El testamento de Maria

  • 0505_el_testamento_de_maria_portada_medAutor: Colm Tóibín
  • Editorial: Lumen
  • Traducción: Enrique Juncoso

Hacer hablar a los muertos nunca es fácil y hacer hablar a los personajes históricos es incluso muy audaz, pero dotar de lengua y palabra a los personajes que componen los mitos aún imperantes en la sociedad y tiempo actual resulta una temeridad, algo casi impensable para muchos. Colm Tóibín (Enniscarthy, 1955) se ha atrevido a hacerlo con María, la madre de Jesús de Nazareth, personaje fundamental para la comprensión de nuestro pasado y nuestro presente.

El libro nos sitúa poco tiempo después de la muerte de Jesús, desarrollando un Stabat Mater de un colorido y profundidad sorprendentes. María narra sus últimos días alejada de todo, ya sumida en la fatiga de la vejez, en la soledad y el dolor. Su relato es el de una madre incapaz de comprender el destino de su hijo, escéptica sobre las historias que otros relatan sobre él. En estos últimos días de su vida sólo le quedan los recuerdos de lo acontecido, estos son los pensamientos de una madre y una mujer, no los de una santa.

La sensibilidad que el autor islandés demuestra es una constante durante todo el libro, traza así la historia sin dejarse llevar por misticismo ni tampoco por la posible crítica contra la religión fundada en torno a la figura de Jesús. El interés que el texto bíblico despierta contrasta con la que Tóibín escribe y María expresa, no por ser divergentes sino por el tono más simple y humano revelados aquí, lejos de perfiles morbosos más dignos de literatura tipo best-seller sobre antiguos secretos. Es seguro que un creyente y un no creyente puede disfrutar del testamento de María bajo ópticas distintas. La delicada operación ejercida por el escritor tiene éxito, y eso es algo nada evidente en una narración de este tipo.

La narración se construye con sinceridad, de manera abierta, haciendo que los acontecimientos relatados sean cercanos para el lector, fáciles de comprender. Tóibín huye de adornos lingüísticos exagerados, pero esto no impide que consiga imágenes poderosas, todo lo contrario, aprovechándose de esa sencillez y cercanía provocadas gracias a la intimidad de la confesión de María, logra fundar una poética sobre el sufrimiento.

El testamento de María es un libro delicado, corto y de fácil lectura, sin duda una joya capaz de atrapar al lector en la historia, pues si bien los hechos resultan conocidos, Tóibín consigue colocarlos en una perspectiva nueva y atrayente. No decepciona este testimonio contemporáneo, al contrario, cuenta con todos los elementos para sobrevivir al tiempo y convertirse en uno de esos libros que continuarán leyéndose por muchas décadas.

«Apenas salgo de casa. Me muestro alerta y cautelosa; ahora que los días son más cortos y las noches frías, cuando miro por las ventanas observo algo que me sorprende y me atrae. Hay una plenitud en la luz. Es como si, al volverse escasa, sabiendo que tiene menos tiempo para derramar su oro sobre donde estamos, desprendiera algo más intenso, algo repleto de una claridad trémula. Y cuando empieza a menguar parece dejar sombras rastrilladas por todas partes. Y durante esa hora, la hora de luz ambigua, me siento segura para salir y respirar el aire denso, en ese momento en que los colores se van desvaneciendo y el cielo parece absorberlos, llamarlos para vayan a casa, hasta que poco a poco nada destaca en el paisaje. Me gusta y me hace sentir casi invisible mientas camino hacia el Templo para pasar unos minutos de pie junto a una columna contemplando cómo las sombras se espesan y todas las cosas se preparan para la noche»

La lluvia amarilla

  • lluviamarillaAutor: Julio Llamazares
  • Editorial: Booket

¿Qué haríamos si fuéramos la última persona del planeta? No, La lluvia amarilla no es un texto post-apocalíptico, pero tiene ciertas semejanzas, la pregunta puede ser digna de hacerse y la lectura de La lluvia amarilla da una respuesta, quizá la más sincera y sencilla.

