España en París

Este sábado me acerqué por el museo de l’orangerie donde se exponen los famosos nenúfares de Monet de gran formato. Es un museo pequeño, no tan conocido como los grandes de París y que es muy agradable visitar.

Pero este artículo no versa sobre su colección permanente, sino sobre la exposición temporal que ahora mismo alberga en sus salas. Bajo el título de: “España entre dos siglos” el museo plantea una interesante revisión de la historia de España en torno al cambio del XIX al XX. Me gustaría dejaros una traducción de las primeras líneas del folleto, que creo que es interesante:

En el final del siglo XIX, en una Europa en plena mutación, en marcha a través de un mundo abierto a las nuevas tecnologías y a nuevos modos de pensar, España permanece fija en una sociedad cerrada, sombría, impregnada de leyendas ancestrales y marcada por las tragedias sociales que describen Théophile Gautier o Eugene Delacroix. Víctima de guerras y de inestabilidad de poder después de 1820, el país está enfangado en una crisis profunda.

La traducción es propia por lo que pido disculpas de haber alguna incorrección. Dejando a un lado las cuestiones técnicas, después de leer este fragmento podríamos hacer un guiño al momento en que estamos viviendo. Quizá esta exposición llegue en un buen momento para nuestro país, pues el arte es una demostración de nosotros mismos, una lectura, y leerse es buscar comprenderse. Sin duda a España le queda un largo camino que emprender en estos parajes, pues siempre ha manifestado una especial pereza a la hora de ejercitar eso que tiene sobre los hombros. Evidentemente hay muchos individuos que se salen de la norma general, pero ya se encargará el conjunto de hacerles callar. ¿Es el dogmatismo de la estupidez, simple ignorancia o quizá envidia hacia ese don maravilloso que es la razón? La lucidez sin duda es un término desgastado, pero en nuestro caso desgastado por el abandono y el manoseo superficial.

Que España necesita pensar es obvio, la crisis que afrontamos no es sólo una crisis económica y ahora también política, lo es de pensamiento, de concepción, casi podríamos decir que se trata de una crisis ontológica. La ontología, como sin duda se sabrá, trata la noción del ser, entre otras cosas, pero esta es su fundamental. ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos aquí? Estas preguntas ha de hacérselas este “crisol” o “útero” de civilización que se ha creído Europa durante los siglos pasados. El cambio es fundamental porque si no consigue juzgarse a sí misma, si no consigue comprender qué realidad puede o no desempeñar ahora, entonces caerá en la perdición. Europa está tocada y parece difícil que se vaya a hundir, pero puede. El pensamiento no es menos importante que la economía; sí, es cierto que antes parece que hay que conseguir buenos alimentos (economía) para cebar al cuerpo (el mundo político) ya que este se encuentra enfermo, pero no se nos olvide que el cerebro está congestionado y más en España.

El caso de nuestro país debe de ser único en el mundo, estamos obcecados. Arrastrábamos una maldición que en los ochenta parecía haberse terminado, que en los noventa nos dejó respirar, pero que en los dos mil nos devolvió su jugada. No, en estos veinti y pocos años de “bonanza económica” no ha cambiado nada. España sigue siendo la de siempre, atada a los mismos demonios. ¿Qué es España? ¿Qué hace aquí? El día que nuestro país se lo pregunte puede que por fin se rompa el hechizo y quedemos liberados, por lo pronto no parece que semejantes cuestiones vayan a estar entre las medidas de un gobierno que, no nos engañemos, nace y va a vivir sin romper el cordón umbilical que lo une a Alemania.

La esperanza podemos depositarla en la exposición de l’orangerie, donde se muestra a Joaquin Sorolla y Bastida, Ignacio Zuloaga y Zabaleta, Dario de Regoyos, Salvador Dali, Joaquín Mir, Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Joaquim Sunyer, Pablo Picasso y Joan Miró. Todos grandes de nuestro país y, excepto los obvios, también bastante ignorados. Asimismo el despliegue de lienzos se completa con conferencias, lecturas, encuentros y conciertos. Es decir, surge un pequeño satélite de personas que se interesan por nuestro país, que estudian y reflexionan sobre arte y también sobre España. La recomendación a las salas del museo es obligatoria, igual que a cualquiera de los eventos que se organizan. También hay que hacer notar que el comisariado de la exposición es compartido entre Marie-Paule Vial, directora del museo nacional de l’Orangerie y Pablo Jiménez Burillo, director del instituto de cultura fundación Mapfre.

