lo que no muchas décadas atrás haría llevarse las manos a la cabeza a nuestras abuelas. Sin embargo hay un fallo en esta percepción, si bien el horror pasa como algo común ciertos idearios morales aún son tabú. Por todo ello el fallo del World Press Photo de este año ha sorprendido. Se le concede el primer premio a Mads Nissen (Dinamarca, 1979) por una fotografía reposada, lejos de los estándares destacados habitualmente, pero que pone de manifiesto algo muy actual, la visibilidad de la homosexualidad.

La fotografía, titulada Jon and Alex muestra dos jóvenes hombres en actitud íntima, desnudos o semidesnudos, la sombra nos impide apreciarlo. Uno de ellos está echado con los ojos cerrados, el otro ligeramente inclinado sobre él, acariciándole el torso, mirándole. Una escena de cariño simple sobre un fondo neutro de cortinas cerradas y luz tenue, esta luminosidad recuerda a la tradición pictórica de la zona geográfica de donde previene el fotógrafo. Todo tiene un halo de estricta intimidad, que se vuelve clandestino cuando sabemos el lugar donde se tomó la fotografía, Rusia.

Ilustración de Jorge Fernandez Ruiz

Ilustración de Jorge Fernandez Ruiz

La Ley contra la propaganda homosexual es uno de los pilares en que Rusia se enfrenta a la moral de occidente, la persecución del colectivo lleva desde la implantación de la norma en junio de 2013 creciendo a ritmos alarmantes. Comunidades internacionales condenan esta actuación, pero los medios para enfrentarse a ella son escasos. El Kremlin cierra filas en torno a discursos baratos emitidos con sonrisas cínicas. La realidad que Mads Nissen muestra en su portafolio sobre la homofobia en Rusia es de actos violentos contra personas de dicha preferencia sexual. Se descubren hombres heridos, actos de humillación, balas destinadas a homosexuales, pero también los actos cotidianos de estas personas: dos madres dando de comer a sus hijos, bodas sirviéndose de un vacío legal que el gobierno ya ha prometido subsanar para hacerlas imposibles, y chicos en actitud íntima.

Si el jurado del Word Press Photo estuviera interesado en lo impactante hubiera elegido otras de las fotografías del portafolio de Nissen, pero Jon and Alex además de mostrar la terrible realidad a la que se enfrentan los ciudadanos homosexuales rusos, tiene la delicadeza de mostrar el acto que allí se considera monstruoso como algo normal. Es una fotografía que refleja el amor entre dos personas, nada más. Dado que el fallo fue el día catorce de febrero, el mensaje que se intenta transmitir está muy claro. Por una vez podemos dejar el periódico lejos de tanto horror y crueldad para conectar con lo mejor de nosotros mismos, porque en la fotografía sí hay violencia, pero está fuera de la habitación.

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