Andrés se ha quedado sólo en Ainielle, un pueblo perdido en medio de los pirineos, aislado cuando caen las nieves en invierno. Poco a poco la gente se ha ido, ahora él asiste a los últimos años de su vida tras la muerte de Sara, su esposa. No tiene más compañía que la perra y junto a ella asiste a la paulatina destrucción del pueblo, reconquistado por la naturaleza. En consonancia con el deterioro, Andrés también es testigo de su propio final, ya es un anciano y sus últimos días también serán los últimos días de Ainielle, luego el pueblo dejará de existir en los mapas, quedará sólo un recuerdo, un montón de ruinas para los excursionistas.

Julio Llamazares escribe sobre la muerte y el abandono, sobre la soledad, pero ante todo La lluvia amarilla habla de la memoria. El único ejercicio que Andrés puede hacer durante los años que van transcurriendo es recordar. Su memoria viaja a todos los acontecimientos de su vida, lo hace desde la cama donde va a morir, un aviso inicial que no resta de interés a la narración. Recuerda todo lo ocurrido en Ainielle como si le contase su historia a un espectador fantasmal. Su narración es el testimonio de un mundo rural casi desaparecido, una sociedad donde la cooperación entre sus distintos individuos regía el modo de vida.

La novela de Llamazares es un texto narrado en primera persona, coloca al lector en la misma habitación donde muere Andrés para que éste le cuente su historia, las palabras del anciano van llenando la estancia de imágenes y colores. Es, sin duda, una novela crepuscular, pero esa caída de sol tiene una tonalidad magnífica gracias al lenguaje empleado. Llamazares ha sido capaz de crear un texto sencillo en el estilo, pero muy complejo en su estructura temporal (con abundantes asociaciones de eventos) que sin embargo articula con maestría, creando un relato capaz de evitar la linealidad, un defecto donde podría haber caído fácilmente debido al tipo de historia elegida. Se trata de un libro envolvente, todo un paisaje literario desplegado para contar la historia de una vida y de un pueblo, demostrando así cómo el lugar condiciona el desarrollo de las personas. La sensibilidad que Llamazares demuestra se traslada fácilmente al lector, quien podrá emocionarse con la belleza de las palabras.

«La herrumbre del cerrojo, al rechinar bajo el empuje de una mano, bastará para romper el equilibrio de la noche y sus profundas bolsas de silencio. Como asustado de sí mismo, el que se atreva a hacerlo regresará sobre sus pasos y el grupo entero se quedará paralizado, inmóvil, en silencio, escuchando la angustiosa sucesión del eco por el pueblo. Por un instante, pensarán que aquellos golpes nunca más van a volver a detenerse. Por un instante, llegarán a temer que Ainielle entero se despierte de su sueño –después de tanto tiempo- y los fantasmas de sus antiguos habitantes aparezcan de repente a la puerta de sus casas nuevamente. Pero pasarán los segundos, lentos, interminables, y ni siquiera en esa casa, en la que tal aparición sería esperada, ocurrirá absolutamente nada extraño. El silencio y la noche volverán otra vez a adueñarse del pueblo y el resplandor de las linternas se estrellará contra la puerta nuevamente sin encontrar el brillo acorralado de mis ojos frente a ellas»

Dora Bruder

  • Maquetaci—n 1Autor: Patrick Modiano
  • Traductor: Maria Pino
  • Editorial: Seix Barral

En honor a la obtención del Nobel de literatura 2014 de Patrick Modiano, la ciudad de París nombrará una de sus calles como “Promenade Dora Bruder”, queriendo así rendir homenaje a uno de los libros más importantes del autor, y al mismo tiempo se recuerda las victimas de la ocupación nazi en Francia. Por todo eso, atacar un libro así produce cierto vértigo, pero también es el mejor momento para hacerlo.

