2º premio en el V certamen de relatos Wikihammer y La Voz de Horus

Hace unos días se falló el V Certamen de relatos inspirados en los universos de Warhammer fantasy y Warhammer 40.000, ambos propiedad intelectual de Games Workshop. Dicho certamen fue organizado por la comunidad española, representada gracias a ‘La biblioteca del viejo mundo’ (enciclopedia online del primer universo mencionado), ‘Wikihammer 40k (enciclopedia online del segundo universo mencionado) y ‘La voz de Horus’ (Web y programa de radio semanal sobre el hobby).

En esta ocasión 65 relatos concursaron por los cuatro puestos del podio y ‘Los designios de Cawl’, escrito por un servidor, se llevó el segundo premio, declarándose subcampeón de dicho certamen.

Cada juez debía conceder el oro, la plata o el bronce a uno de los textos entre todos los presentados. Estas son las valoraciones de los jueces respecto a ‘Los designios de Cawl’:

  • Hel Vaal, de Wikihammer 40k: Plata: Los Designios de Cawl, de Borja Rivero. Un poco en la línea de lo anterior (sobretodo por lo cuidada y agradable de la lectura ), la muestra de este tema tan poco hondado metiéndonos en la piel de un soldado skitarii me ha parecido fabulosa, acompañado de un ritmo y un juego impecable.
  • Xandre, de La Voz de Horus: Bronce: Los Designios de Cawl, de Borja Rivero. Su ritmo es excelente y te mete absolutamente en la narración.
  • Brottor, de La Voz de Horus y La Taberna de Brottor: Plata: Los Designios de Cawl, de Borja Rivero. Muy buen punto de vista de un miembro del Mechanicus, una visión en primera persona con un buen toque de locura, desde el comienzo hasta el final, que representa que al final todos los “mech” se rinden a la voluntad y personalidad de Cawl, y todo el proceso que le lleva a ese estado. Bien escrito, el relato de los momentos de acción no es gratuito y cuadra con la idea general. No lo pongo como ganador porque el relato anterior me dejó mejor sabor de boca en general.

Me siento satisfecho con el resultado y agradecido con la valoración de los jueces. Este certamen me ha permitido aunar mi pasión por la escritura con uno de mis hobbys. El relato ‘Los designios de Cawl’ nace de un puro deseo por disfrutar concibiendo una historia más entre las miles que conforman el universo de un juego con más de 30 años de historia. Para aquellos que no estén familiarizados con dicho imaginario, el texto puede encuadrarse en el género de la ciencia ficción, se trata de una mezcla entre la space ópera y la distopía retrofuturista.

Podéis descargar el texto gratuitamente en formato PDF aquí o en la imagen que acompaña estas líneas. Disfrutad la lectura.

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Entrada Nº 17: La brecha

«Once more unto the breach, dear friends, once more» – W. Shakespeare

Ha pasado otro ciclo y hemos sobrevivido. La batalla continúa. Miro por la ventana y un montón de cuadrados anaranjados revelan vidas en medio de la oscuridad. ¿Esperanza? Sí, pero creemos en conceptos puros cuando en realidad, en esa vana y mundana realidad, todo concepto está contagiado, mezclado, pervertido. Por las rendijas de aquella cajita infame se ha filtrado demasiado de lo humano. La esperanza anaranjada que yo espío es una mentira. No importa, necesitamos de la mentira, la mentira nos construye como sociedad, nos da un propósito, un sentido.

¡Una vez más en la brecha, amigos míos! Lean esta frase a voz en grito, hasta desgarrarse las cuerdas vocales. Lo merece, merece el esfuerzo, merece la sangre. Algunos libros necesitan leerse en voz alta, muy alta, hasta desquiciar a los vecinos.

La poesía debe ser leída en voz alta.

El teatro ha sido construido para dejarnos afónicos.

¡Una vez más en La Brecha! Un año más ha transcurrido, la batalla continúa, cada vez más cruenta. Todos lo percibimos, ese olor a pólvora y cobre en el aire, el mundo gira hacia el lugar equivocado, pero somos pequeñitos y sentimos vértigo ante la gravedad. Es más fácil ceder un poco más, un poco más, un poco más. No. Gritad. ¡¡Una vez más en La Brecha!!

La espada en la mano. Un minuto de silencio para recordar a Shakespeare, él tenía razón en todo, nos lo dijo en sus obras, una tras otra. Y aun así debemos resistir porque es lo correcto, porque lo más digno en nuestro predestinado fallo es fallar bien.

[Inserten ecos de Beckett aquí]

Parece mentira, este blog cumplirá nueve años en 2018. Llegará a los diez por la tozudez malsana de quien lo perpetra. La evolución existe y sin embargo… sin embargo… Todo tiene un principio y un final. Los puntos suspensivos anuncian cierta idea, cierta (de)cadencia.