Parece que la reflexión se está llevando a cabo, pero no nos olvidemos que la mayoría de estos artistas huyó de España para crear y para pensar, y tampoco olvidemos que esta exposición no la recogen nuestras fronteras sino que son las de Francia las que la dan cobijo. ¿Si en el corazón de París se piensa en España, por qué en España no se piensa sobre sí misma?

Anuncios

España vota

Había dicho que tardaría una semana en publicar y aunque sigo con “problemas” técnicos he querido hacer un alto o más bien me he visto obligado a ello.

Para el lector espabilado, el título de este texto no le pasará desapercibido. “España vota” es el lema que el PP ha adoptado de cara al domingo. Tienen toda la razón, el país vota y quizá en su elección más dura después de aquella primera vez, ya muerto Franco.

Hoy es jornada de reflexión y este que suscribe, que habla aquí de cuando en cuando de cultura y de política, que habla de lo que pasa en España, no puede dejar de reflexionar hoy, sería una suerte de traición porque yo, igual que cualquiera que lea este blog, es un animal político. No nos queda otra, lo somos, incluso en la ignorancia, (elegida siempre, porque eso se elige y no vale ninguna excusa) somos políticos porque vivimos en sociedad; porque aunque queramos sentirnos ajenos a todo este entramado, no podemos. Es ese monstruo del que hablaba hace unos día en “el cinco de noviembre”. En ese artículo mencionaba la aberración del estado y pedía pensar en ello, en los poderes que nos atan mientras nosotros somos mansos corderitos que se dejan encadenar.

La jornada de reflexión parece pura hipocresía, a estas alturas todos sabemos a quién vamos a votar ¿sí? Para los familiarizados con los medios de comunicación les aconsejo ver los videos de Iñaki Gabilondo en su sección de El país digital. Sobre todo este y este, que me parecen interesantes para no olvidarnos de que el juego ha cambiado: ya no es el que parece y todavía se juega con las apariencias. Como buenos prestidigitadores, nuestros malos políticos nos siguen queriendo hacer ver que son ellos los reyes de esta época, los señores de la democracia. Es cierto que la democracia ya no es lo que era, poco a poco se está convirtiendo en una plutocracia, pero en una velada. ¿Acaso alguien pensaba que unos señores con sombrero de copa y billetes en el fajín iban a aparecer en la televisión y presentarse a las elecciones? ¿Por qué? ¿Por qué arriesgarse? A no ser que se tenga mucho dinero y muy poca vergüenza, a no ser que medio país sea tuyo, o seas Silvio Berlusconi, la posibilidad de perder no merece la pena. Por otra parte Turquía pretendía adoptar una ley hace meses que regulase la corrupción de los políticos; no que la detuviese, sino que estas personas no pudieran ser juzgadas por esos delitos. España va por el camino de Italia y de Turquía, a il cavalieri le han echado para lavar la cara, pero muy ingenuo se ha de ser para pensar que este hombre no va a manipular todo lo que quiera y siempre en su beneficio.