El libro comienza enfrentando el narrador ante un periódico viejo donde descubre la desaparición de una niña conocida como Dora Bruder el 31 de Diciembre de 1941. A partir de ese momento y durante largo tiempo, se construye la narración de una búsqueda, donde la voz que nos narra los acontecimientos sigue los pasos de la historia, inmiscuyéndose hasta encontrar las pocas huellas que Dora Bruder fue dejando durante su vida. Es también un reflejo de la vida del París ocupado por los nazis, y de las condiciones de los judíos.

Sin duda el libro no defraudará a los admiradores de Modiano, tiene todos los elementos habituales en su obra, girando alrededor de su continuo descubrimiento de París ad infinitum. No se trata de una novela al uso, es un texto literario construido work in progress, cuyos personajes principales no tienen ningún poder ni acción, es más una investigación. Sin duda es un ejercicio magnífico sobre la memoria, Modiano se centra en describir esa búsqueda tan costosa para hacer relucir el vacío y la desazón que produce el paso del tiempo. ¿Hay una diferencia entre morir y desaparecer?

A pesar de que está bien escrito y tiene un estilo accesible y sencillo, no se trata de una obra de fácil lectura. El texto funciona con distintos impulsos, (la información encontrada en cada punto) pero la tensión dramática no existe, lo único que puede invitar al lector a continuar es el desarrollo mismo de esa búsqueda, el destino de Dora Bruder termina por ser secundario. Esto, pese a ser un interesante ejercicio literario, resulta muy arriesgado, pues termina pareciendo el relato de un periodista mientras busca los datos para su reportaje. Algo así como el making of de lo que viniese después. Dicho esto, no deja de ser interesante meterse en la piel del escritor, ver cómo realiza esa búsqueda, cómo los distintos acontecimientos van reflejándose en él mismo y haciéndole recordar datos de su propia vida para ponerlos en paralelo con la de Dora Bruder.

Dora Bruder es una gran obra, un ejercicio interesante donde la carga ficticia es muy pequeña. Sin duda este libro despliega una sensibilidad muy particular, quizá en mayor medida que otros de su firma, pues a Modiano nunca le ha gustado jugar con los sentimientos del lector, prefiere mostrar los acontecimientos, señalar con el índice y luego devolver una mirada significativa.

No obstante, un servidor no puede decir que lo dejará en la estantería de los imprescindibles. Pese a resultarme interesante el concepto de la búsqueda y la manera en que Modiano comunica los sentimientos provocados por la historia, no ha conseguido atraerme lo suficiente, quizá porque esperaba más y el resultado me resulta demasiado sintético. Se confirma con Dora Bruder una impresión que he tenido en otras de las obras del francés y que la opinión de algunos amigos me confirma: sus textos tienen mucho de obra testimonial, conectan bien con quienes vivieron su época o eran niños cuando todo acababa de pasar, pero para las generaciones más jóvenes su estilo carece de ese interés testimonial que lo hace único.

“Nunca sabré cómo pasó sus días, dónde se escondió, en compañía de quién se encontraba durante los meses de invierno de su primera fuga o en el curso de aquellas semanas de primavera en las que se escapó de nuevo. Ese es su secreto. Un secreto pobre y precioso que ni los verdugos, ni los decretos, ni las así llamadas autoridades de la Ocupación, ni el Dépôt, ni las barracas, ni los campos, ni la Historia, ni el tiempo – todo aquello que nos profana y nos destruye – fueron capaces de robarle.”

product_9782070408481_195x320Nota: Un servidor ha leído la versión francesa, publicado por la editorial Gallimard-Folio. Por tanto no es posible reflejar ningún comentario sobre calidad de la edición española.

