Entrada Nº 16: la tiranía de lo inmediato

En junio de 2016 publiqué la Entrada Nº15 del cuaderno del autor, ‘Los Idus de Luz de Mercurio’, donde me planteaba unos seis meses de trabajo para reflotar este blog, por entonces algo abandonado debido a los estudios de máster. Ha pasado un año y no he alcanzado los objetivos que me planteé. Desde entonces sólo he publicado en seis ocasiones. Así son las cosas, no hay excusas ni es algo grave, sencillamente a veces resulta difícil. No se puede combatir lo necesario o lo obligatorio si uno desea vivir en sociedad, se debe cumplir para poder disfrutar del tiempo libre. ¿Pero es libre?

Estamos siempre conectados, siempre retransmitiendo nuestra realidad personal vía redes sociales y mensajería hasta olvidar qué es la soledad, mejor dicho, quiénes somos en soledad. El bombardeo de información, el consumo insustancial de dicha información, y la constante compañía superficial otorgan una placidez engañosa, un narcótico. El entretenimiento y el acceso constante a “todo” han tiranizado nuestras dinámicas, la exposición eterna ha elevado las imposturas al grado de guía y regla por el que se mide nuestra vida.

¿Cómo no perderse?

El camino correcto lo encontramos cada vez de manera más habitual en el silencio de apagar el ordenador y respirar tranquilamente, en no hacer nada. Pero la desazón que provoca esta desconexión es tal que no tardamos demasiado en volver a encender el aparato de turno.

Yo, como todos, soy hijo de mi época y padezco este sometimiento (in)voluntario. Pero como artista necesito huir, retomar la soledad y el silencio, sacrificar ese tiempo libre para crear. No es fácil, tampoco antes lo fue, y para los otros cuantificar ese sacrificio es algo incomprensible en su mayor parte; sin embargo, ahora, hoy, el artista debe enfrentarse además a la desconexión, no sólo renuncia a una tarde entre amigos, a ver una película, acostarse con un nuevo amante o pasar tiempo con su pareja. El artista ya no sacrifica lo externo a sí mismo, también debe alejar las dinámicas que conforman su día a día, es decir, debe renunciar a una parte que le conforma y que ya le hace ser como es.

Con esta larga disertación, quizá algo oscura, he intentado explicar el pequeño fracaso de reflotar esta bitácora en seis meses. Pero no abandono, aún sigo aquí y espero continuar publicando poco a poco hasta tomar un buen ritmo, quizá en algunos meses. Quizá.

No se vayan, aún no hemos terminado.

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Tuman Capote, por Steve Schapiro

Disertación del pensar

¿No parece monstruoso? y es injusto, mucho, y peligroso, tanto como patético. ¡Oh! Pero no recuerdo haber hablado sobre esto… me he precipitado. De lo que quería hablar era del sistema. Si, simplemente del sistema, de uno cualquiera, imaginen ustedes el que prefieran, ese del que están ya hartos, ese que les incomoda a diario, que les parece injusto o que simplemente odian por principio o por manía. A ese sistema en el que todos están pensando ahora adjudiquen los adjetivos anteriores. ¿Cuadra no? ¡Es maravilloso lo fácil que todos nos podemos poner de acuerdo en esto! Lo difícil vendrá cuando cada uno de nosotros especifique a qué sistema se refiere.

Una vez traspasada la frontera de lo teórico todo se vuelve agresividad y opiniones encontradas; opiniones que, además, nos creeremos como verdad única e indiscutible. Así somos los humanos, unas máquinas egoístas, ególatras y egocéntricas, incapaces, en la mayor parte de las circunstancias y de los sujetos, de juzgar sin prejuicios. Alguien me dirá que se trata de algo imposible. Bueno, bien, pero siempre cabe dudar ¿o no? Pero dudar no gusta, no vende bien, no encaja dentro de nuestra seguridad.

Es difícil el papel del pensador, porque el pensador debe de dudar en el gran sentido de la palabra. Dudar con mayúsculas, es decir, someterlo todo a esa razón tiránica, lo que supone ser kantiano. Pero ser kantiano es imposible, moralmente hablando ¿Sería intelectualmente posible entonces? Pongamos que sí, o al menos pongamos que aspirar a serlo sea suficiente, ese ser que lo intente será un pensador con todas sus letras. ¿Y al pensador qué? Con su aire pasivo, su gesto fruncido, su mirada perdida, sus libros acumulados, su tiempo corriendo sin misericordia y sin preocupación… ¿A él qué papel hemos de darle? Hablo dentro del sistema, dentro de cualquier sistema. Parece que un puesto directivo sería imposible, puesto que este sujeto se caracteriza por la inacción. ¿Entonces un puesto consultivo? Pero todos sabemos que si es consultivo quien ejerza la acción hará, al final, lo que él en su peor disposición juzgue como mejor. ¿Entonces cuál es la solución? Vean, en este mundo no hay solución, aquí queremos resultados, acción y efectos de la acción. Efectos buenos, se entiende, monetarios o del tipo que sea, pero fundamentalmente serán monetarios, al fin y al cabo el chiringuito lo montamos así.

¿Entonces al pensador dónde lo ponemos dentro del sistema? La respuesta parece clara. No le vamos a eliminar porque está feo y siempre queda bien sacarle a pasear cuando la cosa convenga y vistamos el edificio con sus mejores galas. Démosle entonces un despachito por ahí, donde no moleste mucho, donde hable y escriba con el puño o la pluma en alto. Un lugar donde dé la sombra y no se le tenga en cuenta. ¿Qué resultado cabe esperar entonces? Bueno, la respuesta es fácil, echen ustedes un vistazo a ese sistema que han elegido como ejemplo. ¿Se ha conmocionado por la marginalidad del pensador? ¿no? Pues eso, todo va bien, parece que no ha pasado nada porque el pensador haya desaparecido. Por tanto vamos a empezar a formar menos pensadores, a darles menos facilidades para que surjan estos molestos individuos, en otras palabras, vamos a joder esas ramas de la educación que creen a estos entes. ¿Ya? Bien, podría ser una hipótesis, pero no nos hace falta porque en este país está pasando. Ahora bien: un futurible ¿Qué pasará en un mundo sin pensadores? ¿Algo cambiará? ¿Se notará su ausencia? ¿Terminarán por surgir de nuevo a pesar de la represión? Podríamos hipostar que quizá se destruya parte de la libertad, que quienes tiene el poder podrán hacer lo que quieren con (aún) más impunidad, que el mundo, país o región perderá lo más valioso que tiene, es decir, la creación ;y no hay mayor creador que un pensador. Podríamos decir que el sistema se iría a la mierda (hablando en plata), pero por mucho que dijéramos no nos harían caso, porque estamos pensando, porque estamos hablando, porque todo esto incomoda o simplemente se tiene por inútil, porque esto no da ningún resultado, no ganamos nada tangible o beneficioso (en ese sentido monstruoso del que ultimamente estamos tan codiciosos) Podriamos decir tantas cosas que no nos dejan… ¿Nos callaremos por tristeza, sumiendonos en la depresión de la razón? Es dificil de responder, pero la realidad es que la inteligencia, el conocimiento, el razonar fuera de los limites establecidos, el crear, pensar, elucubrar y razonar no interesa, no gusta y se está abandonando. ¿No parece monstruoso? y es injusto, mucho, y peligroso, tanto como patetico.