Pero vamos a nuestro tema, a España, y sigamos reflexionando. Si la democracia ya no es democracia, si nuestros políticos se arrodillan ante fuerzas mayores de esa comunidad de la que formamos (orgullosamente, claro) parte, y que a su vez se doblega ante amos más poderosos, ante los hombrecillos de las chisteras (hombrecillos que tienen un poder muy ambiguo, porque ellos pueden desaparecer pero demonio al que representan no) ¿No os recuerdo a algo? Porque a mí sí, quizá por una sentimiento propio siempre tengo en mente a Jaime Gil de Biedma y a sus versos sobre España. Versos que más de una vez yo ya he mencionado y que sobre todo me gustaría recordaros en “La maldición de España”. Eso fue en Abril y hoy me parece una fecha muy, muy lejana, ya entonces trataba este tema y es que en España algo va muy mal. Algo huele a podrido en Dinamarca, decían en la famosa obra de Shakespeare, pero en España Hamlet se ahogaría por la peste. España, ese país de todos los demonios. El poeta, Biedma, lo vio hace cincuenta años en el Franquismo. Es cierto que tenía en mente demonios menores pero cómo es posible que no haya cambiado esto. Sí, hoy admitimos que el malgobierno es culpa de personas, pero personas endemoniadas, poseídas por serpientes que representan intereses de una minoría y que ahora incluso ellos se estremecen ante la mirada siempre vigilante del gran hermano monetario, el gran dios oscuro, el demonio, Satanás. Hemos vendido todo al diablo, este es su siglo y somos sus amantes esclavos. ¿Queréis saber por qué? No me interesa ya Europa, porque ella tiene otras culpas, hablo del por qué de España. Esto ha ocurrido por nuestra culpa, porque somos democráticamente culpables, porque no hemos sabido hacer nada al respecto, porque no sabemos nada. ¿Cuántas personas conocéis a las que les importen las ideas? ¿Alguna que disfrute pensando? Son tan pocas que da miedo, España es un país ignorante y el dolor de decir esto es enorme cuando se escribe en español, pero lo que es peor es que esté orgullosa de ser ignorante. No sabemos nuestra propia historia, nos rodeamos de personas que empuñan frases banales en las redes sociales y se afilian a partidos políticos que no entienden.

Pero volviendo a las elecciones y echando una mirada rápida al ambiente político nos daremos cuenta de que el 15M y las propuestas de no votar a los partidos mayoritarios perjudican más, mucho más, a la izquierda. Las personas normales, la calle, el pueblo que se suele decir, culpan de la crisis al PSOE por ser el partido en el gobierno. Y es cierto que sus políticas para enfrentarse a la crisis han sido muy malas y no se merecen nuestro voto. También es cierto que el PP se ha pasado dos legislaturas sin decir nada, atacando una y otra vez esperando que la presa estuviera bien debilitada; han hecho una oposición extremadamente hostil, pero son la alternativa, el gran cambio. Se ha vaticinado que el PP nos sacará de la crisis porque esta trata de lo que mejor saben hacer ellos: de economía. Bien, aceptemos esto, sí que es posible que tengan una mejor habilidad con la economía. ¿Pero es que no nos importa el precio? ¿Alguien se ha leído el programa del Partido popular? A este que firma abajo le da miedo ese documento. No dicen nada, hablan con vaguedad, de nuevo con prestidigitaciones y se desdicen de lo poco de los derechos sociales que decían que iban a mantener. Todo es posible con ese programa electoral y encima dicen que quizá nos molesten las medidas a adoptar, medidas que ni se mencionan ahora explícitamente por miedo a perjudicar el voto.

Sobre los partidos minoritarios no hay aquí espacio para hablar. Sabemos que es imposible que suban al poder porque el sistema electoral favorece el bipartidismo, esto ha de cambiar si queremos una verdadera democracia, pero no ahora, ahora tenemos una cuestión mucho más urgente. Estas elecciones tratan de cuánto estamos dispuestos a pagar por “salvarnos” de la crisis. Mucho me temo que la respuesta sea “todo” y que consecuentemente gane el PP, algo de lo que nos hemos de lamentar porque será devolver las riendas de España a esos demonios que maldicen nuestro país.

Hemos sido un gran país que ha terminado siendo sombra de su pasado. Nos hemos consumido en la ignorancia y vamos a dar nuestra libertad a un partido que sí, que nos sacará de la crisis, pero mientras nos pone los collares al cuello y da sus correas a la gran entidad que ha provocado todo esto: al sistema económico, el mayor Leviatán de todos. Ese demonio que ha de ser cambiado pero que se resiste como jamás ningún otro se ha resistido.

España vota, España tiene una cita con las urnas : esas son las máximas de ambos partidos y por una vez hemos de hacerles caso de verdad. Votar es necesario, si bien cada uno a aquel partido que prefiera, pero lo importante en votar, aunque sea nulo. Nunca en blanco y nunca abstenerse.