Cuidaos de los textos demasiado conceptuales.

Feliz 2018. La batalla continúa, hemos vuelto a la brecha. Gritad.

 

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El libro está terminado

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Parte del material utilizado, manuscrito(s), notas, y correcciones varias.

No tengo una fecha exacta, debí haberlo escrito en algún lugar, pero no lo hice. Empecé la novela a mediados de 2014 y hoy he terminado de escribir y corregir. En realidad, no es mi primera novela, pero sí la primera terminada, “terminada” con todas las letras y el significado de esa palabra, es la primera que supera ese qué-sé-yo que te dice cuando algo está bien. Desde que empecé a escribir “en serio” fui muy exigente con aquello que producía. No es lo mismo un texto a vuelapluma, escrito en un rato, que una novela. Tampoco es lo mismo el entretenimiento que el arte, y al arte, perdonen la inmodestia, aspiro. Pero todo se hace más complicado cuando ese arte debe ser fácilmente comprensible y también debe ser entretenido. Para ponerse intelectualmente intensos está la no-ficción.

El libro está terminado, el libro está suspendido. Sí, suspendido. Cito a Pierre Michon. Siento fascinación por su literatura, por su visión del mundo, en particular por su visión de la creación, humilde como ninguno y al mismo tiempo lanzándose hacia lo absoluto, hacia la Gracia. En ‘Cuerpos del rey’, Michon habla de Flaubert, de la delicadeza de ese sentimiento que lo embarga tras escribir ‘Madame Bobary’, pero al mundo no le importa porque su obra es pequeña, es una joya diminuta que no cambia nada. Pero sí lo cambia todo mientras Flaubert respira aire fresco en su jardín.

Empecé a escribir esta novela con una idea, tras una iluminación lenta, una pequeña comprensión sobre el funcionamiento del mundo y sobre las relaciones entre las personas. Fue la sutil violencia que lo inunda todo como un perfume dulzón, la violencia que quise digerir para evitar su veneno. No, no es una novela autobiográfica, pero ya se sabe, todos escribimos de nosotros mismos porque es lo único de lo que podemos escribir.

Y ya está. Este momento es importante para mí, pero no hay más misterio, al mundo no le importa la prosa. Ahora toca llamar a las puertas cual vendedor ambulante, quizá haya quien quiera publicarla, quizá no. Por muchas historias que circulen, el mundo de la literatura, de los escritores noveles sin apellidos importantes ni contactos, no es glamuroso ni mucho menos rápido.

No importa. ¿Por qué habría de importar? La ambición más sustancial está cumplida. El resto es trabajo de cantera, quizá más cansado, pero también más liviano. Estoy satisfecho. El libro está terminado.

«Ce que chantent les oiseaux c’est que pour l’instant le livre est fini, le livre est suspendu. Le recours en grâce est accepté, non, on ne peut tout de même pas ôter le masque, il tient trop bien, mais on peut oublier qu’il existe et sentir le vent de l’aube entrer par les joints. On n’est pas de bois, on jouit des arbres. Le monde au-delà de la Seine est fait de chaumes d’or, de javelles éclatantes, de hêtraies lointaines où le cœur bat . Dans les laiteries des fermes des petites filles trempent leur doigt dans du lait, l’écrèment ; sous le regard d’un homme une fille rit d’être comblée tout à l’heure, des monstres humains oublient qu’ils sont des monstres. Le monde se passe de prose. » – Pierre Michon

«Lo que cantan los pájaros es que por ahora el libro está terminado, el libro está suspendido. El recurso de perdón es aceptado, no, no podemos quitarnos la máscara, nos queda demasiado bien, pero podemos olvidar que existe y sentir el viento del alba entrar por las juntas. No somos de madera, disfrutamos de los árboles. El mundo más allá del Sena está hecho de espigas de oro, de gavillas resplandecientes, de hayedos lejanos donde bate el corazón. En las lecherías de las granjas, las niñitas sumergen su dedo en la leche, la desnatan; bajo la mirada de un hombre una niña ríe por ser satisfecha dentro de un momento, los monstruos humanos olvidan que ellos son los monstruos. Al mundo no le importa la prosa.» – Pierre Michon. Trad. del autor (perdonen las eventuales imperfecciones)

Entrada Nº 16: la tiranía de lo inmediato

En junio de 2016 publiqué la Entrada Nº15 del cuaderno del autor, ‘Los Idus de Luz de Mercurio’, donde me planteaba unos seis meses de trabajo para reflotar este blog, por entonces algo abandonado debido a los estudios de máster. Ha pasado un año y no he alcanzado los objetivos que me planteé. Desde entonces sólo he publicado en seis ocasiones. Así son las cosas, no hay excusas ni es algo grave, sencillamente a veces resulta difícil. No se puede combatir lo necesario o lo obligatorio si uno desea vivir en sociedad, se debe cumplir para poder disfrutar del tiempo libre. ¿Pero es libre?

