En el día del libro

Hoy es el día de los libros. Queda poco, pero aún lo es. En realidad escribo estas líneas poco antes de las cuatro de la tarde. Voy a pasar este día entre aeropuertos, entre largas esperas y con dos libros bajo el brazo.

Los aeropuertos son una suerte de limbo eterno dónde es fácil sentirse inhumano, poco más que una maleta arrastrando maletas más pequeñas… No me gustan los aeropuertos por la falta de escondites, de intimidad. Hay una excesiva exposición a una enorme cantidad de hombres y mujeres llenos de estrés, de sudor, de prisas y de extrañas lenguas. Es la Babel de hoy y nunca fui políglota.

Quien me conozca sabrá de mi pasión obstinada por los libros y por eso mismo el día de San Jorge o Sant Jordi o 23 de Abril o día del libro, me resulta un día especial. Regalar un libro es redundantemente generoso ya que no sólo es dar algo a alguien sino que ese algo a su vez “regala” o, si ustedes prefieren ser menos sentimentales, muestra un pequeño universo de ficción o no ficción; existe una historia o una información que servirá, en el caso de ser leída, para engrandecer a esa persona que ha sido regalada. Es cierto, la visión puede sonar un poco infantil o sentimental (de nuevo) pero un libro siempre enriquece, hasta los peores, los más panfletarios, incorrectos o de un pésimo estilo, ya que avisan y nos muestran cómo otros pueden ver este mundo de penumbras. La rosa, la sangre de aquel caballero o la sangre del dragón o ambas mezcladas, es también un bonito gesto para recordar lo perdido, lo derramado, lo mítico, lo literario.

Por todo eso, por ese “querer” mío hacia este día, hoy pensaba hablar de política, de la política del gobierno español hacia la educación y para con la cultura. Basten dos ideas; la primera es un silogismo fácil: fomentar la educación es fomentar el país. Querer realizar, una vez más, un modelo americano en España no funcionará. Parece que la derecha española tiende a fijarse mucho en los EEUU para estas cosas y le gusta realizar el mismo proyecto a escala española, es decir, a un nivel pequeño, chapucero y mediocre. No se puede trasladar un modelo desde un país a otro sin observar cuidadosamente la idiosincrasia de cada estado. Y, sin embargo, este gobierno, que se perfila ya tendiendo paralelismos con tintes fascistas (y lo digo, sabiendo que caigo un poco en la demagogia, pero vistas las políticas represivas asociadas a la huelga creo que es comprensible mi indignación) es ignorante y se limita a torpes recortes sobre la hoja del país, esperando que el monigote resultante sea similar al yanki. Déjenme desmitificar esto: no va a ser así, el “tembleque” de nuestro bien muerto dictador, aún les dura en la mano a los políticos de hoy. Así no hay quien haga nada bien.

La segunda idea la formularé más brevemente: si la cultura en España se circunscribe a los toros y al deporte se creará una sociedad que sólo valore el poder físico, y sólo con poder físico nunca se ha conseguido ganar nada, ni siquiera las guerras. No era el ejercito mejor preparado el que se llevaba la victoria, era el que poseía el mejor estratega a la cabeza. ¿Dónde está la brillantez que España posee, la inteligencia, sus cerebros preparados? Imposible decirlo o tristemente fácil, quizá.

Y la culpa de todo esto la tiene el gobierno, pero la culpa de que al gobierno se le permita todo la tenemos nosotros, un pueblo adormilado que prefiere mirar a otro lado, que prefiere criticar y llorar en privado, pero que no aúna el valor para actuar porque somos un pueblo cobarde y nuestra cobardía viene de ese desconocimiento y de esa ignorancia que este gobierno (y por extensión nosotros) fomenta hacia el futuro.

Nos dirigen hombres menores puestos en la palestra por nosotros y en el día del libro, en el día de una industria que ha resurgido en los últimos años con mucho esfuerzo, la industria transmisora del conocimiento por excelencia, deberíamos pensar, yo al menos quiero dedicarme a pensar, en cómo estamos dejando que nosotros y las siguientes generaciones vivamos en un país pobre que fomenta la mediocridad, cuando el tesoro más valioso que cualquier país tiene es su propio conocimiento. Sólo así se sale de la crisis, sólo así se evoluciona.