House of Cards

  • houseportadaAutor: Michael Dobbs
  • Traducción: Patricia Antón
  • Editorial: Alba [Colección contemporánea]

Las reseñas suelen dejar para los últimos párrafos las consideraciones hacia adaptaciones televisivas o cinematográficas. Sin embargo, haremos una excepción, porque es probable que el título lleve a confusión. Si el lector ha llegado aquí en busca de las peripecias de Francis Underwood quizá se sienta un poco decepcionado. El libro escrito por Michael Dobbs tiene su origen en Inglaterra, la adaptación a los EEUU de Beau Willimon y protagonizada por Kevin Spacey es muy diferente por necesidad, pues ambas realidades políticas distan mucho entre sí.

Dicho lo anterior, House of Cards es un thriller político escrito a finales de los años ochenta por el que fuera jefe de gabinete de Margaret Thatcher, que muy contrariado por las actitudes de la dama de hierro, decidió escribir una novela sobre cómo destruir a un primer ministro. El éxito fue tal, que Dobbs abandonaría para siempre la política, centrándose en su carrera como escritor.

Dobbs nos muestra aquí los engranajes del poder, bien lubricados gracias a las ambiciones personales de los políticos y donde la prensa tiene un papel fundamental. Se trata de un juego en el que se utilizan distintas estrategias mostrando u ocultando varias cartas. En este castillo de naipes, Frank Urquhart, un político de bajo perfil se encuentra contrariado por la decisión del reelegido primer ministro, es entonces cuando decide hacer algo que nunca había pensado: vengarse. Comienza así una serie de acontecimientos y circunstancias, de piezas que van construyendo su venganza al mismo tiempo que le preparan para ocupar el lugar que se merece.

Es una novela fácil, muy bien traducida, que usa mucho el diálogo y añade pequeñas notas de un delicioso cinismo para hacer la lectura más rápida y amena. Se descuartiza así la política inglesa mostrándonos su realidad, tan cruda y visceral como es. Cuenta con personajes principales bien trabajados, entre quienes destaca por encima de todos el protagonista, pero también Mattie, una joven periodista de la que se vale Urquhart para comenzar sus planes. El ambiente conseguido por Dobbs es lo que ha atraído a la televisión y lo que explica su éxito, es oscuro y untuoso con todo el aroma del poder, muy atrayente. Dobbs le debe bastante a Shakespeare, pues el personaje de Urquhart tiene algo de Ricardo III y mucho de Macbeth. Pura raza inglesa.

Sin embargo, no estamos ante una joya de la literatura universal, House of Cards se deja leer muy agradablemente, es un best-seller muy bien confeccionado que nos muestra el grado más digno del género, una buena novela de entretenimiento, pero nada más. Quizá la edad también le ha afectado un poco, pues el enorme poder e influencia de la prensa es muy distinto hoy en día debido a los cambios producidos desde el nacimiento de internet y los nuevos medios de comunicación.

Aunque ya hemos hablado de la exitosa y muy interesante adaptación de la ‘HBO’, en 1990 ya se realizó una en la ‘BBC’ con el fantástico Sir Ian Richardson en el papel de Urquhart, el resultado tampoco desmerece la novela ni la ficción protagonizada por Kevin Spacey.

En definitiva, la novela de Dobbs es una buena opción para los amantes de la serie televisiva, pero también lo es para quienes gusten de los thrillers políticos o de un rato de buen entretenimiento; es más, House of Cards   puede hacer las veces de bicarbonato para digerir la ácida y cargante realidad política en la que estamos inmersos actualmente.

« Urquhart declaró su intención   de presentarse como candidato a líder del partido en una rueda de prensa celebrada en la Cámara de los Comunes, en el momento preciso para aparecer en las noticias de la noche y en las primeras ediciones de los periódicos del día siguiente. Aquello no fue ningún apaño en la acera sino un anuncio respaldado por la histórica atmósfera del palacio de Westminster con sus majestuosas chimeneas de piedra, sus paneles de roble oscuro y su ambiente de perdurable autoridad. Fue un acto digno, contenido, casi humilde. Nadie había acusado a Samuel, Woolton y los demás de esas cosas. Mortima estaba a su lado, y él hizo hincapié en que se trataba de una decisión familiar. Dio la impresión de ser un hombre a quien arrastraban a regañadientes hacia la sede del poder, que ponía su obligación hacia sus colegas y su país por encima de sus intereses personales. Era teatro político, por supuesto, a partir de un guión cuidadosamente ensayado, pero interpretó muy bien el papel. »