Estamos siempre conectados, siempre retransmitiendo nuestra realidad personal vía redes sociales y mensajería hasta olvidar qué es la soledad, mejor dicho, quiénes somos en soledad. El bombardeo de información, el consumo insustancial de dicha información, y la constante compañía superficial otorgan una placidez engañosa, un narcótico. El entretenimiento y el acceso constante a “todo” han tiranizado nuestras dinámicas, la exposición eterna ha elevado las imposturas al grado de guía y regla por el que se mide nuestra vida.

¿Cómo no perderse?

El camino correcto lo encontramos cada vez de manera más habitual en el silencio de apagar el ordenador y respirar tranquilamente, en no hacer nada. Pero la desazón que provoca esta desconexión es tal que no tardamos demasiado en volver a encender el aparato de turno.

Yo, como todos, soy hijo de mi época y padezco este sometimiento (in)voluntario. Pero como artista necesito huir, retomar la soledad y el silencio, sacrificar ese tiempo libre para crear. No es fácil, tampoco antes lo fue, y para los otros cuantificar ese sacrificio es algo incomprensible en su mayor parte; sin embargo, ahora, hoy, el artista debe enfrentarse además a la desconexión, no sólo renuncia a una tarde entre amigos, a ver una película, acostarse con un nuevo amante o pasar tiempo con su pareja. El artista ya no sacrifica lo externo a sí mismo, también debe alejar las dinámicas que conforman su día a día, es decir, debe renunciar a una parte que le conforma y que ya le hace ser como es.

Con esta larga disertación, quizá algo oscura, he intentado explicar el pequeño fracaso de reflotar esta bitácora en seis meses. Pero no abandono, aún sigo aquí y espero continuar publicando poco a poco hasta tomar un buen ritmo, quizá en algunos meses. Quizá.

No se vayan, aún no hemos terminado.

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Tuman Capote, por Steve Schapiro

Las flores no lloran

Hemos acabado con el verano, lo hemos destrozado entre jarrones de porcelana blanca y marcos de madera. Arrancamos todas sus piezas, la corteza satinada, su eje, sus patas. La tormenta lo ha desgarrado. Queda un despojo húmedo, quedan las ausencias, las iniciales de nombres no pronunciados en voz alta durante los meses de calor.

El plural mayestático sirve para camuflar el deseo. En realidad, tiemblo por las horas que no han llegado ni llegarán nunca contigo. Los amores de otoño están perfumados con hojas muertas, están destinados a la melancolía, perduran tras los años junto a esqueletos de ratón y cáscaras de mariposa. Sigo hundido hasta las rodillas en los restos del naufragio, mientras crepitan las horas de esta noche extraña. Las flores no lloran y los pájaros ya no vuelan despacio.

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Fotografía de Miriam L. Valiente

Entrada Nº15: Los Idus de Luz de Mercurio

Lo sé. No estoy.

Lo siento.

Mi cabeza se la lleva el día a día, el torrente cotidiano, se la lleva la necesidad, se inunda con las obligaciones y se obsesiona con la tinta y los monstruos de siempre, mis oráculos. Aspiro a los espejismos sobre la arena… buscando el dolor. No. El eco de un sentimiento áspero, incómodo. Eso sí. De la sangre también brotan flores, estoy abrevando mis plantas para aromar los pies de esta tumba.

Colaboro en tres proyectos literarios. Escribo la novela. Estudio un master. Trabajo. Hago malabarismos con mi vida social. Leo. Cumplo los deberes que me asignan los monstruos para apaciguarlos, para que bajen el volumen con el Numen. Intento hacer algo con las redes sociales y el blog… sin éxito. Todos tenemos un límite, hasta los caminantes en el desierto.

Estoy satisfecho. No, no lo estoy, quisiera llegar a más pero no soy dueño del tiempo. Es suficiente y me conformo con esa sensación de hacer lo posible. No, no me conformo, me hiede la boca por no gritar las palabras y mis demonios se revuelven inquietos. Pero uno debe aceptar cuánto puede sobrepasar sus limitaciones, hasta dónde tensar el hilo brillante de lo posible. Un poco más y se rompe.

Luz de Mercurio no cierra ni se va, pero está en obras. La actividad seguirá siendo tan descuidada como en los últimos meses. Esta entrada es un anuncio de peligro: atentos a los agujeros en el suelo y la pintura fresca, no os vayáis a ensuciar la camisa; cuidado con las cajas, estamos ordenando, trayendo nuevos proyectos. Vendrán sorpresas. Quizá pronto. Pero quiero ser prudente para que el trabajo valga la pena. Seis meses, medio año, es un lapso digno. Mucho trabajo (que no podréis ver inmediatamente) para asegurar un futuro a este viejo blog que pronto cumplirá 7 años, un futuro corto, pero futuro. ¿Durará? Algunas cosas caen por su propio peso, otras se quedan enganchadas al árbol y en su rama maduran y en ella se pudren.