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“La dama boba”

Uno se pone a pensar y llega a la conclusión de que parece necesario cierto radicalismo en las opiniones, con el objetivo de abofetear los dogmáticos.

El señor Feliz de Azúa, uno de los brillantes, de los intelectuales podríamos decir, que quedan en esta España pobre de inteligencia, escribía hace poco en su blog sobre la ignorancia manifiesta de los políticos. Es algo bien extendido que se desprecia a los que saben desde las instituciones y se prefiere con mucho a los dogmáticos de cruz latina en ristre o de incansable recelo a lo nuevo. Parece que España vive en un renovado conservadurismo donde las doctrinas políticas han clavado su rodilla ante las económicas, donde el individuo ha sido vendido y donde se vive con la idea de “todo momento pasado fue mejor” Lo terrible es que hace unos días ese momento pasado se manifestó con una misa en el valle de los caídos. Franco, al parecer, no fue tan malo; semejante hecho que debería despertar una gran indignación y desprecio tanto hacia los políticos que permiten esto como en los católicos hacia su propia iglesia al manifestar el homenaje a tal figura ha pasado como una brisa podrida más en el cenagal de nuestro país. Eso sí, no hay que olvidar que si uno lanza una acusación o tiene la mala idea de comparar a Franco o Hitler se le tachará de ciego, obstinado y quizá radical.

Bien, comenzaba hablando de cierto radicalismo que parece necesario, por lo que me encuentro con el valor suficiente de afirmar que Franco igual que Hitler fue un dictador y que si en Alemania no se permiten adoraciones a su oscura figura no es sólo por Austwicht, (que se ha convertido en Leitmotiv a estas alturas) La idea aceptada con resignación de Franco como autoridad política de turno casi hasta legitimada por el pueblo es ciertamente vomitiva. Ni era un “abuelete” ni un “galleguillo” simpático; que fuera un dirigente patético y un dictador risible no significa que fuese menos déspota que lo fue Adolf. Recordar también que al menos Hitler consiguió el poder con las urnas en un tiempo convulso, en el caso de nuestro aflautado caudillo fue por una guerra.

Felix de Azúa terminaba en su artículo por anunciar eso que todos sabemos, que “España no es Europa, pero tiene que parecerlo” Un juego de apariencias que nos sitúa como “paletos” ante la Europa que se ríe de nosotros, que nos señala aún por tener creencias que ellos ya han superado y que nosotros denominamos “tradición” que se ríen de nosotros por enfrentarnos a la tiranía con nostalgia y una ley de indulgencia creada para que los crímenes del franquismo no salgan a la luz y para que si un Juez le da por abrir los ficheros pueda ser cesado por la osadía.

España es un país un tanto patético entonces, dónde la población crítica, pensante, la población que duda, lee, va a la universidad para aprender que no a la universidad como escuela de trabajo (modelo implantado ya hace años sobre todo en ciertas carreras) se ha mantenido estancado. O el porcentaje no ha variado o ha variado muy poco, tan poco que las cosas no han cambiado, lo cual demuestra su estatismo. Pensar en España es pensar en la derrota, en la muerte de la inteligencia y la coronación de la ignorancia, transmitida a un pueblo que no cree en aquellos que piensan y se burla de aquellos que lo hacen. Este país es feliz en su ignorancia igual “La dama boba” de Lope de vega pero de forma más oscura y orgullosa, habiendo tomado tal ignorancia como regla con la cual medir a todos, siendo ella la mejor medida. No hay esperanza en España para un mejor futuro.

Entrada Nº2: La intimidad

En Paris no hay cortinas en las casas y si las hay, los habitantes tras los cristales tienen la costumbre de no echarlas. No, no hay vergüenza a la intimidad. Aquí lo íntimo es otra cosa, algo mucho más natural. En España la intimidad es algo obsceno, que debe ser obsceno y que nos traslada las imaginaciones hasta secretos inconfesables que han de ser, eso creemos, pecados forjadores de nuestra condena. Los españoles no creemos en la justicia, sólo en el pecado íntimo, ese que parece guiarnos hasta la enfermedad con unos escrúpulos de cirujano paranoico.