Hoy es la jornada de reflexión, un servidor no habla con un mayor fin que el fomentar el ejercicio de pensar. Quiero decir con esto que yo no pertenezco ni a un partido ni a otro, mis ideas políticas van más allá de eso y no pido el voto para ninguna facción. Pero mi opinión particular es que con el PP seremos esclavos y con el PSOE no sabemos qué vamos a ser. Personalmente yo aprecio demasiado la “libertad” entrecomillada de la que gozo como para venderla; prefiero arriesgarme a la duda aún con lo temerario que esto es, porque la duda, como Borges decía, es otro nombre para la inteligencia.

El cinco de noviembre

“Remember, remember, the fifth of November, Gunpowder Treason and Plot. I see no reason why Gunpowder Treason should ever be forgot.” (“Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre, la Traición y el Complot de la Pólvora, que nunca se olviden.”)

Esta copla se escuchaba por Londres en los últimos siglos desde el célebre complot para destruir el parlamento británico. La revisión de este hecho que se hizo en la novela gráfica V de vendetta y en la posterior adaptación cinematográfica, ha servido como método de pensar en la crítica al estado. 1984, Mercaderes del espacio, Un mundo feliz, La naranja mecánica y Fahrenheit 451 han sido otras obras de la ficción que intentaban revisar este peligro.

El estado es un monstruo, eso no es nada nuevo, tenemos a Hobbes gritándolo desde su tumba. El Leviatán nos devorará a todos si puede, es su naturaleza, algo así como la tendencia animal que no puede ser controlada. El problema que se suscita es que los componentes del Leviatán, es decir, la sociedad, no se dan cuenta de su pertenencia celular al monstruo. El movimiento de “indignados” es una muestra de la rebeldía a nivel atómico de ciertas partes de la bestia; ellos están despertando, sus propias pancartas lo anuncian y tienen razón: “despertar” es la palabra adecuada ya que hemos estado dormidos.

Las obras citadas son distopías en las cuales los individuos están aplastados por la fuerza del estado. Uno puede leer las novelas y tomarlas como eso, como ficción, como novela, pero si hace esto se quedará en lo más simple del argumento. La causa de la escritura de tales obras es el miedo, el puro miedo a la represión, a la libertad enmudecida, al consentimiento de lo terrible, al imperio del leviatán en fin.

Es cierto que no podemos luchar contra el reinado del monstruo, está ahí y la última mitad del siglo XX y el comienzo del XXI ha estado sentado en su trono pero relativamente tranquilo al menos. La reciente crisis, que se venía desarrollando paulatinamente como una enfermedad, ha reactivado el organismo, lo ha puesto en marcha y se ha encontrado con una atmósfera ideal para echar las raíces de su corrupción. El mundo está cambiando y nadie puede negarlo, esta es una etapa de transición y todas las transiciones son violentas. La violencia se está llevando a un nivel económico que a su vez afecta a lo político y que hará que lo social y lo cultural se contaminen con ese crimen que dejará muchos muertos y muchos santos en sus hornacinas. No quedará un pedazo sano del mundo y el punto al que lleguen sólo lo podemos imaginar en 1984, en Un mundo feliz o en V de Vendetta.

¿Parece un extremo, verdad? No cabe la angustia cuando seguramente todo se arregle de una manera sencilla y sin que nos molestemos en movernos del sillón. No es así, pese a que esperamos eso esta vez no lo será. Todo va a cambiar. España tiene elecciones el veinte de noviembre y se elevará entre nosotros un hombre elegido con un sistema que no se puede considerar democracia sino en ese sentido retorcido que nos han hecho tragar. Ese hombre, sea el que sea, incluso en el hipotético caso de que fuese el que no creemos que será, se ungirá con la corona y ordenará lo que tenga que ordenar; es decir, dará de comer al Leviatán. Los indignados no pueden hacer nada porque confían en el atomismo del leviatán, si lograran algo sería por un impulso incontrolado que no es posible predecir. ¿Puede darse tal impulso? Pienso que no, que los ideales que el movimiento empuña son digresiones de todo y no concretan nada. Se grita por mil razones y en todas tienen razón, pero debería ser una sola la que se pronunciase a voz en grito, martilleando repetidamente el mismo punto hasta que cediese el muro. Golpearlo todo no sirve de nada, sólo da muestra de debilidad. Sí, el movimiento significa que las células empiezan a ser conscientes, pero aún es un bebe que no tiene fuerza para grandes acciones. Puede ser acallado, pero confío en la torpeza del estado para ello, confío en que no sepan callarlo, en que lo hagan tan mal como vienen haciéndolo y aseguren así el crecimiento del movimiento. Quizá llegue el momento en que tengan, en que tengamos la fuerza suficiente para derribar algo.