Es hora de sentarse a meditar, limpiar el polvo y cambiar los muebles. Podéis hurgar entre los trastos viejos del timeline para entreteneros. Siempre es bonito rescatar los juguetes de esa niñez azul.

Última confesión: me gusta mucho el número 15, me recuerda a los idus del pobre Cesar, la mitad de algo y a la vez cierto punto de no retorno, de decisión. Bien, ya hemos escuchado al oráculo y nos sabemos la lección. Mejor hagamos algo antes de enfrentar la siguiente escena del drama.

Damas, caballeros, estas aguas templadas que bañan nuestros muslos llevan el nombre de Rubicón. No se entretengan con su brillo mercuriano, es hora de cruzar. Si pasamos a la otra orilla con la espada en la mano será la guerra, yo lo acepto, empuño el alma de Coriolano. Quien quiera, que me siga.

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Portada de la película Coriolanus, dirigida por Ralph Fiennes (2012)

El testamento de Maria

  • 0505_el_testamento_de_maria_portada_medAutor: Colm Tóibín
  • Editorial: Lumen
  • Traducción: Enrique Juncoso

Hacer hablar a los muertos nunca es fácil y hacer hablar a los personajes históricos es incluso muy audaz, pero dotar de lengua y palabra a los personajes que componen los mitos aún imperantes en la sociedad y tiempo actual resulta una temeridad, algo casi impensable para muchos. Colm Tóibín (Enniscarthy, 1955) se ha atrevido a hacerlo con María, la madre de Jesús de Nazareth, personaje fundamental para la comprensión de nuestro pasado y nuestro presente.

El libro nos sitúa poco tiempo después de la muerte de Jesús, desarrollando un Stabat Mater de un colorido y profundidad sorprendentes. María narra sus últimos días alejada de todo, ya sumida en la fatiga de la vejez, en la soledad y el dolor. Su relato es el de una madre incapaz de comprender el destino de su hijo, escéptica sobre las historias que otros relatan sobre él. En estos últimos días de su vida sólo le quedan los recuerdos de lo acontecido, estos son los pensamientos de una madre y una mujer, no los de una santa.

La sensibilidad que el autor islandés demuestra es una constante durante todo el libro, traza así la historia sin dejarse llevar por misticismo ni tampoco por la posible crítica contra la religión fundada en torno a la figura de Jesús. El interés que el texto bíblico despierta contrasta con la que Tóibín escribe y María expresa, no por ser divergentes sino por el tono más simple y humano revelados aquí, lejos de perfiles morbosos más dignos de literatura tipo best-seller sobre antiguos secretos. Es seguro que un creyente y un no creyente puede disfrutar del testamento de María bajo ópticas distintas. La delicada operación ejercida por el escritor tiene éxito, y eso es algo nada evidente en una narración de este tipo.

La narración se construye con sinceridad, de manera abierta, haciendo que los acontecimientos relatados sean cercanos para el lector, fáciles de comprender. Tóibín huye de adornos lingüísticos exagerados, pero esto no impide que consiga imágenes poderosas, todo lo contrario, aprovechándose de esa sencillez y cercanía provocadas gracias a la intimidad de la confesión de María, logra fundar una poética sobre el sufrimiento.

El testamento de María es un libro delicado, corto y de fácil lectura, sin duda una joya capaz de atrapar al lector en la historia, pues si bien los hechos resultan conocidos, Tóibín consigue colocarlos en una perspectiva nueva y atrayente. No decepciona este testimonio contemporáneo, al contrario, cuenta con todos los elementos para sobrevivir al tiempo y convertirse en uno de esos libros que continuarán leyéndose por muchas décadas.

«Apenas salgo de casa. Me muestro alerta y cautelosa; ahora que los días son más cortos y las noches frías, cuando miro por las ventanas observo algo que me sorprende y me atrae. Hay una plenitud en la luz. Es como si, al volverse escasa, sabiendo que tiene menos tiempo para derramar su oro sobre donde estamos, desprendiera algo más intenso, algo repleto de una claridad trémula. Y cuando empieza a menguar parece dejar sombras rastrilladas por todas partes. Y durante esa hora, la hora de luz ambigua, me siento segura para salir y respirar el aire denso, en ese momento en que los colores se van desvaneciendo y el cielo parece absorberlos, llamarlos para vayan a casa, hasta que poco a poco nada destaca en el paisaje. Me gusta y me hace sentir casi invisible mientas camino hacia el Templo para pasar unos minutos de pie junto a una columna contemplando cómo las sombras se espesan y todas las cosas se preparan para la noche»