Los españoles creemos en la culpa. De quién hemos heredado tal síntoma está claro, pues la cruz sigue marcada en nuestra frente. Sería mucho decir que Francia es de tal otra manera, porque al fin y al cabo es un país extenso y diferente, pero quizá no seríamos demasiado prepotentes si dijéramos que en París la culpa parece un vicio antiguo, cosa del XIV o al menos de antes de Napoleón. En una ciudad sin culpa, la gente puede hablar de sus defectos tanto como de sus virtudes sin que por ello se vaya a saltar algún tipo de normal moral o de regla de educación. En España nos cerramos tras nuestras cortinas para que nadie pueda ver lo que esconde la oquedad de nuestras vidas. En París cuando paseas de noche puedes encontrarte con las vidas no escritas de todos esos hombre, mujeres y familias que, lejos de avergonzarse de su intimidad, la exponen sin miedo.

Ellos saben que la intimidad es otra cosa, algo distinto, más íntimo aún que la propia palabra, y que se muestra en el espacio físico sólo en forma de invisibles.

España en París

Este sábado me acerqué por el museo de l’orangerie donde se exponen los famosos nenúfares de Monet de gran formato. Es un museo pequeño, no tan conocido como los grandes de París y que es muy agradable visitar.

Pero este artículo no versa sobre su colección permanente, sino sobre la exposición temporal que ahora mismo alberga en sus salas. Bajo el título de: “España entre dos siglos” el museo plantea una interesante revisión de la historia de España en torno al cambio del XIX al XX. Me gustaría dejaros una traducción de las primeras líneas del folleto, que creo que es interesante:

En el final del siglo XIX, en una Europa en plena mutación, en marcha a través de un mundo abierto a las nuevas tecnologías y a nuevos modos de pensar, España permanece fija en una sociedad cerrada, sombría, impregnada de leyendas ancestrales y marcada por las tragedias sociales que describen Théophile Gautier o Eugene Delacroix. Víctima de guerras y de inestabilidad de poder después de 1820, el país está enfangado en una crisis profunda.

La traducción es propia por lo que pido disculpas de haber alguna incorrección. Dejando a un lado las cuestiones técnicas, después de leer este fragmento podríamos hacer un guiño al momento en que estamos viviendo. Quizá esta exposición llegue en un buen momento para nuestro país, pues el arte es una demostración de nosotros mismos, una lectura, y leerse es buscar comprenderse. Sin duda a España le queda un largo camino que emprender en estos parajes, pues siempre ha manifestado una especial pereza a la hora de ejercitar eso que tiene sobre los hombros. Evidentemente hay muchos individuos que se salen de la norma general, pero ya se encargará el conjunto de hacerles callar. ¿Es el dogmatismo de la estupidez, simple ignorancia o quizá envidia hacia ese don maravilloso que es la razón? La lucidez sin duda es un término desgastado, pero en nuestro caso desgastado por el abandono y el manoseo superficial.

Que España necesita pensar es obvio, la crisis que afrontamos no es sólo una crisis económica y ahora también política, lo es de pensamiento, de concepción, casi podríamos decir que se trata de una crisis ontológica. La ontología, como sin duda se sabrá, trata la noción del ser, entre otras cosas, pero esta es su fundamental. ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos aquí? Estas preguntas ha de hacérselas este “crisol” o “útero” de civilización que se ha creído Europa durante los siglos pasados. El cambio es fundamental porque si no consigue juzgarse a sí misma, si no consigue comprender qué realidad puede o no desempeñar ahora, entonces caerá en la perdición. Europa está tocada y parece difícil que se vaya a hundir, pero puede. El pensamiento no es menos importante que la economía; sí, es cierto que antes parece que hay que conseguir buenos alimentos (economía) para cebar al cuerpo (el mundo político) ya que este se encuentra enfermo, pero no se nos olvide que el cerebro está congestionado y más en España.