La copla que se enunciaba en 1605 y en los años posteriores es significativa, no es un mero adorno. Sirve para recordar que el monstruo está ahí, que somos parte de él y que debemos revelarnos y pensar, debemos ser conscientes y no complacientes para poder ser más íntegros, más personas, más libres. La inacción nos encadena, el conocimiento, la lucidez, pensar, es lo único que puede salvarnos.

Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre…

Arco 2011

La feria de arte contemporáneo de Madrid 2011 (Arco) se abrió el pasado día 16 y el 17 fue inaugurado por sus altezas reales los príncipes de Asturias. Yo acudí en semejante día un poco por casualidad y, aunque no vi rastro de coronas, quedé bastante conforme con la selección que se nos presentaba en la feria de este año.

El invitado era Rusia, y se notaba, Kandinsky era una de las referencias más claras que uno se podía encontrar. Kandinsky por todos lados, reinterpretado en cuadros donde las figuras eran huecos en el lienzo o sobreponiendo lineas finas de metal aquí y allá. Me llamó la atención unos móviles que me recordaron a Miró, pero que muy bien podían haber realizado el autor ruso, frágiles como patas de araña y enmarañados y llenos de esa intención “afilada” que Kandinsky ya asociaba con lo nervioso y lo agresivo. Aquello era un caos afilado y tanto cuchillo volando me hizo pensar en si eso era lo que los nuevos artistas entendían por crisis, utilizando el lenguaje de semejante genio. La crisis, como en todo en estos tiempos, estaba ahí: en carteles, en los folletos, conferencias, charlas y arte de crisis, todo gira en torno a semejante circunstancia que parece dirigir nuestra vida, con razón al parecer. Sin embargo, a pesar de que este año la feria cuenta con dos pabellones, cuando en otros años disponía de más, se ha cuidado bastante la exposición y el resultado es bastante admirable.

Como siempre mucho de lo que había allí cumplía los cánones tópicos que en toda feria parece que tiene y que debe de haber. Uno se encontró con una heterogeneidad asombrosa: relecturas de los colores puros; abstracciones que buscaban texturas más agresivas; arte pop desde sus cien puntos de vista; surrealismo desbordado, reelaborado, reconstruido, expandido y concretizado; juegos espaciales; rupturas de las dimensiones; el siempre controvertido videoarte; criticas a la sociedad de consumo, a la religión, a la política, a la globalización; fotografías manipuladas; algo de instalaciones y mucho más.

Y es que el arte contemporáneo es un lío que aún no se ha entendido a sí mismo y parece que le queda un largo camino hasta llegar a ese punto. Arco refleja esa crisis dentro del sector, (que quizá no tenga nada que ver con la económica o quizá sí) pero sí que deja sitio para el optimismo. Sí, porque no podemos tachar Arco de una total basura, había mucho salvable, muchas muestras de un posible futuro. En especial me gustaría destacar la selección española de galerías como Espacio mínimo, (que me encantó, simplemente) o La fábrica. Sus stands fueron de los que más me agradaron.

Mi opinión final es bastante favorable. Parece que, por fin, hemos dejado atrás ese afán de realizar un arte que espante, que sobresalte; quizá sea cosa de la crisis por lo que el Arco de este año era menos agresivo, más convencional si lo queremos decir así. Atacar la sensibilidad del visitante antes era uno de esos objetivos desgastados de tanto uso y ahora parece que se explota otras vetas, aunque había de todo, claro. Sea como fuere, ojalá que esta feria tenga éxito porque en mi humilde opinión se lo merece, se ha hecho un esfuerzo por presentar un buen producto y les ha salido bien.

