La orquídea gris

Una floristería de barrio, normal, en un local grande con plantas y flores. El propietario era una persona tranquila, sonriente, algo amanerado… de ese tipo de personas que no harían daño a una mosca. Al menos no te los imaginas fácilmente siendo violentos, alguien que dice “buenos días” tantas veces durante su jornada laboral no puede ser mala persona. Un tipo tranquilo, vaya. Yo no me esperaba que hiciera algo así.

Nosotros somos clientes habituales. A mi mujer le encantan las rosas blancas y cuando tengo ocasión le compro un ramo pequeño, el tipo solía hacerme descuento. También le encargamos la corona para el funeral de mi tío Anastasio, y todos los años nos prepara la ofrenda floral a la Virgen… preparaba. Mi mujer es muy devota. Incluso hizo los centros de mesa para la comunión de mi niña pequeña, los llevó él mismo al restaurante sin cobrarnos el desplazamiento. Eso es todo, si no recuerdo mal.

¿Lo de su mujer? Sí, te pone los pelos de punta. Era encantadora, no muy bonita, pero tan amable como él. Normal, no sé… Es cierto que se escucharon rumores. El local de al lado está cerrado, pero hace un par de años había una peluquería, un francés muy pomposo. Ya me dirá usted qué pintaba un francés en este barrio. Total, que hubo rumores sobre el peluquero y la florista, ya sabe cómo les gusta chismorrear a las señoras por la tarde en los bancos del parque. Que si fulanita los vio juntos en un restaurante de la ciudad, que si en la pensión Santa Euralia pedían siempre la misma habitación… Total que ahora también buscan al francés, porque la peluquería cerró de pronto y sin explicaciones. A la vista de lo sucedido lo mismo acabó como la mujer… Pobrecilla, de verdad.

¿Sabe? Lo último que le compramos, cuando supuestamente su mujer ya “se había ido de viaje”, fue una orquídea gris. Aun la tenemos en el salón si quiere verla. Está fresca como el primer día, con un vigor y una belleza… ¡A mí, que se me mueren a los cinco días! ¿Lo que han dicho en las noticias del abono es cierto? Eso podría explicarlo. Terrible, sí, aún no me lo explico, siempre saludaba.

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