El caso de nuestro país debe de ser único en el mundo, estamos obcecados. Arrastrábamos una maldición que en los ochenta parecía haberse terminado, que en los noventa nos dejó respirar, pero que en los dos mil nos devolvió su jugada. No, en estos veinti y pocos años de “bonanza económica” no ha cambiado nada. España sigue siendo la de siempre, atada a los mismos demonios. ¿Qué es España? ¿Qué hace aquí? El día que nuestro país se lo pregunte puede que por fin se rompa el hechizo y quedemos liberados, por lo pronto no parece que semejantes cuestiones vayan a estar entre las medidas de un gobierno que, no nos engañemos, nace y va a vivir sin romper el cordón umbilical que lo une a Alemania.

La esperanza podemos depositarla en la exposición de l’orangerie, donde se muestra a Joaquin Sorolla y Bastida, Ignacio Zuloaga y Zabaleta, Dario de Regoyos, Salvador Dali, Joaquín Mir, Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Joaquim Sunyer, Pablo Picasso y Joan Miró. Todos grandes de nuestro país y, excepto los obvios, también bastante ignorados. Asimismo el despliegue de lienzos se completa con conferencias, lecturas, encuentros y conciertos. Es decir, surge un pequeño satélite de personas que se interesan por nuestro país, que estudian y reflexionan sobre arte y también sobre España. La recomendación a las salas del museo es obligatoria, igual que a cualquiera de los eventos que se organizan. También hay que hacer notar que el comisariado de la exposición es compartido entre Marie-Paule Vial, directora del museo nacional de l’Orangerie y Pablo Jiménez Burillo, director del instituto de cultura fundación Mapfre.

Parece que la reflexión se está llevando a cabo, pero no nos olvidemos que la mayoría de estos artistas huyó de España para crear y para pensar, y tampoco olvidemos que esta exposición no la recogen nuestras fronteras sino que son las de Francia las que la dan cobijo. ¿Si en el corazón de París se piensa en España, por qué en España no se piensa sobre sí misma?

España vota

Había dicho que tardaría una semana en publicar y aunque sigo con “problemas” técnicos he querido hacer un alto o más bien me he visto obligado a ello.

Para el lector espabilado, el título de este texto no le pasará desapercibido. “España vota” es el lema que el PP ha adoptado de cara al domingo. Tienen toda la razón, el país vota y quizá en su elección más dura después de aquella primera vez, ya muerto Franco.

Hoy es jornada de reflexión y este que suscribe, que habla aquí de cuando en cuando de cultura y de política, que habla de lo que pasa en España, no puede dejar de reflexionar hoy, sería una suerte de traición porque yo, igual que cualquiera que lea este blog, es un animal político. No nos queda otra, lo somos, incluso en la ignorancia, (elegida siempre, porque eso se elige y no vale ninguna excusa) somos políticos porque vivimos en sociedad; porque aunque queramos sentirnos ajenos a todo este entramado, no podemos. Es ese monstruo del que hablaba hace unos día en “el cinco de noviembre”. En ese artículo mencionaba la aberración del estado y pedía pensar en ello, en los poderes que nos atan mientras nosotros somos mansos corderitos que se dejan encadenar.

La jornada de reflexión parece pura hipocresía, a estas alturas todos sabemos a quién vamos a votar ¿sí? Para los familiarizados con los medios de comunicación les aconsejo ver los videos de Iñaki Gabilondo en su sección de El país digital. Sobre todo este y este, que me parecen interesantes para no olvidarnos de que el juego ha cambiado: ya no es el que parece y todavía se juega con las apariencias. Como buenos prestidigitadores, nuestros malos políticos nos siguen queriendo hacer ver que son ellos los reyes de esta época, los señores de la democracia. Es cierto que la democracia ya no es lo que era, poco a poco se está convirtiendo en una plutocracia, pero en una velada. ¿Acaso alguien pensaba que unos señores con sombrero de copa y billetes en el fajín iban a aparecer en la televisión y presentarse a las elecciones? ¿Por qué? ¿Por qué arriesgarse? A no ser que se tenga mucho dinero y muy poca vergüenza, a no ser que medio país sea tuyo, o seas Silvio Berlusconi, la posibilidad de perder no merece la pena. Por otra parte Turquía pretendía adoptar una ley hace meses que regulase la corrupción de los políticos; no que la detuviese, sino que estas personas no pudieran ser juzgadas por esos delitos. España va por el camino de Italia y de Turquía, a il cavalieri le han echado para lavar la cara, pero muy ingenuo se ha de ser para pensar que este hombre no va a manipular todo lo que quiera y siempre en su beneficio.