Mañana arco cierra, pero hoy y mañana estará abierto a todo el público. Para aquellos que no quieran ir o no puedan les invito a visualizar la galería de fotografías, así podrán hacerse una idea sin moverse del sillón (aunque no le pidan mucha calidad artística a mis capturas). Visitar la feria es una oportunidad que recomiendo para aquellos fanáticos del arte contemporáneo, al fin y al cabo es la gran muestra de lo último de lo último en este mundillo (a nivel más bien europeo, eso sí) Además, nos permite poder disfrutar de las galerías de otros países en nuestra propia capital, lo cual, sin duda, es cómodo. En resumen, vayan, diviertanse, disfruten, critiquen, caminen, agotense, asómbrense y admiren, pero no se crean nada.

Disertación del pensar

¿No parece monstruoso? y es injusto, mucho, y peligroso, tanto como patético. ¡Oh! Pero no recuerdo haber hablado sobre esto… me he precipitado. De lo que quería hablar era del sistema. Si, simplemente del sistema, de uno cualquiera, imaginen ustedes el que prefieran, ese del que están ya hartos, ese que les incomoda a diario, que les parece injusto o que simplemente odian por principio o por manía. A ese sistema en el que todos están pensando ahora adjudiquen los adjetivos anteriores. ¿Cuadra no? ¡Es maravilloso lo fácil que todos nos podemos poner de acuerdo en esto! Lo difícil vendrá cuando cada uno de nosotros especifique a qué sistema se refiere.

Una vez traspasada la frontera de lo teórico todo se vuelve agresividad y opiniones encontradas; opiniones que, además, nos creeremos como verdad única e indiscutible. Así somos los humanos, unas máquinas egoístas, ególatras y egocéntricas, incapaces, en la mayor parte de las circunstancias y de los sujetos, de juzgar sin prejuicios. Alguien me dirá que se trata de algo imposible. Bueno, bien, pero siempre cabe dudar ¿o no? Pero dudar no gusta, no vende bien, no encaja dentro de nuestra seguridad.

Es difícil el papel del pensador, porque el pensador debe de dudar en el gran sentido de la palabra. Dudar con mayúsculas, es decir, someterlo todo a esa razón tiránica, lo que supone ser kantiano. Pero ser kantiano es imposible, moralmente hablando ¿Sería intelectualmente posible entonces? Pongamos que sí, o al menos pongamos que aspirar a serlo sea suficiente, ese ser que lo intente será un pensador con todas sus letras. ¿Y al pensador qué? Con su aire pasivo, su gesto fruncido, su mirada perdida, sus libros acumulados, su tiempo corriendo sin misericordia y sin preocupación… ¿A él qué papel hemos de darle? Hablo dentro del sistema, dentro de cualquier sistema. Parece que un puesto directivo sería imposible, puesto que este sujeto se caracteriza por la inacción. ¿Entonces un puesto consultivo? Pero todos sabemos que si es consultivo quien ejerza la acción hará, al final, lo que él en su peor disposición juzgue como mejor. ¿Entonces cuál es la solución? Vean, en este mundo no hay solución, aquí queremos resultados, acción y efectos de la acción. Efectos buenos, se entiende, monetarios o del tipo que sea, pero fundamentalmente serán monetarios, al fin y al cabo el chiringuito lo montamos así.

