Los acusadores

El silencio sabe adquirir la pesadez del plomo líquido y el mundo se desarrolla en su glú-glú de magma, crean capas y más capas y más capas. No puedes huir. Somos tus fantasmas, nos dañaste, nos traicionaste, nos abandonaste. Esperamos en ese conocido rincón, quietos, atentos. ¿No recuerdas nuestro rostro? Es poco importante, pero estos ojos siguen en su lugar, picándote con la culpa para paralizarte mientras el mundo y el silencio siguen su plácido discurrir. Tardarán un tiempo: abrazarán tus tobillos, te inmovilizarán las piernas, presionarán tu vientre, ahogarán tu pecho, agotarán tus brazos y tus ojos sólo podrán vernos a nosotros; por tu boca se colará una inundación de plasma caliente, creando un molde de tu corazón. A escasos segundos de la desesperación, tu grito cobrará la textura de las burbujas y el eco repetirá nuestros nombres. Esto es una promesa.

Ansiedad, Munch 3

Ansiedad – E. Munch, 1896