Pero vamos a nuestro tema, a España, y sigamos reflexionando. Si la democracia ya no es democracia, si nuestros políticos se arrodillan ante fuerzas mayores de esa comunidad de la que formamos (orgullosamente, claro) parte, y que a su vez se doblega ante amos más poderosos, ante los hombrecillos de las chisteras (hombrecillos que tienen un poder muy ambiguo, porque ellos pueden desaparecer pero demonio al que representan no) ¿No os recuerdo a algo? Porque a mí sí, quizá por una sentimiento propio siempre tengo en mente a Jaime Gil de Biedma y a sus versos sobre España. Versos que más de una vez yo ya he mencionado y que sobre todo me gustaría recordaros en “La maldición de España”. Eso fue en Abril y hoy me parece una fecha muy, muy lejana, ya entonces trataba este tema y es que en España algo va muy mal. Algo huele a podrido en Dinamarca, decían en la famosa obra de Shakespeare, pero en España Hamlet se ahogaría por la peste. España, ese país de todos los demonios. El poeta, Biedma, lo vio hace cincuenta años en el Franquismo. Es cierto que tenía en mente demonios menores pero cómo es posible que no haya cambiado esto. Sí, hoy admitimos que el malgobierno es culpa de personas, pero personas endemoniadas, poseídas por serpientes que representan intereses de una minoría y que ahora incluso ellos se estremecen ante la mirada siempre vigilante del gran hermano monetario, el gran dios oscuro, el demonio, Satanás. Hemos vendido todo al diablo, este es su siglo y somos sus amantes esclavos. ¿Queréis saber por qué? No me interesa ya Europa, porque ella tiene otras culpas, hablo del por qué de España. Esto ha ocurrido por nuestra culpa, porque somos democráticamente culpables, porque no hemos sabido hacer nada al respecto, porque no sabemos nada. ¿Cuántas personas conocéis a las que les importen las ideas? ¿Alguna que disfrute pensando? Son tan pocas que da miedo, España es un país ignorante y el dolor de decir esto es enorme cuando se escribe en español, pero lo que es peor es que esté orgullosa de ser ignorante. No sabemos nuestra propia historia, nos rodeamos de personas que empuñan frases banales en las redes sociales y se afilian a partidos políticos que no entienden.

Pero volviendo a las elecciones y echando una mirada rápida al ambiente político nos daremos cuenta de que el 15M y las propuestas de no votar a los partidos mayoritarios perjudican más, mucho más, a la izquierda. Las personas normales, la calle, el pueblo que se suele decir, culpan de la crisis al PSOE por ser el partido en el gobierno. Y es cierto que sus políticas para enfrentarse a la crisis han sido muy malas y no se merecen nuestro voto. También es cierto que el PP se ha pasado dos legislaturas sin decir nada, atacando una y otra vez esperando que la presa estuviera bien debilitada; han hecho una oposición extremadamente hostil, pero son la alternativa, el gran cambio. Se ha vaticinado que el PP nos sacará de la crisis porque esta trata de lo que mejor saben hacer ellos: de economía. Bien, aceptemos esto, sí que es posible que tengan una mejor habilidad con la economía. ¿Pero es que no nos importa el precio? ¿Alguien se ha leído el programa del Partido popular? A este que firma abajo le da miedo ese documento. No dicen nada, hablan con vaguedad, de nuevo con prestidigitaciones y se desdicen de lo poco de los derechos sociales que decían que iban a mantener. Todo es posible con ese programa electoral y encima dicen que quizá nos molesten las medidas a adoptar, medidas que ni se mencionan ahora explícitamente por miedo a perjudicar el voto.