¿Entonces al pensador dónde lo ponemos dentro del sistema? La respuesta parece clara. No le vamos a eliminar porque está feo y siempre queda bien sacarle a pasear cuando la cosa convenga y vistamos el edificio con sus mejores galas. Démosle entonces un despachito por ahí, donde no moleste mucho, donde hable y escriba con el puño o la pluma en alto. Un lugar donde dé la sombra y no se le tenga en cuenta. ¿Qué resultado cabe esperar entonces? Bueno, la respuesta es fácil, echen ustedes un vistazo a ese sistema que han elegido como ejemplo. ¿Se ha conmocionado por la marginalidad del pensador? ¿no? Pues eso, todo va bien, parece que no ha pasado nada porque el pensador haya desaparecido. Por tanto vamos a empezar a formar menos pensadores, a darles menos facilidades para que surjan estos molestos individuos, en otras palabras, vamos a joder esas ramas de la educación que creen a estos entes. ¿Ya? Bien, podría ser una hipótesis, pero no nos hace falta porque en este país está pasando. Ahora bien: un futurible ¿Qué pasará en un mundo sin pensadores? ¿Algo cambiará? ¿Se notará su ausencia? ¿Terminarán por surgir de nuevo a pesar de la represión? Podríamos hipostar que quizá se destruya parte de la libertad, que quienes tiene el poder podrán hacer lo que quieren con (aún) más impunidad, que el mundo, país o región perderá lo más valioso que tiene, es decir, la creación ;y no hay mayor creador que un pensador. Podríamos decir que el sistema se iría a la mierda (hablando en plata), pero por mucho que dijéramos no nos harían caso, porque estamos pensando, porque estamos hablando, porque todo esto incomoda o simplemente se tiene por inútil, porque esto no da ningún resultado, no ganamos nada tangible o beneficioso (en ese sentido monstruoso del que ultimamente estamos tan codiciosos) Podriamos decir tantas cosas que no nos dejan… ¿Nos callaremos por tristeza, sumiendonos en la depresión de la razón? Es dificil de responder, pero la realidad es que la inteligencia, el conocimiento, el razonar fuera de los limites establecidos, el crear, pensar, elucubrar y razonar no interesa, no gusta y se está abandonando. ¿No parece monstruoso? y es injusto, mucho, y peligroso, tanto como patetico.

De vita beata

A mi familia siempre le ha gustado viajar y la mayoría de las veces lo hemos hecho por carretera. Como consecuencia se ha creado en mí una tendencia a disfrutar los largos viajes sumido en mis pensamientos, leyendo o, como ahora, escribiendo. ¿A qué viene esta pequeña curiosidad personal? Bueno a nada en concreto, es sólo por seguir el hilo de mis pensamientos.

Sentados detrás de mí hay una pareja de rumanos, cuarentones, sencillos y educados. Hablan bajo y lo hacen en su idioma, claro. No es de buen gusto escuchar conversaciones ajenas, pero francamente de su dialogo sólo he entendido “coca-cola” y para mí no es curiosidad morbosa sino aprecio hacia la música que su voz modula al hablar. Me gusta, es agradable y me ha traído a la memoria las vastas planicies del este de Europa. Esas que Stasiuk describe tan nítidamente y que tanto ama. Allí donde el tiempo parece que se ha detenido, donde poco importan tantas cosas, donde la gente camina más despacio, (omitamos las grandes urbes, claro) donde en kilómetros y kilómetros es difícil encontrar a alguien y donde aún hay muchas casas, muchos pueblos habitados por pocos individuos que no tienen pretensiones de salir de allí o de comprar el último televisor. Aquellos sitos donde parece que nuestro encumbrado “progreso” occidental no resulta apetecible.

Las generalizaciones son odiosas y el germen de la modernidad, del progreso, llega a todas partes y aquellas tierras también están infectadas, pero menos. No se puede negar que menos, de ahí su magia. Hace años Stasiuk me abrió el hambre de la otra Europa, la menos civilizada, la Europa dura y difícil que poco tiene que ver con París, Londres, Madrid o Berlín. Stasiuk se fascinaba en sus viajes y a mí me contagió. La pregunta que me surge es algo melancólica, lo admito y no lleva a nada, pero me la formulo. Mientras mi autobús rueda por los campos de castilla, por las soledades de Machado, me imagino en una vieja tartana donde, con un movimiento no muy veloz, chirrían todas las tuercas y se mueve como si fuera a deshacerse en cualquier momento.

¿De verdad necesitamos nuestro progreso? Quiero decir, uno se para a pensar y de qué nos sirve tanta moda, tendencias, arte, arquitectura, viajes, fotografía, filosofía, libros, educación, universidades, grandes cargos y grandes sueldos. ¿Sirve realmente para algo? ¿El cultivo de lo exquisito o sublime nos aporta algo? Bueno, evidentemente la respuesta es sí. Pero uno no puede evitar pensar en la sencillez del campo de Ucrania, en la tranquilidad que lo inunda y donde no procesan adoración a los nuevos dioses paganos (véase Tom Ford, Lady Gaga, Brad Pitt o Cristiano Ronaldo) Viven sin las grandes aspiraciones occidentales, un poco de espaldas a todo ese “progreso” que tanto nos venden y tan seguros estamos de él.