París no se acaba nunca

  • 244_P327241.jpgAutor: Enrique Vila-Matas
  • Editorial: Debolsillo

Habitualmente París se oculta a los ojos de los turistas. Sí, porque quien pasa por la capital francesa suele hacerlo lleno de premisas, lleno de esperar grandes monumentos, va predispuesto a la belleza, por así decirlo. Habitualmente todos esos turistas sonrientes, de vacaciones, mirando hacia arriba y con cámaras de gatillo fácil en la mano no se toman el tiempo de inclinarse y mirar hacia abajo. No lo hacen y tanto mejor.

Vila-Matas llega en los años 70 a París, a mitad de una licenciatura de derecho que ni le va ni le viene. Quiere ser escritor. ¿Por qué no? Le gusta la idea, eso es suficiente. Allí conoce a una serie de personajes, entre otros a Marguerite Duras, que le alquila una buhardilla que le permitirá vivir dos años de su vida en la ciudad de la bohemia. Porque Vila-Matas, vestido de negro, con gafas redondas y pipa a lo Sartre, quería ser un bohemio. Su idea era simple, para llegar a escritor primero tenía que ser bohemio. Bien, se puso a ello. La apariencia no era suficiente, tenía que escribir. Así comenzó con La asesina ilustrada, que terminaría siendo su primera novela publicada. Lo hizo sin pensar, sin ideas, sin un plan. ¿O quizá sí? ¡Quién sabe!

Es posible que muchos encuentren la parrafada anterior demasiado diferente como para ser parte de una reseña literaria, pero la literatura de Vila-Matas es distinta en su origen, trabajo y fin, merece por tanto otra manera de atacarla.

París no se acaba nunca fue escrita en 2003, casi treinta años después de su periplo parisino. ¿Por qué? Es fácil suponer que el catalán emulaba a Hemigway con París era una fiesta, al fin y al cabo es su escritor favorito, y el norteamericano aparece repetidamente en la novela.

Vila-Matas hace de sus obsesiones y percepciones literatura el estilo en el que se ha especializado y París no se acaba nunca también cabe en esa descripción. Está bien escrito y nos ofrece un protagonista torpe, de cabeza baja, que intenta ser bohemio con un resultado cómico. Este acercamiento de Vila-Matas a sí mismo, este constante reírse de la propia sombra borra los límites entre ficción y realidad. La novela no es una crónica de su vida en aquellos años, aunque lo simula, lo que acrecienta el interés (o llamémoslo morbo directamente) es algo más, es ficción real, si se me permite el revés del género.

La excusa de la novela es una conferencia sobre la ironía que se le invita a dar, y que resulta el germen del libro. Cuenta sus años en París desde la ironía, lo cual bien podría hacernos ver que todo lo ocurrido es un reflejo de lo ocurrido, o ni siquiera. No importa, la historia nos atrapa porque el antihéroe debe acabar la novela, debe seguir su camino y queremos saber cómo lo hará. Ya sabemos el final: termina siendo escritor. Lo interesante es el desarrollo del cómo.

Al igual que París era una fiesta, el libro de Vila-Matas parece escrito un poco para los jóvenes escritores, porque revela ridícula la apariencia glamurosa del oficio, igual que echa por tierra el glamour de París. Y es que no deben equivocarse, el título también es irónico.