Sobre los partidos minoritarios no hay aquí espacio para hablar. Sabemos que es imposible que suban al poder porque el sistema electoral favorece el bipartidismo, esto ha de cambiar si queremos una verdadera democracia, pero no ahora, ahora tenemos una cuestión mucho más urgente. Estas elecciones tratan de cuánto estamos dispuestos a pagar por “salvarnos” de la crisis. Mucho me temo que la respuesta sea “todo” y que consecuentemente gane el PP, algo de lo que nos hemos de lamentar porque será devolver las riendas de España a esos demonios que maldicen nuestro país.

Hemos sido un gran país que ha terminado siendo sombra de su pasado. Nos hemos consumido en la ignorancia y vamos a dar nuestra libertad a un partido que sí, que nos sacará de la crisis, pero mientras nos pone los collares al cuello y da sus correas a la gran entidad que ha provocado todo esto: al sistema económico, el mayor Leviatán de todos. Ese demonio que ha de ser cambiado pero que se resiste como jamás ningún otro se ha resistido.

España vota, España tiene una cita con las urnas : esas son las máximas de ambos partidos y por una vez hemos de hacerles caso de verdad. Votar es necesario, si bien cada uno a aquel partido que prefiera, pero lo importante en votar, aunque sea nulo. Nunca en blanco y nunca abstenerse.

Hoy es la jornada de reflexión, un servidor no habla con un mayor fin que el fomentar el ejercicio de pensar. Quiero decir con esto que yo no pertenezco ni a un partido ni a otro, mis ideas políticas van más allá de eso y no pido el voto para ninguna facción. Pero mi opinión particular es que con el PP seremos esclavos y con el PSOE no sabemos qué vamos a ser. Personalmente yo aprecio demasiado la “libertad” entrecomillada de la que gozo como para venderla; prefiero arriesgarme a la duda aún con lo temerario que esto es, porque la duda, como Borges decía, es otro nombre para la inteligencia.

El cinco de noviembre

“Remember, remember, the fifth of November, Gunpowder Treason and Plot. I see no reason why Gunpowder Treason should ever be forgot.” (“Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre, la Traición y el Complot de la Pólvora, que nunca se olviden.”)

Esta copla se escuchaba por Londres en los últimos siglos desde el célebre complot para destruir el parlamento británico. La revisión de este hecho que se hizo en la novela gráfica V de vendetta y en la posterior adaptación cinematográfica, ha servido como método de pensar en la crítica al estado. 1984, Mercaderes del espacio, Un mundo feliz, La naranja mecánica y Fahrenheit 451 han sido otras obras de la ficción que intentaban revisar este peligro.

El estado es un monstruo, eso no es nada nuevo, tenemos a Hobbes gritándolo desde su tumba. El Leviatán nos devorará a todos si puede, es su naturaleza, algo así como la tendencia animal que no puede ser controlada. El problema que se suscita es que los componentes del Leviatán, es decir, la sociedad, no se dan cuenta de su pertenencia celular al monstruo. El movimiento de “indignados” es una muestra de la rebeldía a nivel atómico de ciertas partes de la bestia; ellos están despertando, sus propias pancartas lo anuncian y tienen razón: “despertar” es la palabra adecuada ya que hemos estado dormidos.

Las obras citadas son distopías en las cuales los individuos están aplastados por la fuerza del estado. Uno puede leer las novelas y tomarlas como eso, como ficción, como novela, pero si hace esto se quedará en lo más simple del argumento. La causa de la escritura de tales obras es el miedo, el puro miedo a la represión, a la libertad enmudecida, al consentimiento de lo terrible, al imperio del leviatán en fin.