No pretendo hacer un encomio al estilo del “Beatus ille” horaciano ni nada así. “Feliz aquel que lejos del mundanal ruido…” bueno pues sí y no. No porque servidor escribe estas líneas con el nuevo numero invierno-primavera de la revista Nox bajo el portátil y con lo último de Michon en la bolsa junto a Marx, Leblanc y Bourdieu. Sí porque leyendo la Nox, que lo pongo por ejemplo como uno de esos libros que hoy nos predican el nuevo catecismo, los editores hacen una nota acerca de la sonda espacial Voyaguer. Dicho satélite lleva un mensaje destinado a posibles civilizaciones extraterrestres sobre nuestras coordenadas y situación. Sin embargo la editorial observa que dicho mensaje no dice nada acerca de lo extraordinarios que somos, de los nuevos dioses (tenemos al ya mencionado Tom Ford en portada) ni de ninguna de las otras maravillas terráqueas de lo más “in“.

Me ha dado por considerar ese hecho, ese creernos tan superiores, tan maravillosos por unas creaciones que, vistas desde fuera, posiblemente sean bastante vacías y carentes de un sentido. No creo que un campesino de Ucrania vea lo último del citado diseñador y decida comprárselo por su elegancia. En todo caso buscaría que le fuera útil, que tuviera un precio no excesivo y si le gusta, pues mejor. Pero ese gusto muy bien podrá estar definido por los criterios anteriores, no por una estética por lo estético. Al fin y al cabo lo bello por lo bello es una concepción que pocos pueden permitirse el lujo de considerar ya que es un lujo en sí.

La Nasa podría haber mandado esa misma sonda a los campos a la sombra de los Urales para ver si aquellas tierras deciden contactar con occidente más seriamente, a ver si se enraízan en nuestra cultura de culturas y comienzan a entrar en ese mundo consumista que está en crisis.

He ahí el fondo de este texto: la crisis. La ya manoseada crisis que afecta a todo el mundo (bueno más o menos ¿no?) La crisis del capitalismo, crisis del sistema consumista y que llevamos arrastrando y parcheando desde los setenta (globalmente hablando). Uno comienza a pensar en el postconsumismo como una salida evidente, pero este humilde servidor vuestro desde luego no le encuentra un lazo de unión. Nos aferraremos a este modelo porque nos da miedo perderlo. Marx se equivocó, tenía razón, pero se quedó muy corto y no tomó en cuenta demasiados factores. Al igual que Lenin luego actuaría y se daría cuenta de que algo, no sabía el qué, fallaba. ¿Qué es? Los cambios son paulatinos, las revoluciones sólo pueden ser armadas y para ello el pueblo debe estar muy muy oprimido, muy muy ahogado, muy muy desesperado. No es el caso. Se hará paulatinamente y tendremos que esperar. Mi generación posiblemente no lo vea, la próxima quizás, no lo sé, no tengo la respuesta, nadie la tiene. Porque los proyectos surgen y se deshacen por el peso del progreso. Así deberían denominar los historiadores nuestra era: la edad del progreso. Suena bien, pero tiene un significado triste porque nos estamos vanagloriando de algo que se tiene que caer, que goza de los placeres de los moribundos.

En el siglo XX la sociedad metió el turbo hacia el progreso y sí, dimos un acelerón muy considerable, también tuvimos dos guerras mundiales, no se olvide. Ahora nos hemos topado con que no podemos mantener la velocidad y entramos en crisis. La primera parte del siglo XXI será un siglo de deceso, al menos su inicio lo ha sido y seguirá una temporada mientras nos armamos de lo más nuevo, mientras creamos una nueva cultura más sofisticada, más acorde a lo sublime, mientras nos empecinamos por la creación de algo que necesita ser revisado. ¿Lo será? Quizá, posiblemente sí, con el tiempo, pero uno duda que los interminables campos de maíz rumano se muevan un pelo.