“Andaba por las calles de mi barrio como un triste fantasma y descubrí de pronto lo poco elegante que podía ser la desesperación, sobre todo si el desesperado era un fantasma, un muerto. Iba yo perdido entre la multitud por esas calles antaño tan familiares, perdido y sin conocer a nadie en el barrio y sin tan siquiera poder entrar en mi casa y subir hasta la buhardilla, pues ya no vivía allí; me sentía un muerto con permiso, un fantasma, y ésta era una sensación desoladora, porque vi el hueco profundo e insalvable que separaba mi juventud de la madurez, y constatar esto me dolió mucho, comprendí que el incesante y vasto universo de París se había ido apartando de mí desde hacía ya mucho tiempo.”

La invención de la soledad

  • Maquetaci—n 1Autor: Paul Auster
  • Traducción: Mª Eugenia Ciocchini
  • Editorial: Anagrama

 La invención de la soledad habla de la relación entre padres e hijos, de la escritura, de la memoria, y de la soledad, claro. Auster divide el libro en dos partes, Retrato de un hombre invisible y El libro de la memoria.

La primera parte comienza con lo que origina la escritura del libro: la muerte del padre del autor. Es una reflexión novelada sobre cómo comprendió y sintió la muerte de su padre. Es una especie de biografía, o mejor dicho, un compendio de todo lo que sabía de él, un ejercicio que muchos escritores realizan tras la muerte de algún ser querido. ¿Por qué? Porque es la forma de explicarse a sí mismos la desaparición de alguien. Cada quien se refugia en lo que sabe.

La segunda parte habla de su propia soledad, el estilo cambia, se pasa a una falsa tercera persona, el protagonista queda bajo la óptica de la ficción y parece que no es Auster, pero es él más que antes. Quizá, es sólo una hipótesis, la muerte del padre, la soledad congénita que este padecía con alegría y por propia elección, el aislamiento en el que se introdujo siendo niño, hicieron pensar al escritor sobre sí mismo. Al fin y al cabo la paternidad multiplica a los hombres y arrastra sus defectos, sus miedos. Así que Auster se encuentra observando a su hijo y pensando en su vida.

Una y otra parte hacen reflexionar al autor sobre la escritura y la memoria, pues al fin y al cabo está desgranando distintos momentos de la vida de su padre y de la suya propia. Recuerda y escribe y entre ambas acciones parece establecerse una relación que no termina de comprender. Ahonda en ella para ahondar en sí mismo.

No es el mejor libro del norteamericano, pero es uno muy sincero. Para quienes han leído otras de sus novelas puede ser especialmente interesante, pues se revela aquí el origen de algunas de sus obsesiones y vivencias personales, esas que se encuentran en todas sus novelas. París, por ejemplo. El estilo es el que nos tiene acostumbrado, sencillo, aunque quizá algo ceniciento aunque tratando el tema que trata puede se inevitable. Está bien escrito, pero hay que encuadrarlo en el género difuso al que pertenece para así poder disfrutarlo. La invención de la soledad está publicada en la colección Otra vuelta de tuerca, y parece muy pertinente indicarlo, ya que se trata exactamente de eso, una vuelta más en la obra de uno de los autores más leídos de la novela norteamericana de hoy en día.

“Una palabra se convierte en otra, una cosa se transforma en otra distinta. De esta forma, se dice, funciona del mismo modo que la memoria. Imagina una inmensa torre de Babel en su interior y un texto que se traduce a sí mismo en una infinidad de lenguas distintas. Las frases surgen de él a la velocidad del pensamiento, y cada palabra proviene de una lengua distinta; mil idiomas que gritan a la vez en su interior, con un clamor que resuena en un laberinto de habitaciones, pasillos y escaleras, cientos de pisos más arriba. Repite. En el ámbito de la memoria, todo es lo que es y al mismo tiempo algo más. Y entonces descubre que lo que intenta registrar en su Libro de la memoria, todo lo que ha escrito hasta entonces, no es más que la traducción de uno o dos momentos de su vida, aquellos momentos que vivió en la Nochebuena de 1979, en su habitación del número 6 de la Valle Varick.”