Es cierto que no podemos luchar contra el reinado del monstruo, está ahí y la última mitad del siglo XX y el comienzo del XXI ha estado sentado en su trono pero relativamente tranquilo al menos. La reciente crisis, que se venía desarrollando paulatinamente como una enfermedad, ha reactivado el organismo, lo ha puesto en marcha y se ha encontrado con una atmósfera ideal para echar las raíces de su corrupción. El mundo está cambiando y nadie puede negarlo, esta es una etapa de transición y todas las transiciones son violentas. La violencia se está llevando a un nivel económico que a su vez afecta a lo político y que hará que lo social y lo cultural se contaminen con ese crimen que dejará muchos muertos y muchos santos en sus hornacinas. No quedará un pedazo sano del mundo y el punto al que lleguen sólo lo podemos imaginar en 1984, en Un mundo feliz o en V de Vendetta.

¿Parece un extremo, verdad? No cabe la angustia cuando seguramente todo se arregle de una manera sencilla y sin que nos molestemos en movernos del sillón. No es así, pese a que esperamos eso esta vez no lo será. Todo va a cambiar. España tiene elecciones el veinte de noviembre y se elevará entre nosotros un hombre elegido con un sistema que no se puede considerar democracia sino en ese sentido retorcido que nos han hecho tragar. Ese hombre, sea el que sea, incluso en el hipotético caso de que fuese el que no creemos que será, se ungirá con la corona y ordenará lo que tenga que ordenar; es decir, dará de comer al Leviatán. Los indignados no pueden hacer nada porque confían en el atomismo del leviatán, si lograran algo sería por un impulso incontrolado que no es posible predecir. ¿Puede darse tal impulso? Pienso que no, que los ideales que el movimiento empuña son digresiones de todo y no concretan nada. Se grita por mil razones y en todas tienen razón, pero debería ser una sola la que se pronunciase a voz en grito, martilleando repetidamente el mismo punto hasta que cediese el muro. Golpearlo todo no sirve de nada, sólo da muestra de debilidad. Sí, el movimiento significa que las células empiezan a ser conscientes, pero aún es un bebe que no tiene fuerza para grandes acciones. Puede ser acallado, pero confío en la torpeza del estado para ello, confío en que no sepan callarlo, en que lo hagan tan mal como vienen haciéndolo y aseguren así el crecimiento del movimiento. Quizá llegue el momento en que tengan, en que tengamos la fuerza suficiente para derribar algo.

La copla que se enunciaba en 1605 y en los años posteriores es significativa, no es un mero adorno. Sirve para recordar que el monstruo está ahí, que somos parte de él y que debemos revelarnos y pensar, debemos ser conscientes y no complacientes para poder ser más íntegros, más personas, más libres. La inacción nos encadena, el conocimiento, la lucidez, pensar, es lo único que puede salvarnos.

Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre…

Festival International des musiques d’aujourd’hui de Strasbourg

De entre las pocas competencias que domino o de las que puedo hablar sin demasiado riesgo de parecer estúpido, la música contemporánea no es una de ellas.

Hecha esta aclaración, he de decir que este texto es pura opinión basada en la sensación inmediata, en el sentimiento estético que uno ha podido apreciar en el festival de música contemporánea de Estrasburgo. No habrá entonces referencias de estilo o de minuciosidades sobre la complejidad de esta música. Complejidad que es bastante notable, al menos a mi modo de comprender.

El festival Musica es un referente en el mundo de la composición contemporánea. Su éxito se ha trabajado desde 1983, año en el que fue organizado por primera vez; le debe su renombre a un presupuesto que hace posible el contratar los mejores grupos especializados en ese tipo de música para tocar las obras de los compositores más vanguardistas (entiéndase “vanguardista” como los más novedosos, en boga, en primera línea)

El festival de este año estaba dedicado a Philippe Manoury, autor francés que destaca por su dominio de la electrónica en tiempo real dentro de la música. Esto significa que mientras el grupo está interpretando las partituras, los micrófonos recogen esos sonidos y añaden a la materia musical ciertas modificaciones que transforman el sonido o que introducen otros pregrabados. De este autor yo destacaría, de entre las obras que pude escuchar: Hypothèses du sextuor (2011) interpretado por el ensemble Accroche Note en la sesión del 6 de octubre y Noon (2003) que se pudo escuchar dos días después en el cierre del festival, tocando la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR /SWR Vokalensemble. Remarcaría especialmente esta última, quizá por estar inspirada en los poemas de Emily Dickinson, algo que puedo comprender mejor que la música en sí. La obra ponía sonido a las palabras de la poetisa, lo hacía de modo secuencial: palabra por palabra, interpretando con música el significado de cada vocablo o verso. La concepción es interesante y la obra era acorde a lo esperando, sin embargo como interpretación de los poemas de Dickinson resulta algo pobre. Válido pero que no tiene en cuenta el conjunto del poema. Hurgar con el bisturí palabra por palabra le quita el significado propio, podrían haberse escogido palabras al azar en un juego dadaísta y hubiéramos tenido el mismo resultado. Escoger una obra concreta como es el caso, para no encontrar esa coherencia en la reinterpretación parece algo decepcionante. Aún así el resultado era espectacular.

Hugues Dufourt, el ideólogo de la escuela espectral, sorprendió con su peculiar visión acerca de la obra de Tiepolo y del legado que este compositor entiende y desarrolla en sus obras. En la sesión del siete de octubre, el ensemble recherche interpretó L’Afrique d’après Tiepolo (2005) y L’Europe d’après Tiepolo (2010-2011) obras muy pensadas que parecían jugar con unos sonidos llenos de carácter propio que invitaban de lleno a la imaginación.

Johannes Maria Staud, compositor austriaco, estuvo entre los más aclamados con dos obras de unos sonidos impresionantes y tan característicos como los de Dufourt, si bien diferentes como podría uno imaginarse. A este que suscribe le resultó quizá el más impresionante junto con Alberto Posadas, del que se hablará a continuación. Las obras de Staud se escucharon el día seis de mano de la Orchestre Philharmonique de Strasbourg, que interpretó On comparative Meteorology (2008-2009-2010) y el día ocho, en el cierre del festival, ejecutado por la misma orquesta que tocó las obras de Manoury; en esta ocasión la pieza fue Contrebande – On comparative Meteorology II (2010) Ambos trabajos son un todo que hubiera sido interesante escuchar en el mismo día, no obstante, de la forma en que fueron dispuestos tampoco desmereció el resultado.

Por último hay que citar a Alberto Posadas, Premio nacional de música de este año, fallado hace pocos días. El merecido galardón sirve de broche a una carrera que se justifica por su obra. En el festival Musica, el día siete el Quatuor Diotima interpretó su obra Del reflejo de la sombra (2010), que abre un ciclo para cuarteto, clarinete, bajo y soprano todavía en proceso de escritura. La segunda obra de grandes dimensiones de esta serie, Del misterio de la sombra se estrenará en Madrid el mes que viene. Esta obra de Alberto Posadas está llena de oscuridad, esto no debería sorprender dado su título, pero lo hace. Si la música es difícil de descifrar, además de en su cuestión técnica, es por lo difuso que es el conseguir una plataforma sólida sobre la que argumentar: el espectador sólo dispone de su oído para entender eso que es abstracto. Que la obra de Alberto Posadas esté llena de esa sombra significa que la bruma de la música es capaz de crear algo más: la imagen que se tambalee en nuestra cabeza, la atmósfera terrible y agobiante de la oscuridad, de la sombra proyectada, del espíritu. Lo abstracto permanece así, pero se hace comprensible por una especie de milagro.

En definitiva, el festival ha sido una experiencia muy grata para este que firma, ha sido afrontar algo nuevo y ha servido para descubrir cierta forma de comprensión, de pensamiento. Con todo ha habido obras en las que quizá por pura ignorancia no he sabido encontrar el gusto o que me han aburrido. Se trata, supongo, de falta de conocimiento. Aún así, esa abstracción melodiosa de los sonidos, la destrucción del convenio de la música antigua en favor del eco, de lo ficticio, es creación limpia, matemática del arte, una indefinición difícil de entender pero que puede agradar y que resulta un reto interesante de afrontar.

Enlaces de interés: Festival Musica