 

Por si se va la luz

  • por-si-se-va-la-luz-9788426422354Autor: Lara Moreno
  • Editorial: Lumen

Entre los grandes descubrimientos de 2013 estaba Lara Moreno. Por si se va la luz es su primera novela. La premisa es sencilla y atrayente: el mundo está en decadencia, y a los recortes le han sucedido las restricciones. La muerte del mundo es lenta e imprecisa. En este clima tan hostil, una pareja se esconde en una aldea perdida donde viven otro hombre y dos ancianos. ¿Pero la huida es posible? Dejan la ciudad, las premisas de una vida normal con una esperanza, quizá (y digo quizá porque nunca se nombra en la novela) de que allí puedan salvarse. El drástico cambio es la puerta de la historia, la adaptación a la naturaleza y a los otros personajes en ese pequeño microcosmos forman el resto de la novela.

Lumen, la editorial que publica el libro, ha hecho una apuesta arriesgada, y le ha salido bien. Lara Moreno es una escritora cuyos pasos merece la pena seguir, y Por si se va la luz no es una mala novela, pero tampoco es inolvidable.

Se trata de una novela río, donde el cambio de perspectiva entre los personajes y un narrador ajeno es llevado de forma muy correcta, aunque a más de uno puede desorientar. No obstante, hay que matizar, pues se vuelve algo fatigoso de la mitad en adelante. Los elementos introducidos para realzar la atención del lector no son todo lo interesantes que deberían. La evolución de los personajes sí lo es, y su interacción es lo mejor del libro. Moreno muestra toda una gradación de perspectivas y percepciones entre ellos, abre sus historias, les dota de un carácter singular, sin embargo se va cansando conforme las páginas avanzan. Quizá sea una estrategia intencionada, una manera de llevar al lector por los mismos sentimientos de los personajes: la vida avanza, como la narración, y el fin se acerca inevitablemente, pero no hay catarsis y hundimiento, hay hartazgo, una apatía, aceptación del punto final, del necesariamente lento final de la trama. Quizá es eso, pero se trata de un sentimiento demasiado pesado para ser gestionado por los lectores, más de uno posiblemente abandone el libro.

Con todo es una buena novela sobre la perdición, sobre el desarrollo de la vida en sus líneas más simples, sobre la modernidad excesiva revelada como un constructo no tan difícilmente abandonable, sobre las paradojas y peligros del mundo que estamos construyendo, no sólo en el ámbito medioambiental, sino social. Lara Moreno tiene mucho que decir, y un servidor sin duda leerá su próximo libro.

“El día que soñé con los flamencos ya está olvidado. Después he tenido otras pesadillas y todas han acabado del mismo modo: estoy a expensas de mi propio cuerpo y a la vez mi propio cuerpo nada tiene que ver conmigo ya, me lavan, llegan unas manos rudas y me zarandean a un lado de la cama para cambiar las sábanas, otras suaves y rápidas trastean en la tela que cubre mi entrepierna y que guarda mis meados y mi mierda, hay otras manos frías y muy delgadas que apenas me tocan, trajinan con los vasos, levantan un poco mi cabeza y me acercan líquidos insípidos y unas papillas que me cuesta trabajo tragar, pero son las mismas manos que abren un libro a mi lado y pasan las páginas con un ruido que me conmociona, a mí que nunca me gustó leer ahora me gusta que me lean, las manos más importantes son unas muy pequeñas y ásperas que buscan el propio hueco de mis manos (una cuerva desierta) y allí se quedan, escondidas un rato, a veces sus dedos de uñas rotas me pellizcan (una cueva desierta con una alimaña arañando las paredes). Ninguna de ellas son tus manos y ninguna se parece a tus manos. Crees que las he olvidado pero no, tus manos eran como la arena caliente. Distraídas como la lumbre y efectivas. Nunca tuviste dedos lacios de colegiala, desde muy pronto se te formaron callos, redondas durezas que me hacía cosquillas en la nuca. No son tus manos estas que me tratan como paño húmedo. Reconozco cada dueño y tú no reconocerías a ninguno.”